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Debates: Espacio para los administradores. El editor decidirá qué es un debate y lo irá “resumiendo” en este espacio. Con lo mejor de estos “debates” se producirá un libro al final del año

LaureanoForero Arq

Omertá

Omertá o ley del silencio es el código de honor siciliano que prohíbe informar sobre cualquier delito cometido por otro miembro de la Mafia. Romper este juramento es castigado con la muerte. Hace siete meses colapsó la torre 6 del conjunto SPACE y no se sabe cuál fue la causa de la tragedia, como si hubiera una Mafia que, por razones extrañas, quisiera ocultar la verdad.

La alcaldía de Medellín contrató un estudio con la Universidad de los Andes, y nunca ha informado si el estudio se terminó, o está en proceso, o cuales fueron los resultados.  ¿Omertá?

Los gremios de la construcción no han exigido insistentemente claridad sobre el hecho. ¿Omertá?

Las sociedades profesionales que reúnen y representan a los arquitectos e ingenieros de Medellín no se han pronunciado públicamente. ¿Omertá?

Los periodistas de los principales medios no han informado regularmente acerca del estado de la investigación de la tragedia. ¿Omertá?

Solo después de 200 días la Fiscalía llamó a juicio a los posibles implicados, y –con excepción de uno– los dejó libres por considerarlos “no peligrosos para la comunidad”. ¿Omertá?

Dice un cuento que cuando un juez preguntó a tres borrachos quién iba manejando en el momento del accidente, los tres contestaron: nadie, todos íbamos en el asiento de atrás. Cuando el juez citó a los cinco inculpados, ninguno aceptó los cargos. Todos iban en el asiento de atrás. ¿Omertá?

Parece que  en Medellín colapso no significa cadalso. Al menos mientras exista la Omertá.

*Imagen de Laureano Forero Arquitectos (tomada de la página de Facebook)

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WUF7 Medellín

WOOF! WOOF!

En inglés dialectal antiguo: trama o textura. Un “woofer” era un tejedor. En inglés moderno: onomatopeya del ladrido canino y por extensión verbal de los significados del mismo orden, apodo técnico –woofer– otorgado a los altoparlantes que emiten sonidos de tonos graves o bajos.

No deja de ser curioso que el Foro Mundial Urbano (WUF!, por su sigla en inglés, World Urban Forum) suene igual que la versión sajona # 1 de un ladrido: Woof! Wuf! La #2 es Wow!, o en español, guau! Durante una semana y también desde meses antes de esta,  la más intensa –y extensa– campaña publicitaria y propagandística en periódicos, revistas y televisión que se recuerde de algún evento urbanístico en la historia del país, superó por amplio margen aunque temporalmente a la del Mundial de Fútbol en Brasil. El tema del evento del WuF!, organizado, por supuesto, en Medellín, eran todos, vale decir, TODOS los temas urbanísticos posibles. Explico: un enorme porcentaje de habitantes del planeta tierra vive en ciudades y pueblos. Toda su existencia teórica o real, sus problemas, sus necesidades, su comportamiento social, gira en torno a su condición urbana y, consecuentemente, otro enorme porcentaje de su vida misma y actividades cotidianas está condicionado por su entorno físico. Se dirá entonces, en vano, que tratar de abarcar TODO lo que son los problemas o soluciones de los miles de ciudades en el mundo en un solo y breve evento “divulgatible y extensionable a todos los públicos” (novísimos vocablos periodísticos inventados al calor de las entrevistas) es presuntuoso y que los resultados “apretarán poco” o casi nada. Entonces, el WuF! de Medellín o de cualquiera otra ciudad, ¿sí habrá sido todo lo que dicen que fue su propaganda o sus “relaciones públicas”, o caben muchas dudas al respecto?

En 1924, el notable arquitecto francés Pol Abraham, contemporáneo de Le Corbusier, escribió en la revista L’Architecte :

Visiones sanas, ideas justas, verismos presentados como
revelaciones, diluvio de lugares comunes en estilo de
paneles publicitarios, mucha metafísica para llegar a
las nociones más elementales…

Imposible un resumen más sucinto de un evento de astronómico costo y resultados predecibles, preestablecidos, previamente divulgados y sin ninguna verdadera novedad, receta mágica ni esperanza salvadora para nadie, excepto, claro, para los organizadores del próximo evento WuF! ¿Qué observador en su sano juicio logra asistir, observar o analizar cientos de posibles y parciales triunfos o fracasos urbanísticos, además de tal cual “éxito” autocalificado como tal en el curso de unos 4 días? ¿Quién, que no esté mal de la cabeza, resiste 40 horas o más de peroratas sobre inequidad, medio ambiente, sostenibilidad (?), vialidad, barrios marginales, transporte masivo, servicios públicos o falta de ellos, planes teóricos más o  menos inaplicables para cuanta finalidad se le ocurra a planificadores, políticos, promotores o urbanizadores y de cuyo fracaso se ocupan otros ídem de diferentes intereses no siempre claros, o bien caen en manos de la delincuencia de cuello blanco y/o de cuello sucio?

Es bien sabido que la finalidad última de eventos como el del Wuf en la capital antioqueña es, en realidad, la de preparar el próximo Foro o congreso de dicha entidad, en una espiral ascendente de costos y beneficios para grupos relativamente limitados en número. El evento WuF! de Medellín se autocalificó, al igual que todos los anteriores a este, como “el mejor” de cuantos han ocurrido en otros países y ciudades casi tan dinámicas como Medellín. Con este otro campeonato a nombre de la capital antioqueña, esta avanza en el ranking mundial de no se sabe muy bien qué. Lo que resulta mucho menos claro es cómo se establece que un evento WuF! es mejor o peor que otro. ¿Que el de Medellín sea, a la fecha, “el mejor” significa que los anteriores son necesariamente peores que aquel? ¿Se aplica puntaje por costo, número de asistentes, número de conferencistas, número de “estrellas” de la planificación o del surrealismo urbanístico presentes, para recitar cualquier cantidad de sus acostumbradas platitudes, profundas elucubraciones o insoportables charlatanerías? No menos de 36 páginas completas, incluidas 4 separatas, en el diario El Tiempo de Bogotá dan fe de los interminables recursos económicos de los cuales disponen los organizadores de estos eventos, pero no mencionan en ningún momento cuantos millones le costó a Medellín y a Colombia ese insólito aquelarre de ciudades.

Faltó en el WuF! el valioso aporte de Kid Pambelé, el eminente boxeador colombiano, campeón mundial en su momento, al igual que Medellín, con su brillante y sucinta constatación socioeconómica: …Es mejor ser rico que ser pobre. En cambio, entre la plétora mundial de sabios presentes, vino a Medellín el Sr. Stiglitz, Premio Nobel por añadidura. Este vino en plan turístico que no excluía la visita ritual al engaño arquitectónico-cultural de la biblioteca de Drácula (España) y, al otro extremo de lo cultural, el logro muy elogiable de la excelente restauración que alberga el Museo Botero y, de paso, para repetir ante un público crédulo y expectante sus nociones catecísmicas sobre sostenibilidad, inequidad, desarrollo (?), pobreza, etc. que sonaron prácticamente iguales a las de otras varias docenas de conferencistas sobre los mismos temas  en este y otros muchos eventos del mismo género.

Tres notas al margen. Primera: de pronto, entre la miríada de voces pseudocientíficas o de verdad de panelistas, conferencistas o recitadores de chistes de urbanismo, un solitario disidente habló en las páginas de El Tiempo y en la televisión de un tema tabú en estos eventos. Dijo, en esperanto técnico, que había que ponerle estética al asunto de las ciudades. Que a las ciudades, especialmente las ciudades actuales, les faltaba la dimensión estética. Como si la estética urbana fuera una especie de ungüento aplicable a “las ciudades” como quien usa un bloqueador de rayos solares o un desodorante. Como se recordará, un ungüento no tiene una dimensión fija. Tan interesante aspecto urbano fue muy breve y confusamente tratado y se perdió entre la maraña de problemas de todo orden que debía tratar el conversatorio de esa avanzada hora. Es lamentable pues existen numerosas ciudades en el mundo entero a las cuales les vendría bien una buena capa o “mano” de estética de la buena. La otra, la antiestética, está por todas partes pero hemos aprendido a vivir y tratar con ella y no nos pasa nada.

Segunda nota: de pronto, surgió en el WUF! de Medellín, viniendo de las brumas del pasado, (años 70-80 del siglo XX) un discutido teorista del urbanismo y la arquitectura que ha venido descendiendo recientemente en la exigente escala de los prestigios publicitarios: León Krier, considerado un retrógrado por los progresistas y un progresista por los retrógrados, en razón de sus conatos de amalgamas de lo ecléctico tipo arquitectura nazi con lo futurista. La pregunta de qué podría aportar al WUF! de Medellín un personaje con visos de obsolescencia ideológica solo vino a tener respuesta cuando en una de las varias “separatas” periodísticas sobre el evento Krier concedió una entrevista. Trató, sin lograrlo en gran medida, de explicar sus rígidos intentos de conciliar el pasado y el futuro en las arquitecturas y las ciudades –ilustrados en sus libros con ominosos dibujos surrealistas a la manera de la primeras épocas de Giorgio de Chirico–, aunque sin el brillo elocuente, la claridad misionera ni la imposición dictatorial de Le Corbusier. El asunto era claro, Krier había venido a Medellín para ser entrevistado, pero no logró ser tan arbitrario ni tan confuso ni tan charlatán, por ejemplo, como el nefasto señor Eisenmann quien le anunció a su breve paso por Bogotá, a los indiecitos locales, cómo debía ser un verdadero edificio de oficinas, garantizadamente icónico. Las declaraciones y propuestas de Krier fueron del tono y validez de la famosa y acertada recomendación popular de que, para efectos de cazar leones, se debe comenzar por ir donde los haya.

La tercera nota se refiere a los interesados en el origen de la cita de Pol Abraham: es tomada de la devastadora crítica de éste a los textos del librito de Le Corbusier “Hacia una Arquitectura”, publicada en la recopilación de la obra de Abraham por el Centro Pompidou, París, Francia, 2008, pág. 98.

Woof! WuF!

* Foto © de Cámara Lúcida

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Foto Laureano Forero Arquitectos

Colapso 3. Cuatro errores

Pregunta el Juez al marido:
– ¿Cómo murió su señora?
– Iba por la cocina con el cuchillo, se cayó y se lo clavó
– ¿Siete veces?

Ya hace medio año que se desplomó la torre 6 del conjunto Space en Medellín, y hasta este momento se desconoce el resultado del estudio contratado con la Universidad de los Andes para saber las causas del siniestro. Y probablemente nunca se conozca.

Según el periódico El Tiempo hubo deficiencias y errores en los cálculos realizados por los ingenieros”. Y como si la caída de la torre 6 y la demolición preventiva de la torre 5 no fuera bastante, la revista Semana informa que los proyectos Continental Towers, Asensi y Mantuá –este último en obra– construidos por la misma firma y calculados por el mismo Ingeniero no son habitables pues amenazan ruina. Una puñalada puede ser un accidente pero siete son un crimen. Un error lo comete cualquiera –errare humanum est– pero repetirlo cuatro veces es un delito. Y no lo digo yo. Según El Tiempo, “la Fiscalía está determinando si pide la medida de aseguramiento de (…)”.

La curiosidad ha sido el motor del desarrollo. Gran parte del avance de la humanidad se ha debido a la resolución de las cadenas de los por qué. Cuando se da la respuesta a un por qué, el hombre avanza un poco, aparece un nuevo por qué y se genera una cadena de conocimientos. En este caso la respuesta al primer por qué es una verdad de Perogrullo: ¿por qué se cayó la torre 6 del conjunto Space? Porque la estructura no pudo soportar el peso del edificio. El segundo por qué debería haber sido respondido por la Universidad de los Andes: ¿por qué falló la estructura? Basados en los informes de prensa, podemos responder: por las deficiencias y errores en los cálculos estructurales, que curiosamente todos fueron en defecto y ninguno en exceso. El último por qué de la cadena: ¿por qué si se sabía que los cálculos no cumplían con las normas –al menos el calculista lo sabía– se construyeron las estructuras de los cuatro proyectos? La respuesta es una, triste y miserable: por dinero.

Por un puñado de pesos se sacrificaron doce vidas y se puso en peligro de muerte a centenares de familias que perdieron su vivienda. Por un puñado de pesos otro centenar de familias ven cómo su sueño de un techo para sus hijos se desvanece al verse obligados a abandonar su hogar. Por un puñado de pesos los ingenieros y constructores antioqueños tienen que agachar la cabeza con vergüenza ajena. Por un puñado de pesos Medellín pasó por la vergüenza de exhibir ante los participantes del Foro Urbano Mundial las ruinas del mayor fracaso de la construcción en Colombia, triste homenaje a la ambición irresponsable: los escombros de las torres 5 y 6 del conjunto Space.

Para prevenir un nuevo fracaso, el gobierno está legislando asumiendo aparentemente que todos los ingenieros son delincuentes en potencia y los curadores sus cómplices. Son medidas bien intencionadas para proteger al comprador pero no evitan que la tragedia se repita. Lo único que puede garantizar que no haya un nuevo colapso es una palabra que algunos profesionales desconocen: ética.

*Foto de Laureano Forero Arquitectos (tomada de la página de Facebook)

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¿Colapso periodístico?

En su nota Colapso 2 sobre la breve y fructífera vida (como negocio) del edificio SPACE, la perla para mostrar en la capital de la arquitectura y el urbanismo en Colombia ante el World Urban Forum reunido allí en estos días, Willy Drews señala con acierto el fallido intento de hacer populachero y de fácil comprensión por parte del vulgo lo que es de difícil captación, complejo y abstruso, aun para un especialista, como son las verdaderas causas del desastre propiciado por Lérida CDO, constructores y una plétora de arquitectos, ingenieros, directores de obra, interventores y hasta representantes legales en variados niveles de irresponsabilidad.  Sigue leyendo

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Bienales

Debería ser del interés de los ciudadanos que la Bienal Colombiana de Arquitectura «tiene por objeto presentar para conocimiento público y general, en Colombia y el exterior, una selección de las obras y trabajos más significativos en los diferentes campos de la Arquitectura». Pero tiene razón Maarten Goossens en su respuesta a la solicitud de la SCA de observaciones sobre la misma, en que debe incluir espacios de opinión, debate y reflexión, y que el público pueda sugerir temas y conferencistas, en un programa incluyente y más plural que el comité que hoy la organiza, y no limitarse a presentar proyectos, elegidos subjetivamente hay que añadir.

Lamentablemente todavía es un evento con características de concurso,  “juzgado” por jurados que no se han puesto de acuerdo previamente en que es lo van premiar, y que, como dice Juan Luis Rodríguez (Torre de Babel, 04 /05/2010), juzgan edificios como proyectos y no tienen inconveniente en hacerlo sin conocerlos para verificar si están bien hechos, y que” explica” sus fallos con una jerga vaga, vacía y frívola. Cualquier preocupación argumentativa se cambia por frases retóricas para evadir el tema de considerar la especificidad de las obras, y disimular que lo juzgado, en lugar de edificios, son fotos, planos, intenciones y frases coquetas.

Rodríguez, invocando a Montesquieu (Autonomía sin vergüenza, Escala, 02/2009),  muestra que al contrario de lo que pasa en el Derecho, en que las decisiones de los jueces deben ser razonadas, convincentes y coherentes con la constitución vigente, en nuestras bienales de arquitectura el sistema es “autónomo” y el jurado falla sin atender a unos propósitos previos. En cada caso inventa criterios de valoración  para justificar en sus actas, retóricamente y a posteriori, cualquier decisión. Estos jueces de ocasión no argumentan y  sus juicios adquieren la monárquica fórmula de así es porque nosotros tenemos la autoridad para juzgar.

Como apunta Rodríguez, es urgente elaborar unas reglas de juego para las bienales mediante las cuales los participantes, el jurado y el público sepan de antemano a qué atenerse, y no tener que esperar a que los jueces de turno se inventen cada vez su propio sistema de valoración, y la invitación a participar debería estar acompañada de una legislación que defina unos criterios  para convocar y juzgar, y después para socializar y presentar los resultados al público mediante un lenguaje que permita una discusión mas amplia. Especialmente entre los ciudadanos, habría que agregar, a los que finalmente está dirigida la arquitectura.

En esta columna se ha propuesto repetidamente que las bienales deben ser una muestra razonada en las principales ciudades de toda la arquitectura que se hace en Colombia, para que críticos, arquitectos y público opinen, especialmente sobre cómo esos edificios mejoran las lugares en los que están. Aunque en esta última se lograron muchas mejoras, el hecho es que nos fascina tener, reina, virreina y princesas, y el negocio que eso significa. Como ahora en Medellín, donde aprovechando la Bienal Iberoamericana que a mala hora se realizó allá y no en la capital, nos quieren hacer creer que su reciente arquitectura “espectáculo” representa la del país.

Benjamin Barney Caldas, El País, Cali 13/05/2010

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