Relájese y disfrute, el Parque Bicentenario

Por: Juan Luis Rodriguez

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El parque violado

Invasión norte. Parque Confase-Colpatria

Septiembre 19 – 2013

El reportaje de El Espectador Para nada tocamos patrimonio ni árboles continúa siendo selectivamente desinformativo, como todo lo que han hecho los involucrados en la defensa del proyecto Parque Bicentenario, desde el 20 de julio del 2010. A diferencia de la publicación de El Tiempo según la cual Los vecinos que se sienten afectados pueden protestar todo lo que quieran, o de ADN insistiendo que “la obra no impacta bienes de la zona“, en El Espectador la voz cantante la lleva el diseñador del “nuevo” proyecto, a través de una entrevista en la que se hace el santo, el salvador y la víctima, todo en uno. Entre tanto, la “opinión pública”, suma una “noticia” tras otra y se convence cada vez más de que al pobre arquitecto, al pobre Ministerio y al pobre contratista no los dejan trabajar, por cuenta pequeño grupo de vecinos elitistas liderados por unas señoras preocupadas porque los gamines del sur se les metan en su parque.

La historia hace muy difícil llegar a las “conclusiones” con las que nos vienen bombardeando últimamente. El proyecto inicial se concibió de manera autista porque no se consideró como una oportunidad para la integración urbanística entre la calle 24, el Parque de la Independencia y eventualmente el Museo Nacional, y porque no consideró que los edificios y lotes existentes al sur de la 26 –Biblioteca Nacional, Museo de Arte Moderno, edificio Embajador, lote “las pulgas” y lote “Inravisión”– deberían ser parte del proyecto. La desconsideración llevó a generar un socavón, cuyo clímax se da frente al MAMBo. Entre tanto, hacia el lado que no se necesitaba crecer porque ahí estaba nada menos que el Parque de la Independencia, hacia este lado sí corrieron la cerca, multiplicando el lote por dos y el costo por cinco.

El supuesto nuevo proyecto mantiene los mismos errores, agravados por la grieta que sumerge al MAMBo. Quien tenga dudas, basta que se pare en la 7 con 26 y mire hacia los cerros. Si le sorprende con lo exagerado de la hendidura actual, podrá cogerse la cabeza al prever lo que va a quedar. Todo lo que necesita saber es que cuando las plataformas estén terminadas, serán un par de metros más altas, acentuando el encajonamiento. Lo que sí es una novedad son los nuevos renders que incluyen la ocupación del lote donde los domingos funciona el mercado de las pulgas. La ilustre novedad es una propuesta que al parecer es una herencia de Salmona para el Bicentenario. De ser así, debió haberse incluido desde el inicio o por lo menos debió modificar en algo el nuevo proyecto. No se hizo porque “el maestro” antes era un estorbo pero ahora resulta útil para dignificar la nueva propuesta, esconder omisiones, desviar la atención y sensibilizar la opinión pública.

Durante más de tres años, todas las entidades involucradas se mantuvieron en que el parque era así, como lo había diseñado el nuevo maestro, jugando de vez en cuando a escuchar las inquietudes de la comunidad en mesas democráticas. Pero las reuniones siempre fueron para conseguir un acuerdo comunitario sobre lo que estaba diseñado, y punto. Ahora, el proyecto se supone que cambió pero es el mismo, adornado con exuberante vegetación, al modo de los renders del Nuevo Eldorado, en los que el edificio parece estar en medio de la jungla, cuando en realidad lo que hay es un único árbol a la entrada del parqueadero, que probablemente se salvó de la tala por ahorrar plata.

Habría algo parecido a otro Parque Bicentenario si se estuviera al menos considerando la posibilidad de vincular al parque la calle 24 y los edificios existentes. Pero sólo se trata de darle glamur al hecho de haber invadido un área protegida como área de influencia de las Torres del Parque, y de haber generado un güeco urbano cuyo único remedio es la demolición de una buena parte de lo que está construido. Además, con tal de que no se note el vestido de seda, están acudiendo a pomposidades de cajón como que “Bogotá tendrá ahora parques sobre autopistas. Apuesta del maestro Salmona y el arquitecto Mazzanti“.

Pasada la época intransigente del Ministerio, entramos en la era de las modificaciones promovidas como lo último en diseño y sociología. Maravillas que para desgracia de la ciudad no se pueden realizar porque en las Torres del Parque hay todavía un grupito de vengadores que se opone al progreso. El grupo claro que lo hay pero a lo que se opone es a un festival de irregularidades.

Asumiendo, en aras de la discusión, que el nuevo proyecto fuera en realidad respetuoso, ello no borra el desprecio inicial con el que fue proyectado, esencialmente porque los niveles de terminación para las plataformas son incorregibles -a menos que se demuelan- y no se pueden cambiar a punta de retórica, perspectivas engañosas y manejo de medios. Tampoco se puede tapar el desparpajo con el que fue indebidamente autorizado, y legalizado a posteriori por el Ministerio de Cultura. Y tampoco se borra el haber empezado la construcción sin estar aprobado -que es diferente a autorizado. Y todo a un costo de Emirato árabe. Recalco con doble signo de exclamación esta última parte, la del costo, porque con dos colegas hicimos un estudio de para saber por qué el diseño costó más de mil millones de pesos adicionales, a lo que costaría en Colombia un parque con características similares y con especificaciones de primera calidad. Cuando se trata de plata, en el proyecto bicentenario se oye silbar el viento, asumo que porque hace parte del carrusel abandonado de la 26. Asumo también que cuando se trata de este tipo de asuntos, el público no se deja enredar con que sean tonterías de desocupados y que por eso la estrategia a seguir ha sido la del viento.

Sumando y restando, mis Cuentas bicentenarias dan que Confase le debe al Distrito más de mil millones de pesos, sólo en el ítem de diseño. Entiendo que un juicio condenatorio por la eventual malversación de este dinero sólo puede emitirlo una entidad competente. Pero dada la campaña publicitaria a la que nos están sometiendo últimamente, no sobra recordar que pedir cuentas claras antes de seguir adelante es algo con lo que creo que “la opinión pública” estaría de acuerdo. Tratándose de millones públicos y de contratos de la época de la alcaldía de Samuel Moreno, no parece mucho pedir. Tampoco se requiere mayor clarividencia para sospechar que si el carrusel de la 26 comienza en Eldorado, es probable que no termine en el Cementerio central sino unas cuadras más arriba.

Inoculada con inusitada pasión por El Tiempo y reforzada con una entrevista como la de El Espectador y la nota de ADN, es claro que la idea ha ido calando y que el Clamor Bicentenario por terminar ya casi deja de ser opinión pública y se convierte en resignación pública. La nueva verdad, en español bogotano, sería más o menos la siguiente: aquí no ha pasado nada, lo mejor es “dejar así”, “no sobar más” y “echar pa´lante” porque en Bogotá ya tenemos suficientes problemas y todos “estamos jartos” de no poder pasar por la 26. Mi interpretación, en español de la Picota, sería que como la violación es inevitable, no hay mejor remedio que relajarse y disfrutar.

Juan Luis Rodríguez

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El proyecto terminado se elevará aproximadamente 2 mts. por encima de este nivel. Al fondo, el Quiosco de la luz

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El proyecto terminado se elevará aproximadamente  3 mts. por encima de este nivel. Al fondo, el MAMBo

Vista desde el edificio Embajador

Costado sur. Vista desde el edificio Embajador

Costado Sur, MAMBo

Costado Sur, MAMBo

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2 pensamientos en “Relájese y disfrute, el Parque Bicentenario

  1. Francisco Pardo Téllez

    En el siglo pasado y con la generosidad de la Revista PROA escribí allí un comentario relacionado con que al simple puente peatonal, entonces recién inaugurado, le “había faltado un metro de diseño” para que mejor se pudiera llegar al nivel de la terraza de acceso del MAMBO y no tener que bajar y luego subir a la entonces solitaria calle peatonal, que solo servía de acceso a la Sala Los Acevedo y al deambular de peligrosos personajes, pensaba y pienso ahora que el Museo ganaba bastante con esa conexión con el Parque de la Independencia.

    También recuerdo un concurso LeCorbusiano donde varios propusieron integraciones interesantes entre el desperdiciado lote del parqueadero, el MAMBO, la Biblioteca Nacional y el Parque… es decir había una visión de conjunto.

    El Plan Maestro de Salmona y luego el proyecto de Camilo Santamaría buscaban con respeto suturar la herida de “los huecos de Mazuera”, pero sus buenas intenciones se acabaron cuando fue el contratista civil, experto en vías y algunos atajos administrativos, quien dentro de la opereta del “carrusel” quien escoge a dedo a un arquitecto experto en “formas raras” que ante su reciente triunfo de un Coliseo en Medellín decide auto-emularse para trasladar las cubiertas verdes arrugadas para hacer un puente…

    No tiene nada de malo el tratar de hacer un jardín, con recorridos y sorpresas, con quiebres de planos, etc. el único pecado que cometió fue el no haber trabajado con un levantamiento topográfico confiable, según algunos defensores del proyecto, pero salta a la vista que pese a los buenos honorarios del proyecto el meollo del asunto está en no haber hecho los suficientes cortes longitudinales y transversales no solo del área del proyecto, también del ámbito inmediato y su vinculación con la propuesta…

    “Dios está en los detalles” frase que se atribuye al escritor francés, Gustave Flaubert (1821-1880) y que la hizo más conocida, el gran maestro de la arquitectura moderna, el alemán, Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969), sin duda, resalta la importancia y trascendencia de tomar en cuenta y profundizar en los elementos clave de cada proyecto, en solucionarlos rigurosa y detalladamente en coordinación con todas las disciplinas que intervienen en el proyecto, para que sin perder la idea original está sea posible y luego de la obra el edificio funcione; desafortunadamente las “grapas” sobre la 26 y las goteras de la Biblioteca España y otros males indican que ese rigor técnico no es muy compatible con el EGO del arquitecto… que ante la frase «God is in the details» (en inglés para que me entiendan) se declara ateo.

    Y como está obra inconclusa es ya una “opereta” hace falta no olvidar al bufón, un personaje también obsesionado por el EGO que ofreció contratar a un experto internacional en “conflictos urbanos” para que solucionará con sus luces el entuerto, olvidando que él con sus “petroskadas” es arte y parte del detrimento patrimonial y urbanístico de la ciudad, su gama de elocuencia populista le permite pasar de Metro, a tranvía, a buses padrones, a tren ligero, etc. con facilidad asombrosa olvidandose de costosas obras hoy inutiles como la cercana Estación del Museo Nacional

    FRANCISCO PARDO TÉLLEZ

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