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La Muralla china de la Sabana

Agosto 29 / 2018

Falta poco para que Bogotá tenga un nuevo POT, y a riesgo de tener que salir a rectificar, asumo que vendrá tan autista y tan retórico en «lo regional» como su antecesor. Por región querrá decir que el Distrito Capital debería ser territorialmente más grande, pero que lamentablemente no se puede porque la Constitución y los alcaldes de los municipios aledaños lo impiden. A pesar de que el Plan es secreto, sabemos que tendrá proyectos disfrazados de plan como Ciudad Río y Ciudad Paz. También sabemos que las dos subciudades son nombres estratégicos al servicio de invadir la ronda del río Bogotá y la zona van der Hammen, con proyectos socio-ecológico-sostenibles para una supuesta «región», más parecida a la Sabana a medias de Wikipedia que a la Sabana que definiría cualquier estudiante de primer semestre de Geografía.

Para los autores de la entrada de Wikipedia, la Sabana de Bogotá no es una sabana como las de África, sino una planicie limitada por diferentes cerros y atravesada por un río “del cual la Sabana toma su nombre”. Dice la definición que esta área es “la altiplanicie más extensa de los Andes colombianos [la cual] no es en realidad una sabana [porque] las sabanas tienen como característica principal las temperaturas muy elevadas y pocas precipitaciones. [No obstante] en la Sabana hay frecuentes lluvias y las temperaturas son generalmente menores de 20º C.” Además, la definición excluye los cerros porque la Sabana “está bordeada por una cadena montañosa que forma parte de la Cordillera Oriental cuyos puntos más sobresalientes son el Cerro el Majuy al oeste, los cerros de Guadalupe y Monserrate al este, y el Páramo de Sumapaz al sureste.” La exclusión hace que la concepción coincida más con la wikidefinición para un valle, que es una “llanura entre montañas que conforma una cuenca hidrográfica en cuyo fondo se aloja un curso fluvial”. En consecuencia, la wikisabana sería un altiplano atravesado por un río, del cual las montañas están excluidas.

Si nos atenemos a la realidad geográfica y demográfica, una definición completa debería incluir: i) las cerca de 10 millones de personas que hoy habitan el territorio, ii) la planicie que le da el nombre de “sabana” y los cerros que la limitan, iii) el río Bogotá y los tributarios o afluentes que lo alimentan, iv) los páramos como ecosistemas esenciales para el ciclo de producción de agua, v) las lagunas naturales y las ciénagas o humedales que regulan el caudal del río, y vi) las lagunas artificiales que regulan la producción de agua y energía. Con tales características, la denominación geográfica adecuada tendría que ser Valle del río Bogotá, o por lo menos Sabana del río Bogotá. Un territorio que ni es “de” Bogotá, ni es algo allende de la ciudad que se encoge en la medida que Bogotá crece; y tampoco es un sinónimo de Gran-Bogotá o de Bogotá Metropolitana, que son intentos por bogotanizar la Sabana y no por regionalizar Bogotá.

A los intentos de bogotanización se debe añadir la reciente propuesta Bogotá + 11 de ProBogotá, una fundación patrocinada por “interesados en trabajar por el desarrollo de la capital colombiana y su zona de influencia”, que propone la integración del D.C con 11 municipios para formar una «región» económica y política. No geográfica. La propuesta es cautelosa en aclarar que no se trata de una anexión que emularía la creación del Distrito Especial en 1954, sino de una integración político-económica a través de una reforma constitucional. El beneficio colateral estaría en la compra silenciosa para la capital -y para los constructores de Bogotá- de unas cuantas décadas más de crecimiento, bajo la figura de un gobierno regional.

La integración con los municipios vecinos se podría lograr mediante la ley 1454 de 2011:
Dos o más municipios geográficamente contiguos de un mismo departamento podrán constituirse mediante ordenanza en una provincia administrativa y de planificación por solicitud de los alcaldes municipales, los gobernadores o del diez por ciento (10%) de los ciudadanos que componen el censo electoral de los respectivos municipios, con el propósito de organizar conjuntamente la prestación de servicios públicos, la ejecución de obras de ámbito regional y la ejecución de proyectos de desarrollo integral, así como la gestión ambiental.

Para que la ley funcione bastaría que 12 alcaldes se pongan de acuerdo, para lo cual puede que falten cincuenta o cien años de evolución política y cultural. Es precisamente porque ProBogotá conoce de cerca el comportamiento histórico de los diversos agentes territoriales que apunta directamente al Congreso, en busca de una reforma constitucional que permitiría la materialización de una Gran Bogotá más grande y poderosa, al lado de una Sabana desafortunadamente más pequeña pero más pura y rural; un ideal paisajístico y de «gobernanza» que en los foros regionales comparte escenario con otros temas de rigor como la resiliencia, lo sostenible, lo ambiental, lo verde y lo ecológico; todos propuestos como remedios para resolver un supuesto problema consensuado: el crecimiento desordenado de Bogotá sobre la «región». No obstante, si la región es geográfica, Región y Metrópolis constituyen polos opuestos en una discusión sobre el futuro y sobre la urbanización de un espacio habitado que antes de terminar el siglo probablemente llegará a 20 millones de personas. Desde una perspectiva regionalista, el problema se tendría que reformular como el crecimiento desordenado de la Sabana del río Bogotá, reconociendo que Bogotá es “de” la Sabana y no al revés, y que el término región-metropolitana es un oxímoron, por cuanto región y metrópolis son conceptos opuestos: una Región-Sabana sería un ecosistema del cual Bogotá es una parte; una Bogotá-Metropolitana sería un aparato de colonización del vecindario.

El opuesto inexistente a ProBogotá sería una eventual ProSabana. Su objetivo sería regionalizar Bogotá y su jefatura estaría en cabeza de una Junta de Planeación Regional, independiente del poder político de turno. Como modelos para esta Junta se pueden considerar dos: la Junta del Banco de la República que controla algunos aspectos de la política económica nacional, de manera autónoma; y el Comité del Plan Regional de Nueva York, que en 2017, después de seis años de trabajo y con la participación de más de cien personas, también de manera autónoma, produjo el cuarto Regional Plan of New York en ochenta años, con el fin de ordenar la urbanización de un área que involucra cerca de treinta condados (counties), cada uno de los cuales elabora su propio plan local, en sintonía con el plan regional. Los miembros del comité neoyorkino pertenecen a la sociedad civil, no a la clase política, y están asociados Ad hoc. La Regional Plan Association produce un plan, y los diferentes alcaldes de Nueva York y los demás condados lo utilizan para gobernar. Esto responde a una institucionalidad en la que la tarea de los gobernantes no es planear ni diseñar ciudades sino administrarlas.

La urbanización es un fenómeno constructivo, social, económico y ambiental, cuyo fin es el medio ambiente habitable. Como fenómeno de orden regional, es diferente al urbanismo y al ambientalismo, y sobre todo a la oposición entre urbanismo y ambientalismo. Implica la planeación articulada del medio ambiente habitable, entendido como el conjunto del medio ambiente construido y el medio ambiente natural. Articular lo construido y lo natural, a escala geográfico-regional, sería la misión del regionalismo como modo de urbanización, al menos si aspiramos a que la visión del medio ambiente habitable, a gran escala y a largo plazo, dependa de los tiempos y de la gente capacitada para ello.

Un POT-sabanero produciría un Plan Regional para la Sabana del río Bogotá. Funcionaría como una Constitución territorial, emitida por una Junta o Comité análogo a los mencionados, y no de los alcaldes distrital y municipales. Su misión sería la planeación del medio ambiente habitable de la Sabana y no el urbanismo local de cada municipio. Definiría los usos del suelo a gran escala para la agricultura, la minería, la ganadería, la producción de energía, el manejo del agua y la basura e incluso la conservación patrimonial de ciertos paisajes. Además, se encargaría de la definición de las áreas urbanizables y no-urbanizables. O mejor, para no promover la confusión entre urbanismo y urbanización: las áreas construibles y no-construibles.

Una vez definidos los usos, uno de los cuales es el de las áreas construibles, cada municipio podría urbanizar “como quiera” pero no “donde quiera”. Esto significa que el “cómo” sería una decisión de urbanismo municipal, UM, en tanto el “dónde” sería una decisión de ordenamiento territorial, OT. Cuestiones como la densidad de construcción, los aislamientos, el ancho de las vías, la mezcla de usos, los conjuntos enrejados, la infradotación, los centros comerciales y las relaciones con Camacol, serían decisiones autónomas de orden local, ligadas al vaivén de los cuatro años de gobierno. Significa también que con excepción de las áreas de reserva ambiental que ya están aceptadas como regionales y exentas de la autonomía municipal bajo la Estructura ecológica principal, es de suponer que cualquier idea que se oponga a la autonomía será objeto de feroz oposición por parte de políticos y propietarios del suelo, en especial cuando se trate de separar las áreas construibles y no-construibles; separación que sería la Muralla china para el regionalismo geográfico. Sin embargo, derribada la Muralla y definido que el objetivo de un POT-sabanero es la urbanización del medio ambiente habitable (medio ambiente construido + medio ambiente natural), los alcaldes se podrían dedicar a gobernar durante los cuatro años que les corresponde, a través del Plan de desarrollo económico y social y de un subsidiario de éste y favorito de muchos gobernantes tipo Rojas Pinilla: el Plan de obras públicas.

La idea de un OT regional-geográfico tiene un antecedente inmediato en la Comisión de ordenamiento territorial para la Constitución del 91. En ese momento, Orlando Fals Borda fracasó en su intento de reordenar Colombia a partir de “regiones culturales y geográficas”. Si bien el argumento perdió, ello no le quita vigencia: “no habrá ningún gran propietario o político profesional que acepte de buena gana algún ajuste de límites que lleve a la disminución de su poder personal territorial”. En el 91 como ahora, esto era tan lógico como impráctico. No obstante, las consecuencias de celebrar lo público –en campaña– pero defender lo privado –en la práctica– quedan ilustradas dramáticamente en el análisis de las consecuencias de la explosión de reactor nuclear de Chernobyl de Ulrich Beck: los beneficios por lo general son privados y locales, y entran a las finanzas privadas; los riesgos y los daños por lo general son democráticos y sus costos salen de las finanzas públicas.

* Imagen de Wikimedia Commons.

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Sin ESPACIO para el METRO

Junio 22 – 2016

La falta de un sistema de metro para Bogotá tiene un antecedente inmediato en el artículo 177 del POT 2000. En este debut de la figura Ordenamiento Territorial, aprobado entre 1997-2000 durante la primera alcaldía de Enrique Peñalosa, también se incluyó una Primera Línea del Metro que se desarrollaría «en dos etapas, durante un periodo de 9 años, contados a partir de la aprobación del presente Plan. Primera etapa: 15,3 km. por las avenidas Ciudad de Villavicencio y Ciudad de Cali, hasta la Calle 28-31. Segunda etapa: por Avenida Alberto Lleras Camargo y la carrera 7, hasta la Avenida Chile, calle 72.»

En su momento, el POT 2000 se aprobó incompleto y a lo largo de su vigencia ni se terminó ni dejó de modificarse. Durante las alcaldías posteriores sólo hubo lo usual: golpes de pecho, declaraciones de intención, dibujos futuristas y comunicados de prensa. Y hoy no hay metro plan de metro, ni POT; sólo la idea de que un POT es un requisito legal que se cumple pero no se acata.

En el 2000 no parecía necesario privilegiar o descartar el metro, dado que el proyecto de primera línea se suspendió por la coyuntura tragi-económica del costo prohibitivo de los tramos subterráneos, sumado al terremoto del 25 de enero de 1999 en el Eje Cafetero, que absorbió los recursos nacionales del momento. Se sumaba a la tragedia que el tema del transporte masivo era una prioridad bogotana, y como Bogotá ya tenía su versión fallida de buses de carril exclusivo por la Troncal-Caracas, corregirla se volvió una alternativa, tan atractiva como urgente. Además, todavía se pensaba que un metro debe ser subterráneo, por defecto, y que sólo por desgracia se saca a la luz del sol. Tampoco había claridad respecto a la relación entre metro y espacio público y menos sobre la importancia de un sistema de metro integrado con uno de trenes regionales; y menos sobre la importancia del sistema de metro como proyecto estructurante dentro de un Plan urbanístico. Pero esto fue hace más de quince años. Los problemas fueran los mismos y reproducir hoy la misma falta de claridad es un sinsentido.

Sin referencia a este POT inaugural y sin relación alguna con uno nuevo, el alcalde ya presentó su plan de gobierno para «recuperar» Bogotá y el camino para “llenar la ciudad de TransMilenios” ya está despejado por el Concejo. Pensará el alcalde que después de tanto esfuerzo para volver al poder, no es para menos. Al fin y al cabo, la retoma fue muy difícil y exigió un par de maniobras que demuestran dos virtudes, o dos vergüenzas, según quien lo vea: i) Deambular durante varios años de un toldo político a otro, en busca del padrinazgo adecuado para volver a la alcaldía. ii) Aprender a disimular sus antipatías por el metro, la reserva Thomas van der Hammen y la planeación urbanística, convenciendo a los electores de que Gustavo Petro era su único fastidio. Para verificar el desprecio público por su antecesor no necesita demostraciones. Para ponerse al día con lo demás, bastan unos minutos de video. Sigue leyendo

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Vigilantes del espacio público

Enero 28 – 2016

Vigilantes

La planeación urbana como institición, en Colombia, permite a los alcaldes planear y construir la ciudad, contraviniendo el principio democrático del balance de pesos y contrapesos que busca separar legisladores, ejecutores y jueces. La misma institucionalidad de la planeación que contribuye a que planear y ejecutar se conjuguen en una sola persona, contribuye también a complicar la separación de competencias entre políticos y técnicos. Es un hecho que, en últimas, las decisiones las toman los gobernantes, pero esto se da dentro de un rango de cuatro posibilidades para la acción: a) hay gobernantes que sólo toman decisiones técnicas, sin importar el origen de las ideas; b) hay técnicos que al volverse gobernantes toman decisiones que con frecuencia sacrifican la técnica; c) hay gobernantes que toman decisiones políticas sin fundamento técnico; y por último, lo que estamos reviviendo en Bogotá, d) hay gobernantes que se asesoran de especialistas para llevar a cabo sus ideas, pero si algún especialista no está de acuerdo con el sueño del gobernante, se va del equipo.

Respecto al juego en equipo –y contra la amnesia– recordemos que durante la primera alcaldía de Enrique Peñalosa se hizo el primer POT para Bogotá y que éste quedó a medias, en parte por una objeción del mismo alcalde respecto a la reserva Thomas van der Hammen. Como gobernante aceptó que hubiera una junta provisional para decidir sobre urbanizar o conservar la reserva, y aceptó que incorporaría al POT la decisión que un Panel de expertos le diera al estudio. Pero al día siguiente del sí por parte del Panel, demandó la decisión. Aunque esto equivaldría en fútbol a coger el balón con la mano, en planeación las reglas son otras. Así como en el código de Hammurabi «si un hombre superior le rompe el hueso a otro hombre, que le rompan el hueso», las reglas eran otras. En la lógica del análisis del lenguaje, se trata de diferentes «juegos de lenguaje».

Si las reglas del juego urbanístico fueran otras, sería de esperar que el último acto de gobierno de un alcalde saliente fuera dejar la casa en orden, y que el primer compromiso del nuevo gobernante fuera pasar el plumero por última vez, poner las fotos de la familia en el escritorio y empezar a trabajar. Sin embargo, con la reciente llegada de Peñalosa a la alcaldía de Bogotá revivimos una versión del eterno retorno en la cual la última acción del alcalde saliente consiste en dejar contratado lo que pueda, y la primera acción del alcalde entrante consiste en deshacer lo que pueda. Si las reglas se pudieran cambiar –que siempre se puede– las grandes decisiones de planeación pasarían por un proceso más democrático que el actual. En un artículo anterior sugerí que el legado de Peñalosa podría ser una “institución” que corrigiera este problema de unos sueños en conflicto que acabamos padeciendo todos, unos más que otros. Ahora, continúo con la idea: la institución sería una Junta de Planeación para la sabana de Bogotá, con un diseño institucional similar al de la Junta del Banco de la República.

La Junta del Banco es reconocida por varias cualidades: continuidad operativa, independencia política, competencia técnica e injerencia en el futuro de la economía nacional. Además, hay casi un consenso nacional –e internacional– respecto a que tales características –continuidad, independencia, competencia e injerencia– son una virtud que la protege contra la presión coyuntural de políticos y empresarios. En consecuencia, una Junta de planeación para la sabana podría tener unas características generales análogas a las de la Junta del banco: continuidad operativa, independencia política, competencia técnica e injerencia en el futuro del espacio habitable de la sabana de Bogotá.

Las ideas de la Junta provendrían tanto de sus miembros como de lo que propusieran agremiaciones, universidades, público en general y políticos, especialmente los diferentes candidatos en campaña a la alcaldía. Su función, en términos generales, coordinar, controlar y tomar las decisiones rectoras de planeación en cinco frentes espaciales:
– Conservación y mejoramiento del espacio público existente.
– Generación del nuevo espacio público.
– Dotación de equipamientos urbanos y su relación con el espacio público.
– Delimitación y conservación del espacio no urbanizable.
– Manejo coordinado del agua, la biodiversidad, la minería, la basura y la construcción.

Dentro de una lógica interdisciplinar y en debate con una lógica disciplinar, sería preferible que la Junta estuviera conformada por un conjunto diverso de especialistas en temas relacionados con la construcción del espacio habitable, cada uno con un voto. Representantes de disciplinas ajenas al diseño y la construcción como biología, sociología, derecho, economía y antropología, junto a representantes de las disciplinas del diseño y la construcción como ingeniería, urbanismo, conservación patrimonial y arquitectura; junto a los principales políticos encargados de la ejecución de planes como el gobernador de Cundinamarca, los alcaldes entrante y saliente de Bogotá; y un ministro como el de vivienda. Y junto al director de la CAR, como la única institución actual con sentido y visión de futuro no-provinciano.

La apuesta por una composición tan heterogénea sería arriesgada y podría terminar en un Frankenstein. Menos arriesgada, sin embargo, que la apuesta cuatrienal de seguir otorgando a un soñador, por voto popular, el título de doctor honoris causa en urbanismo. Así, el último graduado podría estar llevando a cabo algunas de sus ideas de un modo más consecuente con una democracia del siglo XXI que con el código de Hammurabi.

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Muchas más pirámides y algo de misterio

Antes de entrar en el tema específico, sugiero a los colegas, o a quien lea esta nota, que no sienta que estoy pontificando. Es más, la inquietud de Willy Drews ha sido oportuna para que me volviera a poner al día con las noticias. Pero conviene también que nos pongamos de acuerdo acerca de qué entendemos por una pirámide, porque hay confusiones de geometría que han llevado a definiciones de este tipo: este cono es una pirámide. Este cerro es una pirámide. ¿A qué le decimos pirámide? A la de Cuicuilco que es un cono truncado, a una escalonada y por fin a una escalonada circular o peor aún, a una escalonada y lobulada.

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Choya 68. Dibujo del autor.

Lleguemos a un arreglo: digamos que en la arqueología de América, todo cuerpo de base mayor que su cúspide es “una pirámide”. Las habrá de base cuadrada o rectangular, circular, poligonal o de cualquier otra figura. Su desarrollo podrá ser lineal (como las egipcias) o fragmentado como la Teotihuacana del Sol o de la Luna en México y muchas otras. Las hay en Perú, Argentina, Paraguay, Brasil y también en Colombia, porque sí las hay en Colombia y a ustedes transfiero la tarea que investiguen y me informen.

De aquí en más, entraremos en lo que yo sé, porque estudié el área de Argentina. Y para el resto América, me baso en información de segunda y tercera mano. Pero de buenas manos. Confiables.

En el noroeste de Argentina se concentra la mayor parte de las expresiones artísticas, aunque no son tantas las que han sobrevivido. De las obras construidas, las de ingeniería fueron destruidas por los conquistadores con la premisa de que sin agua no hay cultivos y por lo tanto no hay vida. Destruyeron los diques, reservorios de agua y andenes de cultivo en la medida que pudieron. No pudieron con todos. Algunos monumentos quedaron, varios centros ceremoniales, que con frecuencia se ubicaban en la cima de «un montículo” o una plataforma, ahora disimulados por la vegetación, por la erosión o el agregado de tierra debido a los vientos y las lluvias.

Uno de los primeros ubicados por Rex González es el de Shincal, adjuntamos fotografía y dibujo del conjunto. De la pirámide propiamente dichas se ve excavada la escalinata que lleva a la plataforma ceremonial.

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Shincal. Imagen tomada de TripAdvisor.

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Dibujo del sitio de Shincal. Tomado de Raffino, R. (1991).

El mismo estudioso realizó los primeros sondeos en un sitio del Ambato, llamado por los lugareños “El altar de los Indios” que resultó ser el conjunto que se ve en la siguiente figura, en la que muestra claramente la plataforma ceremonial que al fin es otra pirámide trunca. Es notable la persistencia de la tradición oral ya que el título que le daban los lugareños corresponde exactamente a lo que estuvo oculto durante más de mil años.

Pero si vamos más atrás, en los pueblos de la ladera sur del Aconquija, en los primeros años de la era cristiana, en una serie de poblados, se encuentran plataformas ceremoniales donde se encontraron figuras de piedra. La intención de sitio ceremonial es indudable debido al tipo de figuras allí presentes.

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Estrella de piedra de colores. Tomado de De La Fuente (1973).

Tenemos por fin una cantidad indefinida de pirámides escalonadas y lobuladas, como una flor, que van rotando en cada nivel-escalón. Se ha podido excavar una (Choya 68), trabajo realizado por Rex González, José Togo y Martha Baldini. Según me relató el Dr. Rex Gonzalez hay muchas más en esa zona.

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Montículo de Choya 68. Imagen tomada de A. Rex Gonzalez (1999).

Termino esta pequeña reseña diciendo que, contrariamente a lo que se creía hasta hace pocos años, las pirámides americanas son también sepulcros. Se han encontrado entierros por lo menos en las de México, Guatemala, Honduras, Perú y Argentina. Pero de las pirámides de Paraguay, Bolivia, Ecuador y Colombia no tengo aún datos precisos, de modo que, a quienes lean esta nota preliminar, les queda la tarea de investigar con los Centros de Estudio que correspondan y averiguar cómo son estas pirámides y si han encontrado entierros en ellas.

Como dato complementario, la que hasta hace 20 años era la única pirámide con entierro, la «del Principe de Palenque» en la ciudad homónima, tiene ahora una compañera, la Reina Roja. Es decir una segunda tumba, de una “princesa” totalmente pintada con cinabrio… Les recomiendo Internet para enterarse y verla, es una belleza. La tumba, por la princesa no doy fe.

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Transmilenio ciclista peatón

Movilidad y compatibilidad

Peatón 1: ¿Usted cómo hizo para cruzar la calle?

Peatón 2: Yo nací de este lado

Según la Organización Mundial de la Salud, en el mundo mueren anualmente en accidentes de tránsito 1.3 millones de personas. Una de las principales causas de muerte, y uno de los problemas más difícil de resolver en la movilidad urbana, es el de la incompatibilidad de los diferentes medios de transporte, es decir, la inconveniencia de compartir un mismo espacio o carril. Intuitivamente entendemos el problema pero normalmente no lo evaluamos en forma cuantitativa.

Dos medios de transporte son incompatibles por alguna de estas tres razones: por una diferencia grande en velocidad, por una diferencia grande en energía cinética, o por una diferencia grande en vulnerabilidad.

La energía cinética, repasando el bachillerato, es aquella que posee un cuerpo debido a su movimiento y que en caso de colisión es transmitida al otro cuerpo. Para calcularla utilizaremos la conocida formula E = ½ M V2, atribuida a Einstein, aunque algunos aseguran que ya Leibniz en el siglo XVII y Bernoulli en el XVIII la habían planteado –donde M es la masa del objeto y V2 su velocidad al cuadrado–. Esta fórmula es aplicable a velocidades por debajo de la de la luz, que es nuestro caso, aunque algunos buses y motos nos hagan dudar.

Asumiendo que el transporte masivo tiene por necesidad su espacio independiente, analizaremos cinco medios de transporte, desde el bus urbano hasta el menospreciado peatón, pasando por el automóvil, la motocicleta y la bicicleta, estimando para cada uno de ellos un peso, una velocidad y una vulnerabilidad, como aparecen en la tabla adjunta que resume los resultados del análisis.

movilidad

Partiendo del supuesto –arbitrario– de que la diferencia de velocidad entre dos vehículos compatibles no debe ser mayor a una vez y media, vemos que desde el punto de vista de la velocidad el bus, el automóvil y la motocicleta podrían compartir un mismo espacio, no así la motocicleta con la bicicleta ni esta con el peatón.

La energía cinética es el factor más importante en la posibilidad y conveniencia de compartir espacios. Vemos en la tabla que la diferencia entre un bus urbano y un peatón es de más de 7.000 veces. Es fácil deducir quien sale más perjudicado en caso de una colisión entre ambos. También vemos que la diferencia en energía cinética entre uno y otro vehículo es tan grande que justificaría carriles independientes para cada uno. Sin embargo, como esto en la práctica no es posible, nos toca aceptar que compartan espacio aquellos vehículos cuya diferencia de energía sea menor a cien veces –de nuevo medida arbitraria–, como sucede actualmente. Es decir, buses, automóviles y motocicletas. De todas maneras, la vía compartida por buses y motos representa un peligro constante, pues la energía cinética de los primeros es cien veces mayor que la de las segundas. Bicicletas y peatones no deberían compartir espacio –como sucede en algunas vías de Bogotá– dada la fragilidad del vehículo.

En el reino animal existen tres grupos de seres vivos, según su estructura ósea: los de exoesqueleto o invertebrados (langostas, caracoles, cucarrones), los de endoesqueleto o vertebrados (aves, mamíferos, reptiles y peces) y los que no tienen esqueleto (babosas, planarias). Los menos vulnerables son los que tienen exoesqueleto y los más vulnerables los que no tienen esqueleto.

Esta clasificación puede extrapolarse a los vehículos urbanos, donde los menos vulnerables –con exoesqueleto– son los buses y automóviles, y los más vulnerables –con endoesqueleto– son motocicletas, bicicletas y peatones. O mejor dicho: motociclistas, ciclistas y peatones, cuyo chasís son los huesos y su carrocería la piel. Afortunadamente, no existen vehículos equivalentes a las babosas.

Esta vulnerabilidad puede comprobarse con las cifras de muertos en accidentes de tránsito en once meses del año 2014 en Bogotá: 534 víctimas de las cuales el 54% fueron peatones, el 24% motociclistas, el 10% ciclistas y 12% entre conductores y pasajeros de automóviles y buses. Si aceptamos que existe una proporcionalidad inversa entre la energía cinética y la vulnerabilidad, podríamos utilizar estos porcentajes como un índice de vulnerabilidad y repartir proporcionalmente los pasajeros y conductores muertos en automóviles en 10% y en buses en 2%.

La mayoría de los accidentes se debieron a que un vehículo invadió el carril de otro, y el resultado de la colisión fue el resultado de la energía cinética, velocidad y vulnerabilidad de los vehículos involucrados. Otros factores que aumentan la accidentalidad son el número de vehículos por área de vía, y la imprudencia de los más vulnerables al cruzar los carriles de los menos vulnerables. En resumen: de ser posible, los buses urbanos deberían tener carriles exclusivos. De no ser posible –y conscientes del riesgo que esto conlleva–, compartir el espacio con automóviles y motos. Bicicletas necesitan su propia ciclo ruta y peatones su andén independiente.

El aumento de la movilidad y la disminución de la morbilidad dependen, entonces, de un espacio suficiente para los distintos vehículos, un diseño vial adecuado, un volumen de tráfico acorde con la capacidad vial, una buena señalización, campañas de educación para los diferentes usuarios, el respeto por los demás y… buena suerte.

* Imagen tomada de Aire Nuevo para Bogotá.

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Space

De Bienales y homenajes: 2. ¿Homenajes?

El periódico El Tiempo publicó en la página 14 de su edición del miércoles 10 de diciembre de 2014 una crónica de su corresponsal en Medellín, Ana María García, con un gran titular: Por presión, constructor del Space no recibe homenaje. El subtítulo es no menos increíble: ingeniero Alvaro Villegas rechaza título de presidente honorario.

Ese rechazo, ¿fue obligado, por conveniencia o por estrategia política? ¿Es una equívoca “creación de imagen pública” o una sincera manifestación de intenciones compensatorias?

Semejante exabrupto no sería el primero ni el único. En semana anterior, el ingeniero Villegas fue objeto de una entrevista de página completa en el mismo diario por parte del conocido Yamid Amat, una versión escrita de uno de sus programas televisivos, con la actuación dramática del entrevistado, a base de las platitudes y medias verdades ya muy repetidas con las cuales trata de mitigar su obvia responsabilidad en la tragedia del edificio SPACE. De pronto, Amat le preguntó a su entrevistado si continúa teniendo comunicación con el ingeniero Aristizábal, el calculista del SPACE. Villegas contesta que no, que hace mucho tiempo no tienen ninguna comunicación (¡!) ni existe relación alguna entre ellos. Da la sensación de que escasamente lo conoce. Esto se explica: a estas alturas del drama, ¿qué le podría decir o reclamar Villegas a su calculista de cabecera? ¿O bien, qué puede decirle Aristizábal a nadie luego de su sucinta y sombría declaración judicial: Lo que se hizo (los cálculos estructurales en el SPACE) , ESTABA BIEN HECHO. ¿Y las más de 1.000 irregularidades, omisiones, errores y violaciones a códigos, márgenes de seguridad, nociones elementales de estabilidad y esfuerzos torsionales, ausencia de estimativos y refuerzos contra esfuerzos y presiones aerodinámicas, debilidad inherente de columnas, etc. etc. señalados en el informe de la Universidad de los Andes? ¿Quién es el charlatán en ese debate? El lema nacional sigue siendo: construir barato, vender caro, tener buenos abogados. Los usuarios no cuentan, excepto como fuente de dinero.

Pero el punto no es la terrible borrada con el codo del ingeniero Villegas, de toda una vida profesional y política hecha con la mano, ni su patética retirada defensiva hacia la oscuridad que rodea a los presuntos responsables. Desde el punto de vista de la relevancia de un homenaje a tan discutible personaje, la situación tan tonta e imprudentemente creada por una entidad gremial de su provincia, la Sociedad de Ingenieros Antioqueños, SAI, es hondamente agraviante para todos aquellos que entienden el significado ético de una distinción profesional. Esto es más que obvio al leer las últimas líneas de la crónica: EL TIEMPO intentó comunicarse con el presidente de la SAI, Diego Zapata, pero éste no pasó al teléfono. A falta de algo más surrealista, la SAI –de la cual era presidente el ingeniero Villegas desde el inicio de la obra hasta cuando se desplomó la torre 6 del SPACE– tuvo la ocurrencia inverosímil de otorgarle el título de presidente honorario, quizás como beligerante pero torpe reacción a la implosión que acabó con las peligrosas torres restantes del célebre conjunto residencial. Algo muy propio de Locombia.

Con razón anota una de las víctimas del SPACE, Carlos Ruiz: Lo raro es que a uno no le entregan un premio sin previo aviso. Parece cosa de un libreto, o algo muy estudiado, el cuidadoso rechazo del ingeniero Villegas al homenaje que le prepararon sus colegas antioqueños, haciendo caso omiso del impacto de este sobre la opinión nacional. El doctor Villegas sí vio el peligro de aceptar el homenaje y “desistió” de él. La débil justificación de que lo que se le premiaba al ingeniero Villegas eran sus “12 años de trabajo” (¿?) no convence a nadie, aunque no está claro si estos fueron al frente de su compañía, CDO, o en la SAI. O en ambas. Para la SAI, aparentemente, lo del SPACE nunca sucedió. O fue parte de un simple accidente en el largo y dedicado trabajo del ingeniero Villegas.

A los arquitectos nos concierne este párrafo de la crónica citada: la junta directiva de la SAI declaró que respeta la decisión del ingeniero Villegas de no aceptar nada… no sin antes reiterar su más profundo agradecimiento por la EXITOSA LABOR que han realizado los mencionados profesionales en beneficio del gremio. Añade Ana María García: Se refería tanto a Villegas como al arquitecto Laureano Forero Ochoa, quien (también) iba a ser condecorado. Vaya. Leer para creer. La pregunta es: ¿el arquitecto Forero renunció a su “diploma y aplausos” de la SAI, o los recibió de todos modos? También el arquitecto Forero arrojó sombras sobre su distinguida carrera profesional con el desastre del SPACE, quiera él esto o no. En décadas anteriores, Forero, un espíritu independiente, había decidido, como otros colegas suyos, defender y practicar la política de aceptar como nueva clase dirigente colombiana a los capos del narcotráfico y trabajar para ellos, invocando cierta libertad de escogencia de clientela. Bien visto el asunto, eso no sería peor que trabajar para políticos o entidades corruptas que son tan abundantes en el país. Ambas cosas, claro, eran a cual más ominosas e indeseables. Que entre el diablo y escoja no es una guía profesional recomendable.

La posición del arquitecto Forero en lo del SPACE es muy diferente de la de sus constructores y, ante todo, la de su silencioso calculista, el ingeniero Aristizábal, pero la sombra del SPACE acompañará desde ahora su existencia, con o sin responsabilidades profesionales de por medio. Esto es tanto más lamentable puesto que el arquitecto Forero ha sido un destacado diseñador, en su ciudad y fuera de ella. Pero, también se podría decir en su caso y bajo el baldón del SPACE: Dime con quién andas y te diré quién eres.

Unas palabras de elogio para la cronista García: ella destaca de modo generoso y prominente a las víctimas y desplazados del SPACE como seres humanos agobiados por una tragedia. En cambio, el ingeniero Villegas los ve, en su entrevista con Yamid Amat, como simples recipiendarios de un dinero suyo que ciertamente no pensó nunca en gastarlo a manera de compensación para abstractos e insignificantes compradores de las arquitecturas perpetradas por su compañía. Tremenda diferencia.

* Imagen del Space © CEET / Johan Lopez.

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