LC-Hilberseimer

La metrópoli moderna: un teselado regular de pequeñas ciudades tradicionales

Por: José Miguel Mantilla

En: crítica - debates -

Fig 1. El modelo urbano de la Regla de las 7V de Le Corbusier (1948)
Fig 2. El modelo urbano de la Metrópoli como ciudad jardín de Ludwig Hilberseimer (ca.1940)

Por motivo de la conmemoración del 50 aniversario del fallecimiento de Le Corbusier, este año se han programado numerosas actividades en su honor alrededor del mundo. Como no podía faltar, también sus detractores le han agasajado a su modo, con algún tipo de crítica, especialmente con el resurgimiento del consabido pero falso refrán que reza “Le Corbusier fue un buen arquitecto pero un mal urbanista”.

Es más que discutible que el urbanismo de Le Corbusier fuera “sordo a toda idea de armonía de respeto con el pasado” como ha afirmado hace poco Giancarlo Puppo. Tampoco es cierto que en su Plan Piloto para Bogotá, basado en la Regla de las 7V, “desapareciera la calle con su mezcla de funciones y actividad permanente”[1], o que la propuesta los “habría convertido en el ejemplo de la no-ciudad, producto de una planeación tan utópica como absurda”, como ha manifestado hace unos días el arquitecto Willy Drews.

Basta examinar brevemente el modelo de la Regla de las 7V para hallar la profunda identidad que mantiene con respecto a la ciudad tradicional; es más, y esto hay que subrayarlo: la estructura formal de la ciudad tradicional es la unidad modular básica con la que se construye el modelo de la Regla de las 7V de Le Corbusier.

Tomemos como ejemplo de ciudad tradicional al París del reinado de Philippe Auguste. Tenemos una ciudad medieval característica: una franja natural alargada (el río Sena); una antigua calle que cruzaba perpendicularmente el río (la Rue Saint-Denis o Grand Rue); una muralla –la muralla de Philippe Auguste– que delimitaba la ciudad y que estaba abierta a lo largo del río y de la calle principal; y una serie de calles secundarias y áreas residenciales que se encontraban en los cuatro cuadrantes que resultaban del cruce entre el río y la calle principal.

Ahora fijémonos en el esquema del sector del modelo de la Regla de las 7V de Le Corbusier.

V7: franja natural alargada, generalmente un parque lineal o un río como en las propuestas de Chandigarh, Meaux y Bogotá;
V4: calle colectora comercial que atraviesa el sector en el sentido perpendicular a la franja verde;
V3 y V2: entramado de vías arteriales y semiexpresas que, debido a la circulación de vehículos a velocidades considerables, delimitan el sector (V3 y V2 equivalen a las murallas de la ciudad tradicional);
V5 y V6: una serie de calles secundarias y áreas residenciales que se encuentran en los cuatro cuadrantes que resultan del cruce del parque lineal -V7- y la calle principal -V4.

Correspondencias entre París del siglo XIII y la regla de las 7V

esquema Paris

 

 

 

 

 

 

Fig 3. Esquema de París en el siglo XIII y del sector de la Regla de las 7V
Fuente: Elaboración propia

Elemento urbano París S. XIII Regla de las 7V
Eje verde longitudinal El río Sena. El río discurre longitudinalmente por la ciudad y se extiende más allá de sus límites hacia el territorio. V7. Franja verde que alimenta en toda su longitud al sector y se extiende más allá de sus límites hacia los sectores vecinos.
Calle principal comercial La Grand Rue / Rue Saint Denis. La más antigua de París. Es la única calle que atraviesa la ciudad y cruza el río Sena. V4. Calle comercial del sector. La “calle viva por excelencia”. Se extiende, perpendicular a la V7, hacia los sectores colindantes.
Límites del sector urbano Murallas de Philippe Auguste. Son los límites de la ciudad. Es posible traspasarlas a lo largo del Sena o de la Grand Rue. V3. Vías arteriales y expresas que delimitan el sector. Únicamente es posible atravesarlas a lo largo de la V7 o la V4.

El sector de la Regla de las 7V es análogo al plano de París en el siglo XIII, pero “mejorado”. La distancia del centro de la ciudad (la Île de la Cité) a las puertas de las murallas, a lo largo de la Rue Saint Denis, era de aproximadamente 1 kilómetro en la ciudad medieval. En su esquema, Le Corbusier reduce la distancia del centro al borde del sector, a lo largo de la V4, a 400 metros, equivalente a la distancia máxima de recorrido peatonal. Las “murallas” del sector, las V3, donde los vehículos circulan a una velocidad considerable, toman la forma de un rectángulo áureo (800 x 1200 metros). Los sectores forman una retícula ortogonal de vías que permiten el desarrollo sucesivo de la ciudad en etapas. En su interior se desarrolla un conglomerado urbano completo, con variedad de formas de uso y de ocupación, con suficientes áreas verdes y equipamientos, donde “el peatón es el amo” y los niños pueden ir a la escuela por vías alejadas de la presencia de los vehículos motorizados.

Construir la metrópoli moderna a partir del teselado regular de pequeñas “ciudades tradicionales” fue otra idea apreciable del maestro de la arquitectura moderna. Y no, en ella no hay nada que temer con respecto a la destrucción de la ciudad, la aniquilación de la calle o la deshumanización del hábitat. ¿Por qué cuesta tanto reconocer que Le Corbusier hizo una gran contribución a la arquitectura y al urbanismo?

Ocurre con frecuencia que se juzga el aporte al urbanismo de Le Corbusier o de Ludwig Hilberseimer –los dos planificadores más importantes del Movimiento Moderno– con base en sus primeros planteamientos y nunca en consideración de sus modelos teóricos definitivos. Quienes sentenciaron y sentencian aún hoy en día el fracaso del proyecto de la ciudad moderna: Jane Jacobs, Lewis Mumford, James Howard Kunstler, entre otros, cometen lo que en psicología cognitiva se conoce como falacia de hechos aislados[2] debido a que sus evidencias se reducen siempre al Plan Voisin, a la Carta de Atenas, al modelo de la Ville Contemporaine, al modelo de la Ville Radieuse, a las imágenes de la Ciudad Vertical o a cualquier otro asunto relacionado con los primeros postulados urbanísticos de la modernidad –aquellos de las décadas de 1920 y 1930– y no consideran nunca las propuestas teóricas posteriores, desarrolladas entre 1940 y finales de la década de 1950. ¿Acaso no es una aberración que para determinar el fracaso de un proyecto se presenten como evidencia únicamente los traspiés de los primeros ensayos?

Todo gran emprendimiento, especialmente uno de la importancia y complejidad que tuvo el imaginar la manera de hacer mejor nuestras ciudades, exige un gran esfuerzo y se debe esperar mucho tiempo antes de comenzar a ver los primeros resultados concluyentes. Es posible que durante el proceso se obtengan productos parciales en forma de teorías, modelos y planes, incluso de realizaciones a manera de experimentos (Brasilia por ejemplo), sin embargo no se debe confundir estos ensayos con la consumación definitiva del proyecto, peor aun con la posibilidad de su fracaso. Un juicio justo sobre el éxito o el fracaso del proyecto debería incluir el análisis de las únicas realizaciones basadas en los modelo definitivos de la ciudad moderna: Lafayette Park, producto del modelo de la Metrópoli como ciudad jardín de Ludwig Hilberseimer y realizado junto a Mies van der Rohe y Alfred Caldwell; y la ciudad de Chandigarh, producto de la aplicación del modelo de la Regla de las 7V de Le Corbusier.

Que este año se festeje la memoria de Le Corbusier por todos sus aportes: el ingenio detrás del Modulor y del Plan Libre, sus obras maestras como la Capilla de Ronchamp o el Palacio de la Asamblea; y por supuesto, también por sus importantes aunque desestimadas contribuciones al urbanismo.

“¡Arrêtons de diffamer Le Corbusier, icône audacieuse qui mérite notre salut!”

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[1] Le Corbusier no rechaza, no olvida, ni “hace desaparecer” la calle tradicional. Al contrario, él mismo define la V4 de su modelo teórico como la calle donde “tiene lugar la vida familiar y de las personas; aquí la calle viva por excelencia, la calle, la Calle Mayor de las tradiciones (…) Éstas han penetrado casi siempre en el interior de las ciudades. Se las llama ‘Main Street’ o ‘Broadway’ o ‘Grand Rue’ (…) Es su recorrido donde están los servicios de la vida cotidiana: los alimentos (el mercado, el tendero, el carnicero, el panadero, etc.); el entretenimiento (…); las distracciones (el cine, las bibliotecas, las salas de conferencia, los cafés, etcétera”. Le Corbusier. Œuvre complète 1946-1952, p. 92.

[2] La falacia de hechos aislados es un sesgo cognitivo que afecta la formación de creencias y la objetividad de la investigación científica. Un sesgo o prejuicio cognitivo es una alteración del pensamiento difícil de eliminar y que lleva a un juicio impreciso o a una interpretación ilógica del objeto de estudio.

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