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Arquitectura ¿sostenible? en las periferias de Bogotá y Medellín

Junio  26 – 2010

El instituto Cité de l’Architecture concedió recientemente un premio a Giancarlo Mazzanti por la sostenibilidad de sus edificios. Desde una concepción “técnica” de la sostenibilidad, el jurado reconoce algo que los edificios no tienen. Desde una supuesta concepción “social” de la sostenibilidad, el jurado celebra algo que no le corresponde a los arquitectos: que en Colombia, en lugar de museos para atraer el turismo como el Guggenheim de Bilbao, se hacen edificios para resolver problemas sociales, desde unas políticas para la cuales una arquitectura de primera calidad se ha considerado fundamental.

Reporta Enrique Atonal que: “el arquitecto franco colombiano Giancarlo Mazzanti recibe este martes, en París, el Premio internacional de arquitectura sustentable. Se trata de un [premio] que entrega anualmente el instituto Cité de l’Architecture y que recompensa a cinco arquitectos contemporáneos por sus innovaciones a favor de la defensa del medio ambiente, de las energías renovables y en la edificación de una sociedad más ética.” Por su parte, el propio arquitecto le explica a Atonal que: “El premio me lo dan, básicamente por el trabajo ético, civil y social en que concierne a proyectos de arquitectura actual. Tiene que ver con proyectos como la Biblioteca de España en Santo Domingo Savio en Medellín; y con colegios y preescolares en la periferias de Bogotá: proyectos en zonas con problemas, deterioradas y con bajos ingresos; proyectos institucionales que transforman sectores de la comunidad”[1]

Al comparar lo que se entiende por sostenibilidad en cada caso, o el periodista reporta unos componentes que el premio no tiene, o el arquitecto olvidó mencionar los componentes técnicos relacionados con el premio, o al jurado le pareció suficiente una concepción según la cual un supuesto énfasis sobre “lo social” bastaba para resaltar el gran acontecimiento de que en Colombia se está promoviendo y construyendo arquitectura de primera calidad, como parte de unos programas contra la pobreza y la desigualdad.

La arquitectura premiada es “icónica” y como tal de alta visibilidad y recordación. Esa fue la intención proyectual, ese fue el motivo por el que ganó el concurso, ese el motivo por el cual se ha publicado en más de un centenar de revistas internacionales, y sobre todo, esa es la causa del orgullo que los usuarios de barrio y los habitantes de Medellín sienten por este singular y meritorio edificio. Al fin y al cabo, la producción de formas con capacidad emblemática y simbólica siempre ha sido un objetivo para ciertos arquitectos, y un mérito artístico para la mayoría de los críticos. Pero los programas de desmarginalización de barrios con la colaboración de arquitectura de primera calidad podrían funcionar con opciones estéticas opuestas al protagonismo “icónico”, como la eventual invisibilidad “orgánica” o “mimética” de un edificio. En cualquier caso, se trataría de decisiones estéticas tomadas por un arquitecto, en respuesta a programas de mejoramiento social que responden a unas políticas culturales.

Hasta hace poco, este tipo de edificios, cuando se hacían, quedaban en manos de empleados oficiales sin la capacidad para tomar decisiones estéticas tan importantes como la de construir un ícono o un anti-ícono; y mucho menos con la capacidad intelectual para realizarlos. Pero cuando un jurado premia a un arquitecto por los méritos de un programa social y político, y a un edificio por unos méritos técnicos que no tiene, comete el error de incumplir una premisa que parecería elemental: que si un edificio se ha de premiar por su sostenibilidad social, debería cumplir con una mínima excelencia técnica.
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Entre los inventores de la sostenibilidad que son los economistas, hay moderados, radicales e intermedios, pero mandan por lo general los que generan mayores índices de desarrollo económico, más dividendos en la bolsa y más impuestos para las administraciones nacionales y locales. El concepto preferido de los ganadores había sido tradicionalmente el Desarrollo económico, a secas; pero esta concepción del desarrollo se volvió motivo de escándalo cuando se aceptó que en su versión cruda actuaba como un depredador silencioso: una especie de Jekyll en los bancos y un Hyde en la atmósfera que algún día nos dejará sin qué respirar ni qué comer, a todos.

Mediante cálculos y proyecciones propios de su oficio, los economistas llegaron a la visión apocalíptica según la cual la situación planetaria será in-sostenible, relativamente pronto. Aceptaron la obligatoriedad de introducir en sus cálculos el equilibrio de los sistemas dinámicos, o la homeostasis, y del cartesianismo tradicional de sus representaciones se convirtieron al neoeuclideanismo para producir una imagen como la del célebre triángulo que se utiliza para explicar en qué consiste la sostenibilidad.[2]

El triángulo implica que la eficiencia y el crecimiento no son suficientes para obtener riqueza, sino que para lograr estabilidad se requiere tener en cuenta “lo social” y “lo ambiental”. Lo social, compuesto por la pobreza y la cultura; y lo ambiental, compuesto por los recursos naturales, la biodiversidad y la basura, incluida la nuclear. Implica también que a largo plazo, por mucho dinero en el banco, acciones en la bolsa o cosas en la casa, nadie va a poder vivir en el gigantesco basurero que la economía cruda venía promoviendo. En cambio, si la economía fuera sostenible, a todos nos iría mejor.

Imposible no estar de acuerdo. Pero quedan dilemas de improbable solución a la vista, por ejemplo: “¿Qué pasará a largo plazo con el medio ambiente, si un gran número de personas no puede satisfacer actualmente sus necesidades domésticas básicas? Si no se tiene acceso al agua potable y se necesita leña para hervir el agua, ¿se preocupa uno por la deforestación? O si se tiene que manejar o viajar una gran distancia para ir a trabajar todos los días, ¿estaría uno dispuesto a mudarse a otra ciudad o a cambiar de trabajo para no contaminar el aire con los gases de escape del vehículo?”[3]

Desde hace décadas la arquitectura también reconoce unos dilemas propios que recientemente se han vuelto tema de primera página. Los arquitectos, conscientes del despilfarro energético y los altos índices de huella de carbono generados por ciudades y edificios, se han ido convenciendo de que la arquitectura debería también ser sostenible. Sin embargo, estar conscientes no implica que se haga “algo” o se sepa qué hacer. De momento, vamos en creer que se trata de “algo” muy importante y que, en efecto, algo se debería hacer. Con miras a saber qué hacer, un premio como el reciente debería alegrarnos por la implicación de tener en casa un experto mundial en el tema. Sin embargo, el premio no se debe a que los edificios mencionados sean ejemplos mundiales en utilización de recursos o reducción de huella de carbono, sino a que éstos son ejemplos de Sostenibilidad social.
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En otro informe periodístico, Amira Abultaif Kadamani emula un encomio para la biblioteca España formulado anteriormente por Miquel Adriá, según el cual los sicarios se reemplazaron por orquídeas.[4] Para Kadamani: “Haber logrado que el antiguo fortín inexpugnable de los sicarios de Pablo Escobar en los 80 se convirtiera en atracción turística y orgullo para los habitantes de Santo Domingo Savio, barrio de la Comuna Uno de Medellín, más que una hazaña fue un hito”. Conservando la lógica de la oración, diría Kadamani que debido a la arquitectura de un arquitecto, el barrio ya no es un fortín de sicarios sino una atracción turística; y aunque esto suene a hazaña, no lo es porque es un hito. Este tipo de argumentación mediante la cual un edificio se convierte en un soldado que combate el narcotráfico y la guerrilla, equivale a reafirmar la parodia según la cual si hay dos personas y dos pollos, y una de las dos se come los dos pollos, se incrementa el consumo per cápita del país, la pobreza disminuye y el PIB aumenta. Se trata obviamente de un argumento en el que de una premisa no se sigue la otra, a pesar de que todo el aparato publicitario dedique a ello sus mejores estrategias. Y aún si el PIB engorda, por más que la falaz conclusión se repita cien veces, alguien se queda sin pollo.

Más allá de replicar la falacia de Adriá, Kadamani le pregunta a Mazzanti ¿Qué es la arquitectura bioclimática? Responde Mazzanti que la arquitectura bioclimática consiste en: “recoger el agua lluvia, utilizar las condiciones ambientales exteriores para generar corrientes de aire y ventilación en vez de usar aire acondicionado. Pero creo que el tema debe ir mucho más allá, y eso implica una forma diferente de entender la sociedad y el medio ambiente. La sostenibilidad no consiste sólo en mejorar las condiciones energéticas, en no tumbar árboles o en ponerle pasto al techo de un edificio. Eso es bastante ingenuo.”[5] Parecería entonces que la definición deja de ser ingenua cuando se incorporan “lo social” y “lo ético”; con lo cual no habría problema si con ello no se sacudieran unos y otro, de “lo técnico”. En realidad, la respuesta minimiza los aspectos técnicos del tema, del mismo modo que las estadísticas falsean los resultados del consumo de pollo, y del mismo modo que lo hace el jurado para poder premiar “lo social”.

Mediante el olvido voluntario de la “defensa del medio ambiente y las energías renovables”, el jurado parece afirmar, una vez más, el valor icónico de los edificios y el valor de los proyectos de inclusión social mediante los cuales las alcaldías de Bogotá y Medellín han resuelto monumentalizar la periferia y dignificar la vida de los habitantes marginales. Asumiendo que cualquier organización está en su derecho de premiar al que le parezca, ¿nos equivocamos al no entender que el premio a la sostenibilidad es para las alcaldías de Bogotá y Medellín por la inclusión social, llamada para el caso sostenibilidad social; y nos equivocamos al creer que la sostenibilidad arquitectónica es apenas un disfraz inventado por el jurado para justificar el premio a unos edificios que además de importantes considera emocionantes? O ¿se equivoca el jurado al olvidar la diferencia entre una imprecisamente llamada arquitectura social y una eventual arquitectura sostenible, preocupada, en principio, o por principio, en resolver asuntos relacionados con el consumo energético, la utilización de materiales y el mantenimiento de un edificio?

En mi opinión, se equivoca el jurado. Impresionado tal vez por fotos y hechos como que si un edificio ha sido publicado más de un centenar de veces, “por algo tiene que ser”, se olvida que uno no come yerba sólo porque “millones de vacas no pueden equivocarse”. Se olvida también que la sostenibilidad arquitectónica tiene unos componentes mínimos como los definidos por un estándar como el LEED; un reconocido sistema internacional para medir técnicamente la sostenibilidad a partir de variables como ahorro de energía, eficiencia en el consumo de agua, reducción de emisiones de CO2, mejoramiento de las condiciones ambientales interiores y sensibilización en el manejo de recursos y desperdicios.[6] Se olvidan de todo, tal vez, porque como ya es frecuente con estos jurados, no conocen los edificios y los juzgan como proyectos de taller o de concurso, a partir de imágenes y discursos.

Juan Luis Rodríguez

NOTAS

1 http://www.espanol.rfi.fr/americas/20100511-el-arquitecto-colombiano-giancarlo-mazzanti-recibe-premio-en-francia

2 http://ioc3.unesco.org/icam-lac/images/upload/enfoqdesarrollosostenible.pnghttp:

//www.google.com.co/images?hl=es&q=desarrollo+sostenible&um=1&ie=UTF-8&source=univ&ei=T08ATLiBOIP68AamkoHwDQ&sa=X&oi=image_result_group&ct=

title&resnum=7&ved=0CEQQsAQwBg

3 http://www.worldbank.org/depweb/spanish/sd.html

4 http://www.elpais.com/articulo/arte/sicarios/orquideas/elpepuculbab

/20080621elpbabart_8/Tes

5 http://www.eltiempo.com/culturayocio/credencial/

arquitectura-hay-que-deshacerse-de-la-arquitectura-del-miedogiancarlo-mazzanti_77292051

6 http://www.usgbc.org/DisplayPage.aspx?CMSPageID=1988

LEED is an internationally recognized green building certification system, providing third-party verification that a building or community was designed and built using strategies aimed at improving performance across all the metrics that matter most: energy savings, water efficiency, CO2 emissions reduction, improved indoor environmental quality, and stewardship of resources and sensitivity to their impacts.

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Juzgar edificios como proyectos

Mayo 4 – 2010

Versión ampliada y revisada para Torre de Babel del artículo Autonomía sin vergüenza, publicado en Escala No.213, febrero de 2009

Durante 2008 hubo tres bienales cuyos fallos son cuestionables desde el punto de vista de la coherencia y calidad de sus argumentos: la VI Bienal Iberoamericana (BIAU), la XXI Bienal Colombiana y la XV Bienal de Quito.

La banalidad de los fallos caracterizó los dos eventos internacionales. La bienal local, a su vez, además de una pobreza conceptual similar, generó dos anomalías lamentables: la primera al otorgar un premio compartido para siete obras, fallo que al constituir una contradicción estatutaria debió modificarse. La segunda anomalía se dio al tratar de enmendar el error, cometiendo la torpeza adicional de aumentar de siete a nueve el número de obras resaltadas en el acta. Con lo cual, la defectuosa lógica parece haber seguido el razonamiento de otorgar el premio a una nueva obra, diferente a las siete anteriores, pues elegir uno se hubiera prestado para más problemas de los que ya tenían.

A continuación comento los juicios emitidos por el jurado de estas bienales. Espero hacer evidente que en lugar de eventuales ejemplos de reflexión y promoción para el desarrollo y avance de la profesión, este tipo de fallos y actitudes constituyen muestras de retroceso, irreflexión y banalidad.

VI Bienal Iberoamericana

Comienza el acta diciendo:

El Parque y Biblioteca España es una obra de profunda significación cultural, merecedora del Premio en cuanto conjuga con calidad superior todos los aspectos que el Jurado consideró a los efectos de su valoración, destacándola del conjunto de Obras Seleccionadas.

Con una apertura así, parecería que se anuncia la explicación de “todos” los aspectos considerados por el jurado. Y en efecto, procede a listar una serie de aspectos:

El planteo espacial, formal, funcional y de relación con el paisaje, se justifica y explica en la memoria presentada por los autores: “…más que un edificio se propone la construcción de una geografía operativa… Un edificio-paisaje que redefine y tridimensionaliza la estructura plegada de las montanas como forma y espacio”.

Sin embargo, de manera inusual, y a mi modo de ver torpe, el jurado acude a la “memoria presentada por los autores” para destacar algo que evidentemente considera significativo: que el edificio es valioso porque es un “edificio-paisaje” cuya relación con las montañas es positiva en tanto genera una “geografía operativa”. Si bien para los autores la definición de la estructura plegada de las montañas es una intención válida, y para el jurado esto es un valor positivo y suficiente; en mi opinión se trata más bien un significante vacío. La terminología alude al parecer a una intención “poética” pero reto al lector a que sustituya “estructura plegada” y “geografía operativa” por geografía plegada o estructura operativa, a ver si le resulta alguna diferencia. O también, para entender qué puede ser un edificio-paisaje, trate el lector de pensar cómo sería un edificio que no sea paisaje y resulta que cualquier edificio, aunque por definición, no es paisaje, se puede integrar con, oponerse a, o entrar en algún tipo de relación con el paisaje; y cualquiera de las opciones podría considerarse un valor positivo o negativo, según las intenciones de quien propone y de quien observa. Si la biblioteca España se integra, se opone o se relaciona con el paisaje, no se puede saber mediante el acertijo propuesto por los proyectistas. Y menos mediante la cita del acertijo por parte del jurado. Un edificio-paisaje puede ser cualquier cosa.

Continúa el acta:

La volumetría simple y variada, unitaria y diversa, real y virtual, comunica con acierto evidente una propuesta “naturalmente artificial” en un área marcada por la carencia material, la desintegración social y el vacío cultural.

Dejemos de lado el posible aspecto seudo multiculturalista de lo “simple y variado”, “unitario y diverso”, “real y virtual”–que tal vez deba entenderse en clave culturalista pero es más fácil con la lógica de Cantinflas– y detengámonos en el “vacío cultural”. Este vacío, si lo hay, parece más del lado de unas pretensiones para-arquitectónicas que deslumbran a unos jueces ignorantes que llaman vacío cultural al desconocimiento de la cultura local. El programa de inclusión social es un proyecto de la alcaldía de Medellín que condicionaba a todos los participantes; una condición del encargo que seguramente hubieran logrado otros edificios. En cualquier caso, si una obra ha de tener un valor terapéutico como valor arquitectónico, lo que autor y jurado deben hacer es explicar en qué consiste y en qué medida la obra en cuestión remedia los males sociales; implicando desde luego, que esta virtud es exclusiva del ganador.

Continúa el acta:

Como respuesta a un programa de inclusión social el Parque y Biblioteca España cumple cabalmente con su cometido, en cuanto permite desarrollar las posibilidades de encontrar, por parte de la población servida, las bases de identidad enraizadora con el sitio e integradora en lo social que le permita proyectarse en el tiempo.”

Cumplir el cometido parecería significar en este caso que el edificio se propone algo que no era parte del encargo. Una vez más, al jurado se le cruzan los cables entre las intenciones del proyecto social que hacen parte del encargo, las intenciones del proyectista, y lo que el edificio es como obra o cosa material. Aparte de lo oscuro y rebuscado de los términos “identidad enraizadora con el sitio” e “integradora en lo social que le permita proyectarse en el tiempo”, debería bastar con anotar que esto mismo –identidad con el lugar e integración social– lo hubieran logrado tres paralelepípedos puristas, en concreto blanco, con vista al valle y con alfajías en las ventanas.

Continúa el acta:

Por otra parte, no son menores los valores del espacio interior con una propuesta de extrema sobriedad en los recursos y neutralidad en los acentos físicos.

Esta es la última frase del fallo. Consideremos que no dice que los valores del espacio interior son “X” y “Y” sino que los valores del espacio interior “no son menores”, con lo cual se estaría diciendo que, en realidad, la sobriedad y la neutralidad son valores “mayores”. Pero, ¿Qué significa que un edificio como este sea sobrio y mesurado, y por qué esto es un valor positivo y no negativo? En otras palabras, aunque la sobriedad y la mesura son virtudes referidas al comportamiento humano, en arquitectura y por obra de la crítica, se hicieron virtudes de la arquitectura moderna y se han utilizado durante décadas para celebrar unas cualidades referentes a la sencillez formal y la ausencia de pretensiones esteticistas. Asumiendo que el jurado quiere celebrar la contemporaneidad como algo diferente a la modernidad del edificio, ¿en qué nuevo sentido pretende utilizar las virtudes de la sobriedad y la mesura? Cualquier lector puede desarrollar su propia versión de esta frase y cuestionar si se trata de un edificio sobrio, respondiendo que le parece esquizofrénico; o bien que no es neutro sino, por el contrario, desafiante y parcializado. Pero ¿qué significa para el jurado?. Sobre esta pregunta el acta no da la menor pista.

XXI Bienal Colombiana

Después de una introducción en la que se presenta al jurado y se celebra la calidad general de “los proyectos”, el acta de la bienal colombiana destaca ciertas virtudes generales de la muestra, en relación con el tema particular de la convocatoria:

La cuidadosa y adecuada inserción de los proyectos analizados en sus contextos físico y cultural, su excelente factura, según se colige de los documentos allegados, honran en forma especial el tema de la Bienal: Construyendo valor con la poética del lugar.

En este párrafo hay por lo menos dos evasivas significativas. Si uno se detiene en: “según se colige de los documentos allegados”, se revela una forma pretendidamente elegante de sacudirse de la construcción como un requisito indispensable. Lo que se colige de los documentos debería permitir verificar la “excelente factura”, por ejemplo, mediante planos constructivos o informes técnicos de certificación corroborados por fotos o videos específicos; o por algo que verifique la excelencia, distinto a unas fotos cuidadosamente tomadas o mandas a tomar por los autores para mostrar lo mejor de cada obra.

Segunda evasiva. Si uno se detiene en el “honran en forma especial…la poética del lugar” resulta que así como en el acta de la BIAU se podría intercambiar sin que nada pasara la retórica de los términos paisaje y geografía, en este caso daría lo mismo si la convocatoria hubiera invitado a Cuidar la tierra, como en la más reciente bienal chilena. El acta local diría entonces “honran en forma especial…cuidar la tierra”. En el libro de la bienal, Ricardo Navarrete y Fabio Giraldo explican lo que para cada uno de ellos significa Construir valor con la poética del lugar, sin embargo, el acta no se alude a ninguna de estas eventuales definiciones, como tampoco lo hacen los participantes. Los textos fueron escritos como primicia para el libro pero no para orientar a los participantes y menos a unos jueces “autónomos”.

Jurados de este tipo en convocatorias de este tipo no tienen inconveniente en juzgar un edificio sin conocerlo, como tampoco tienen inconveniente en explicar sus fallos con una jerga como la comentada. Tampoco ven inconveniente en la imposibilidad de verificar si los edificios están, en efecto, bien o mal hechos y cómo funcionan.
Cualquier preocupación argumentativa se intercambia por frases retóricas puestas para evadir el tema de considerar la especificidad de las obras, y para disimular que lo juzgado, en lugar de cosas materiales, son fotos, planos, intenciones y discursos con frases coquetas; valorando ideas, imágenes e intenciones, como se hace en los talleres de arquitectura, y poniendo entre paréntesis la realidad construida de los edificios; algo por definición diferente a un proyecto, pero que en el medio coloquial de los juzgados arquitectónicos se maneja sin rubor como si fueran lo mismo.

Continúa el acta:

Luego de una extensa deliberación, debido a la excepcional calidad de las obras opcionadas al premio Fernando Martínez Sanabria, de las diferentes tipologías, entornos geográficos y culturales, la diversidad de materiales de la construcción, la variedad temática y de la escala de los proyectos, se decidió, en primera instancia, otorgar este reconocimiento de manera compartida a los siete proyectos que se consideraron más representativos.

Después de leer por segunda o tercera vez se entiende que la intención de la megafrase es afirmar que el jurado consideró muchos aspectos, y los encontró todos presentes. No que unas obras se caracterizaban por su manejo tipológico, otras por el manejo del entorno y otras por el manejo de los materiales; tampoco que las virtudes de unas no eran comparables con las de las otras y que por ello decidieron dar un premio compartido, en parte porque debido a la excelencia de todas, y llegados a determinado punto, la comparación se hizo imposible. En cambio, listan una cadena de virtudes y dan a entender que las siete obras empataron en virtud; motivo por el cual, al parecer, el premio debía ser múltiple. Pero tampoco lo dicen.

Como la vaguedad deja abierta la puerta a la especulación y la suspicacia, si las denuncias de Isaac Broid publicadas inicialmente en la página de Escala y republicadas en el mismo número en que aparece Autonomía sin vergüenza, parecería más bien como si Broid no hubiera podido convencer a sus colegas de que la Biblioteca España debía ganar; y en cambio, sí los hubiera convencido de que los siete en discordia debían hacerlo. Como era de esperar, cuando lo llamaron a cambiar el fallo prefirió retirarse. La SCA, no obstante, optó por hacerlo aparecer como un debate, modificando un acta previamente firmada.

Sin embargo, atendiendo expresamente a lo consignado en el reglamento interno de la Bienal, el cual es preciso en la disposición de otorgar un solo premio para cada una de las categorías, se reconsideró esta opción.

Nuevamente, si la denuncia de Broid es cierta, esta dulzona afirmación constituye una mentira monumental por cuanto la opción se reconsideró varios meses después, no se sabe si para disfrazar el problema de que una parte del jurado quería darle el premio a la Biblioteca España, y otra no; o simplemente porque la SCA no supo qué hacer con la “pelotera” que se había formado con el premio de la BIAU y las denuncias que se habían levantado alrededor del fallo. De nuevo aparecen la suspicacia y la duda a las que invitan la falta de claridad y argumentación del fallo. El jurado, o la SCA, decidió entonces tomar el atajo de otorgar, primero, un premio compartido, y luego, tomando otro camino aún más corto, darle el premio a un edificio por fuera de la discordia de los siete iniciales.

Todo esto pertenece al campo de la especulación. Una especulación fundamentada en las aclaraciones de Broid, en la lectura atenta del acta, en la lectura de los textos del libro de la XXI Bienal, y en el conocimiento histórico de las actas y polémicas generadas por bienales anteriores en Colombia.

La aclaración sobre el salvamento de voto dentro del acta modificada merece ser recordada, lentamente, afirmación por afirmación:

…no sin antes sostener una discusión en torno a la norma,
…lo que ocasionó, por el desacuerdo manifiesto,
…la abstención del juzgamiento de uno de los jurados.
…A causa de lo anterior,
…el resto del equipo decidió
…darle este premio a Cenizarios del Gimnasio Moderno.

Continúa el acta:

En esta misma categoría se otorgaron las siguientes menciones:

Recordemos que el premio lo iban a compartir siete obras. No obstante, después del ganador aparecen listadas ocho más para un total de nueve: las siete iniciales que tenían, al parecer, un séptimo de premio cada una; mas una de última hora que sumada a la ganadora, eventualmente también de última hora, da nueve. No siete sino nueve.

Ante lo cual brota una nueva suspicacia sobre la decisión a posteriori de revisar el fallo e incluir dos obras (bogotanas) adicionales a las siete anteriores (antioqueñas). La anomalía del acta se remata incluyendo dentro de la misma una autodenominada responsabilidad:

Conscientes de que una de las responsabilidades fundamentales de la Bienal Colombiana de Arquitectura es reseñar para la historia lo mejor de la arquitectura que se construye en el país, se hizo la siguiente selección,
atendiendo exclusivamente a este criterio.

…y a continuación se relacionan cuarenta y un obras más en el acta, para un total de cincuenta. El criterio no alude a “la poética del lugar” sino a “reseñar para la historia”; un criterio inventado por el jurado que aparece y desaparece recurrentemente en la historia de las bienales colombianas en forma de un “mensaje” que unos jurados deciden mandar y otros no. Bastaría con que hubiera estado desde el comienzo como parte de la convocatoria, pero tampoco. Y no lo estuvo, continúo especulando, porque la convocatoria no ofrece criterios para el juzgamiento sino que invita importantes personalidades a que “interpreten” lo que pueda significar para ellos, en su sapiencia y autonomía, una coquetería como Construir valor con la poética del lugar.

Ubiquémonos en el tiempo. El fallo de la Bienal Iberoamericana de Lisboa se anunció el 2 de mayo. El fallo de la Bienal Colombiana se anunció el 1 de octubre pero está firmado el 8 de mayo, aunque modificado posteriormente sin dejar constancia de ello, seis días después del anuncio desde Portugal, Y el fallo de la Bienal de Quito, aunque se anunció el 20 de noviembre, está firmado el 16 de septiembre, es decir, dos semanas antes de que se hiciera público el resultado de la bienal colombiana en Cartagena. Si asumimos que la carta de Isaac Broid al director de Escala es veraz y que la decisión se modificó, en efecto, “meses después”, la fecha del 8 de mayo para el acta de la bienal colombiana sería falsa, lo mismo que la supuesta autonomía del jurado.

XV Bienal de Quito

El fallo quiteño es breve, desafiantemente breve:

PRIMER PREMIO BIENAL: Trabajo registrado con el numero 945. Para el Jurado – 945 – los tres monolitos en las alturas de Medellín, acompañan a los habitantes del lugar y les muestran los ejes de la visión y de la contemplación de la futura transformación del poblado informal en ciudad.

Quito, 16 de septiembre de 2008

De rocas, pliegues y geografía operativa se pasó a “tres monolitos en la alturas de Medellín”. Una nueva metáfora formal que reitera el poder icónico del edificio pero nada dice sobre la calidad espacial y material del edificio que para entonces había sido fuertemente cuestionado. Unas formas que supuestamente “acompañan a los habitantes del lugar”, tal como los acompañaría cualquier otro edificio con estas dimensiones y este programa, en este sitio. Además, “ les muestran los ejes de la visión y de la contemplación de la futura transformación del poblado informal en ciudad”.

Parece, una vez más, que ante la falta de conocimiento del edificio y su entorno de carne y hueso, los jueces optaron nuevamente por juzgarlo como se juzgan los talleres y concursos de arquitectura: como proyecto e intención, a partir de fotos y afirmaciones construidas estratégica y retóricamente para seducir. Como declaratorias de buena fe pero no como obras materiales. Como edificios.

¿Ejes de la “visión” y Ejes de la contemplación del futuro?. En esta trabazón de significados debería ser evidente que hay, por lo menos, un problema de escritura. ¿“Contemplación de la futura transformación del poblado informal en ciudad”? Se trata, en mi opinión, de una nueva pizca de condescendencia conservadora con la pobreza, sobre un sitio y un edificio que al parecer, y como reedición del fallo BIAU, ninguno de los firmantes del acta de Quito parece conocer. Como ninguno de los de Portugal, en efecto, conocía.

Una vez más, para el jurado de turno parece necesario encubrir su falta de interés por las cualidades espaciales y técnicas del edificio, con afirmaciones de corte social pretendidamente profundo. Con lo cual se evidencia, más bien, el profundo desconocimiento de un entorno ante el cual se ven forzados a anteponer un halo retórico que difumine la falta de conocimiento.

Si como lector alguien espera razones y argumentos, en cualquiera de estas actas encuentra, en efecto, razones de corte social, político, morfológico y simbólico; pero no razones técnicas y espaciales. Tal vez sea mucho pedir a un jurado que en unos pocos días de encierro tiene que juzgar cincuenta o cien obras, que saque tiempo para escribir un acta razonada mediante la cual la comunidad arquitectónica se pueda enterar de los valores arquitectónicos de una obra premiada. Si les queda tiempo, después de hablar de arquitectura, podrían respaldar sus razonamientos con aspectos como la relevancia político-social.

Invocando a Montesquieu

No debería corresponder al jurado, sin embargo, legislar y juzgar a un mismo tiempo. La legislación correspondería a la entidad que convoca, como le correspondería suministrar a los invitados de turno, las reglas de juego de una competencia cuyo objeto puede ser la selección de la arquitectura más poética, la que más cuida la tierra, la que tenga mayor valor de innovación o invención; incluso, la arquitectura con el mayor compromiso político o la que se quiera instituir como modelo político para el país, que en aras de las circunstancias se propone “invitar” a su institucionalización como un modelo, así no se trate de una cualidad arquitectónica. Pero que se sepa a qué se juega, claramente y por anticipado.

Por definición, los objetivos de los jurados en derecho y arquitectura son diferentes. En derecho, un jurado falla sobre eventuales delitos; en arquitectura, un jurado falla sobre eventuales grandes obras de arquitectura. En derecho, sin embargo, está fuera de discusión que las decisiones de cualquier juez deben ser razonadas, convincentes y coherentes con las reglas de juego vigentes, bien si corresponden a leyes previas o a leyes construidas sobre la marcha, Se trata de un campo en el que lo sugerente o falto de precisión es indeseable. En derecho, no obstante, hay dos sistemas jurídicos: Derecho escrito y Derecho consuetudinario.

En el sistema jurídico colombiano -Derecho escrito, heredado del sistema francés– los jueces, por principio, no pueden legislar y juzgar simultáneamente. Hay un grupo de expertos, los legisladores, que hace la ley; y otro grupo diferente de expertos, los jueces, que la interpretan y aplican. En este sistema, el que los jueces sean “arte y parte” se considera incorrecto e inconveniente. De otra parte, en el sistema jurídico inglés, conocido como Common law o Derecho consuetudinario, los jueces sí pueden actuar como legisladores, siempre y cuando demuestren la necesidad de la “nueva ley”, justificada en la inexistencia de una ley vigente. Desde luego, en cualquier caso, ningún juez convertido en legislador está exonerado de explicar y argumentar su juicio; menos acudiendo a estrategias como que su investidura, trayectoria y honorabilidad se lo permiten.

El sistema de las bienales colombianas es “autónomo”, lo que significa que falla según el jurado de turno, sin atender precedente o constitución alguna. En cada caso, este jurado autónomo puede definir o inventar los criterios de valoración y con éstos justificar a posteriori cualquier decisión. Lo que no hacen estos jueces de ocasión y que el análisis de los tres fallos pretende haber demostrado es argumentar. En cambio, hemos visto cómo sus juicios adquieren la monárquica fórmula de así es porque nosotros tenemos la trayectoria para tener la autoridad de juzgar. Pero traducido al lenguaje coloquial se convierte en porque puedo, quiero y no me da miedo.

Sin considerar las eventuales virtudes o defectos arquitectónicos de las obras ganadoras –Biblioteca España y Cenizarios del Gimnasio Moderno– este análisis se detuvo en la retórica de las actas, primero para evidenciar que el conjunto de los tres fallos constituye un mal precedente crítico; y segundo para plantear la necesidad de elaborar unas Reglas de juego mediante las cuales los participantes, el jurado y el público sepan de antemano a qué atenerse, sin esperar a qué los jueces de turno se inventen cada vez su propio sistema de valoración.

Si seguimos esperando que los jurados de arquitectura actúen como jueces y legisladores, nos vamos a quedar esperando a Godoy. En lugar de frases sugerentes como la poética del lugar o cuidar la tierra, la invitación a participar en una bienal debería estar acompañada de una legislación que defina unos criterios de juicio, reglas de juego, que funcionen, primero para convocar y juzgar, y segundo para socializar y presentar los resultados al público mediante un lenguaje que permita la discusión.

Propongo un sistema posible en el artículo Medio ambiente e innovación. Criterios de juicio para la bienal XXII. La propuesta fue publicada por la Universidad Javeriana y está a la espera de ser aceptada y complementada, o refutada y superada.

Juan Luis Rodríguez

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Debate sobre la Biblioteca España-segunda parte-publicado en [esferapublica]

 


Fecha: junio 23-2008

Tema: Proyecto editorial, Crítica de la Arquitectura en Colombia, 2008

Para: todos los interesados

De: Juan Luis Rodríguez

El Debate España fue una discusión entre arquitectos que se que se dio inicialmente a través de correos electrónicos, con motivo del premio de la Bienal Iberoamericana de Arquitectura al Parque biblioteca España en Medellín, obra de Giancarlo Mazzanti. La primera secuencia de correos se publicó en el portal Esfera Pública. en tres partes. Posteriormente, hubo una Cuarta parte, publicada directamente en el mismo portal por los participantes.

Me interesé en el debate como complemento del tema de los fallos del jurado en los premios anuales y bianuales en Colombia, desde el primero en 1962, hasta el presente. En relación con este interés, creo que el fallo de la bienal iberoamericana es de especial importancia porque señala positivamente un edificio en Colombia, y porque asumo que este señalamiento deberá repercutir de alguna manera en el juzgamiento de la próxima bienal colombiana.

Lo que ahora propongo es trascender el debate de la biblioteca con un proyecto de libro o revista sobre crítica en Colombia, que se llame Cuarta parte. Las primera tres partes habrían sido las publicadas en el Esfera Pública. El proyecto consistiría en escribir nuevos textos, o reescribir algunos de los presentados, y utilizar esta página para debatirlos y afinarlos. Más adelante, con el debido academicismo editorial, habría que convertirlos en artículos para una publicación sobre crítica de arquitectura en Colombia.

Inicialmente, debería bastar elaborar o reelaborar consideraciones de cualquier tipo sobre edificios hechos en Colombia, y sobre problemas de la cultura arquitectónica nacional; consideraciones que identifiquen y juzguen lo que está pasando y dejando de pasar en arquitectura, en el país. Algo así creo que debería incluir dos o tres textos sobre la bienal y la Biblioteca España, pero se necesitaría bastante más.

Edificios y problemas de la cultura arquitectónica en Colombia, por un lado; argumentaciones coherentes por otro, constituirían, en principio, las únicas reglas. Para consolidar un proyecto editorial tendríamos que definir otras reglas, hacer una selección, armar un comité editorial y desde luego, conseguir una plata para la publicación. Si tenemos material suficiente en cantidad y calidad, nada de esto debería ser un problema.

 

Como se ve en la primera parte de la edición para Esfera Pública, el tema del fallo fue uno de los dos con que se abrió el debate. Benjamín Barney, Sergio Trujillo y Leonardo Rodríguez lanzaron algunas preguntas y opiniones, sin mayor repercusión posterior. Aprovecho la ocasión para pedirle a cualquiera que pueda inducir a uno o dos de los jurados, a escribir en Esfera Pública, debatiendo las opiniones que Sergio ha llamado “metalenguaje encriptado”, “desatinado”, “impertinente” y de “insufrible prepotencia intelectual”.

Saludos y buenas ideas,

Juan luis Rodriguez

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El día 26 de junio de 2008 16:17, benjamin barney <moderadores@esferapublica.org> escribió:

Hola Jorge
El asunto es que la arquitectura no solo es arte, como lo dijo Loos, o al menos no solamente lo es, como tanto insistió Salmona.
Por eso su contextualidad es tan importante como su «significado»,  su funcionalidad como su sostenibilidad (los edificios no bioclimáticos son de los mayores responsables de los gases efecto invernadero) y su confort como su seguridad (son los que matan y no los incendios, terremotos y huracanes). Además deben ser renobables pues son muy costosos y además pasan a ser parte de la memoria colectiva de una ciudad.
Le incluyo mi síntesis sobre el debate que suscitó el premio, que es lo importante, en lo que estamos de acuerdo.

Benjamin Barney


DEBATE A LA ARQUITECTURA ACTUAL EN COLOMBIA

Benjamín Barney Caldas

Los premios suelen suscitar opiniones encontradas pero cuando alguno es muy cuestionable deja en evidencia a los que creen equivocadamente que entre gustos no hay disgustos. Como esos periodistas de farándula que aplaudieron la Biblioteca de Santo Domingo en Medellín, Colombia, sin conocerla ni enterarse de sus inconvenientes, solo porque ganó recientemente en Portugal la VI Bienal Iberoamericana de Arquitectura y fue inaugurada por Sus Majestades, lo que consideran un honor para el país. Pero que apenas dicen de su arquitectura que es de “meteoritos” y de su autor que es “costeño”. O como esos arquitectos necesitados del elogio mutuo que corrieron a consagrarla como la nueva arquitectura colombiana deseando que, muerto el arquitecto Rogelio Salmona, pues a rey muerto rey puesto. Menos mal que este premio, interesado mas que interesante, sirvió al menos para iniciar un debate público sobre esa arquitectura espectáculo que en Colombia apenas se inicia, mientras en Europa está llamada a su desaparición “para formar parte de la historia” como lo cree, entre otros, Arturo G. de Terán (El arte en la arquitectura de hoy hacia mañana, 2008).

El hecho es que, desde nuestra “Independencia”, hace dos siglos, casi todo nos llega tarde y de afuera. Jurados, desconocidos para muchos en Colombia, premian allá, en Lisboa, lo que no todos ellos conocen, aquí, en Medellín, basándose solo en unos pocos planos y fotografías, la mayoría de volúmenes, como lamentablemente pasa en nuestras bienales. Premios que luego influyen en lo que hacemos en el país. No importa que el “exteriorismo” actual, como lo llama Jaime Sarmiento (La arquitectura de moda, 2006), no considere nuestra realidad. Como esa presumida biblioteca de Giancarlo Mazzanti en Medellín, que ignora la barriada pobre en que está y su escaso espacio urbano público, con su equivoco significado, dudosa bioclimatización, carencia de confort, funcionalidad, facilidad de mantenimiento y seguridad, e imposibilidad de flexibilidad, adaptabilidad y reciclaje. Arquitectura efectista que no es el camino en el trópico hispanoamericano, como tampoco lo es en Europa la Casa de la Música de Porto, de Rem Koolhaas, uno de sus referentes, la que tampoco es allá la nueva arquitectura portuguesa sino apenas un ruidoso gesto de nuevo ricos en esa bella ciudad, amen del pésimo ejemplo de que parte de su espacio construido no se puede usar –ni ver- y sus escaleras y salidas son una trampa en una emergencia.

La buena arquitectura no se puede globalizar pero, paradójicamente, su frivolidad actual se da cuando el avance constructivo y la proliferación de nuevos materiales por todo el mundo, hicieron posible para los arquitectos el paradigma de Marcel Duchamp, en el sentido de que es la voluntad del artista lo que vuelve arte cualquier cosa, como su famoso orinal, que dio inició al arte conceptual. Por eso dice Ernest Gombrich que el arte no existe, sino solo los artistas que proponen nuevos problemas artísticos o los desarrollan. Pero muchos de ellos, en el afán del cambio generacional, del que también él habla (Historia del Arte,1949), lo tomaron literalmente pese a que con apenas proponérselo no basta, como resultó evidente con la crisis actual del arte. Y desde luego mucho menos en arquitectura pues, como insistió tanto Salmona, no solo es arte, sino también función y técnica. Por supuesto esto tiene graves consecuencias pues estamos dañando nuestras ciudades con los edificios triviales, impertinentes y trasnochados que, en general, estamos hoy haciendo.

Pero solo con una crítica, teoría e historia serias se dará un debate culto y amplio; y de ahí fructífero. La democracia verdadera es sobre todo cultural y no apenas política. Es la que permite que los ciudadanos convivan pacífica y estimulantemente al acceder a sus ciudades en tanto que obras de arte colectivo. Por eso es necesario continuar con el debate público sobre esa arquitectura espectáculo cuya moda que nos llega con los premios, las bienales y las revistas. Un debate que nos tendría que interesar a todos y no apenas a los arquitectos y que por eso debe ser público. En consecuencia, es pertinente analizar el Acta de la VI Bienal Iberoamericana de Arquitectura. Dicenen ella los arquitectos Antonio Toca de México, Ricardo Carvalho de Portugal, Rosa Grena Kliass de Brasil, Beth Galí y Juan Miguel Hernández de España, y Nelson Inda de Uruguay, para “justificar” el premio ala mencionada biblioteca de Medellín, que:

“El Parque y Biblioteca España es una obra de profunda significación cultural, merecedora del Premio en cuanto conjuga con calidad superior todos los aspectos que el Jurado consideró a los efectos de su valoración, destacándola del conjunto de Obras Seleccionadas. El Parque y Biblioteca España es la respuesta arquitectónica a un programa que relaciona múltiples servicios culturales en la atención a un área de la Ciudad de Medellín especialmente conflictiva.

El planteo espacial, formal, funcional y de relación con el paisaje, se justifica y explica en la memoria presentada por los autores: “…más que un edificio se propone la construcción de una geografía operativa… Un edificio-paisaje que redefine y tridimensionaliza la estructura plegada de las montanas como forma y espacio…”

La volumetría simple y variada, unitaria y diversa, real y virtual, comunica con acierto evidente una propuesta “naturalmente artificial” en un área marcada por la carencia material, la desintegración social y el vacío cultural. Como respuesta a un programa de Inclusión Social el Parque y Biblioteca España cumple cabalmente con su cometido, en cuanto permite desarrollar las posibilidades de encontrar, por parte de la población servida, las bases de identidad enraizadora con el sitio e integradora en lo social que le permita proyectarse en el tiempo.

Por otra parte, no son menores los valores del espacio interior con una propuesta de extrema sobriedad en los recursos y neutralidad en los acentos físicos.”

Aparte de la lamentable redacción del acta, como lo ha señalado el profesor Germán Téllez, ¿cuáles son los aspectos que el Jurado consideró? Muy cómodo para ellos que parte de la memoria del proyecto pase a ser una porción del acta y que la escueta descripción del programa reemplace su razonamiento. Por que ¿qué es eso de geografía operativa, edificio-paisaje, tridimencionalizar o cual estructura plegada? ¿Qué lo de “natural artificial”? Y desde luego la volumetría de la biblioteca no es simple, unitaria, ni virtual, ni sus espacios interiores son sobrios ni neutros. Todo lo contrario y, naturalmente, son artificiales, como lo es en esencia la arquitectura. Por lo demás, queda la impresión de que el Jurado no constató en Medellín que el Parque Biblioteca España, como llaman a la biblioteca, cumpla cabalmente con su cometido, y por supuesto es demasiado pronto para asegurarlo como si nada. Y hablando de parques ¿cuál fue el que vieron?

Los arquitectos, en la medida en que intervenimos en ciudades que son de todos, y tan de antes como de ahora, tenemos que aprender a concentrarnos en lo razonable de las críticas que suscitan nuestros edificios, más que en los supuestos motivos personales de los críticos. A argumentar mas que vilipendiar. Si no tenemos temor a que se construya todo lo que diseñamos, mucho menos lo deberíamos tener a que se lo discuta públicamente. Debate indispensable para poder crear ese útil «trasfondo meditativo» del que habla Milan Kundera (François Ricard: La littérature contre elle-mème, 1990). Reflexiones que nos permitirían desarrollar una teoría convincente que evite que nos volvamos arbitrarios o repetitivos (Hanno-Walter Kruft: Historia de la teoría de la arquitectura, 1990), y a entender y aclimatar el simple gusto propio tornándolo complejo, pertinente, colectivo y responsable. Ético, en una palabra, y no apenas estético.

Si bien hay muchas funciones nuevas y la arquitectura ahora cuenta con un gran avance técnico, sus formas no permiten casi nada totalmente nuevo; solo unos pocos sólidos platónicos, y sus espacios correspondientes, pero sí muchas derivaciones y combinaciones. Por eso los arquitectos prudentes no caen en la simple “imitación servil de un estilo”(DRAE), si no que simplemente roban, como dijo T. S. Eliot de los poetas maduros. Reinterpretan ideas, que suelen venir de muy atrás, y las desarrollan creativamente. Las leyes que vuelven efectivo lo que consideramos no convencional, basadas en la psicología elemental, son eternas, y de ahí que lo extraordinario se desprenda de lo ordinario (Robert Greene: Las 33 estrategias de la guerra, 2007). La arquitectura sigue siendo la concepción poética, técnica y económica de ambientes útiles y entrañables para la vida. Que se ven, oyen, tocan, huelen y sienten, en espacios interiores, que son su esencia, y que emocionan al recorrerlos (Bruno Zevi: Architectura in nuce, 1964), pero que se modelan para definir espacios urbanos, discretos o monumentales según lo demande cada caso. Y hoy, además, deben ser sostenibles, funcionales, confortables, seguros y reciclables.

Lamentablemente nuestra profesión, pese a que cada vez interviene mas en nuestras ciudades, ha perdido el estatus social que tuvo, es cada vez menos respetada y se la confunde frívolamente con el “exteriorismo”, la decoración o el diseño. En buena parte porque la divulgación y crítica de nuestra arquitectura no ha sido sistemática ni continua. Hoy nuestros debates gremiales carecen de sindéresis; esa discreción y capacidad natural para juzgar rectamente. La crítica, basada en una competencia y pertinencia comprobables, relacionaría y enriquecería los datos suministrados por la historia para crear una perspectiva teórica que nos facilitaría transformar nuestras ciudades. Pues de eso es que se trata, nada menos, y de ahí la importancia de un debate que por eso mismo debería ser permanente y público. Y es por eso, también, que nuestras bienales tendrían que ser muestras razonadas de la arquitectura que se está haciendo en el país o Ibero América, más que meros concursos irresponsables de elogios o exclusiones mutuos, que es en lo que lamentablemente se volvieron en los últimos años.

Nota:
Este texto esta basado en los publicados en la columna ¿Ciudad? de El País de Cali, del 8 y15 de Mayo y 5 de Junio, de 2008.

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El día 27 de junio de 2008 14:10, jorge peñuela <esferapublica@hotmail.com> escribió:

BENJAMIN BARNEY: EL ARTE CONTEMPORANEO  HA DEJADO DE SER SÓLAMENTE ARTE

Juan Luis Rodríguez ha propiciado un diálogo sobre la arquitectura colombiana que nos muestra que los intereses de ésta siguen siendo los mismos que están reivindicando para sí mismas el resto de las artes en Colombia. Propone llevar el debate actual  a la arquitectura  a un ámbito más amplio para fortalecer más a uno y otras. Rodríguez sabe que una actividad sin debate es una actividad sin reflexión, y que por lo tanto, no existe. Es saludable para las artes en Colombia que cada una vuelva a saber qué están  haciendo y reflexionando las otras; esta es la única de manera fortalecer, empoderar, como a los gestores les gusta repetir, un discurso autónomo que legitime la práctica de las artes en nuestro país y ante la opinión pública.

Dos tesis de Benjamín Barney llaman mi atención. 1) El arte ya no es solamente arte. 2) Los disgustos surgen por los gustos. La primera  tesis refuta una creencia  arraigada en  el pensamiento del arte moderno. La segunda desmiente una creencia popular muy arraigada en nuestra cultura. En efecto, el arte de nuestros días ha asumido  responsabilidades desde que se vio asediado por la sociedad del espectáculo, la mediática especialmente. Barney  todavía llama funciones a estas responsabilidades. Considero que esta última denominación muestra con mayor claridad el lugar de las artes en las sociedades contemporáneas. Ser mayor edad, no es solamente atreverse a pensar: también es asumir responsabilidades. Parece que este sentimiento es lo que caracteriza al arte contemporáneo.  El arte como  arquitectura no es sólo una máquina para habitar, habla del mundo, de esa ficción real que es la igualdad y la libertad. Las funciones describen el comportamiento de las máquinas, sirven para medir su eficiencia y eficacia. (Esta es la razón principal para que la creación no sea reconocida como función universitaria en la Universidad Colombiana. Los maestros universitarios consideran que su asunto es la investigación formal y en menor grado la creación. De otro modo perderían sus trabajos. La investigación sí es función universitaria.)

Barney ha recordado que cuando comprendemos el arte como asunto de gusto, esto sólo acarrea disgustos, porque una discusión que puede esclarecer una inquietud legítima mediante razones, como la que él mismo planeta y argumenta, tiende a pervertirse en un asunto de celos personales y profesionales, que no merece ninguna consideración pública. La responsabilidad que ejercen las artes mediante sus actos creativos es, entonces,  propiciar lugares que hagan visibles nuestros afectos, nuestras esperanzas de una sociedad mejor organizada, más justa; su deber (responsabilidad), es modelar las maneras de ser que hagan real esa humanidad  que desde Platón hemos tratado de pensar y consolidar. En efecto, las maneras de ser son maneras de habitar, ésto es algo que tienen claro los artistas plásticos, pero en especial los arquitectos.

Coincido con Barney en sus dos tesis, no obstante, lejos estoy de compartir sus temores.  Si es verdad que los premios en las bienales determinan las maneras de pensar el arte, la formación en artes dota al artista de los criterios que le permiten elegir con rectitud y delicadeza los elementos plásticos y conceptuales puestos a su consideración. La formación profesional en las  artes se centra  permanentemente en aprender a elegir con propiedad. No estoy diciendo que el estudiante aprende de su maestro, digo que uno y otro aprenden en esa conversación que es el proceso pedagógico de las escuelas.

Algo parecido a lo que plantea Barney acontece en Documenta y con la Bienal de Venecia; no obstante, los artistas plásticos no temen su influencia, al contrario la buscan para  hacerle frente; el artista muestra todo su vigor cuando puede capotear con éxito y elegancia las influencias que permanentemente lo agobian, la voluntad de dominio que caracterizan al hombre y a la mujer. Es cierto que algunos artistas pierden el juicio, en menor grado los jóvenes, ante la presión de las influencias,  y que sucumben  ingenua y torpemente ante lo más superficial de ellas. A pesar de esto la crítica no debe ser paternalista, no debe estar preocupada por cada paso en falso que los artistas puedan dar. Los artistas vigorosos, a nuestro pesar, aprenden y se enriquecen con  sus errores; sus fracasos son fuente de conocimientos no sólo para ellos sino para la sociedad en su conjunto. Si al crítico le cupiera hablar del fracaso, sería para elogiarlo. Los curadores deberían pensar un proyecto que hiciera un elogio del fracaso. No creo que sea éste el caso de la Biblioteca Parque España, tampoco creo que Barney lo considere así.

Ahora, ¿qué temores estamos manifestando cuando nos molestamos ante el reconocimiento de nuestro talento? ¿Sospechamos que algo se fragua en nuestra contra? Considero que las paranoias de la identidad deben manejarse razonablemente. ¿Por qué temer a las influencias? La identidad del artista contemporáneo la constituye la siguiente pregunta: ¿a quién beneficia el cultivo de esa imagen de mundo que me alberga y que la sociedad en su conjunto manipulada mediáticamente no quiere que sea modificada? La respuesta que  dé el artista determinará la construcción de su pensamiento.

¿Por qué nos suscita tanto horror  la moda? Baudelaire nos persuadió de que lo bello eterno no es nada sin la transitoriedad de la moda, le abrió  horizontes alternativos  a una época que estaba atrapada en sus discursos esencialistas. Baudelaire, que algo sabía de arte y poesía, consideraba que la moda tiene un gran mérito: el descaro de su superficialidad, muchas veces vulgar,  interpela las seguridades en que se ancla lo bello eterno. La moda tiene la propiedad de probar la actualidad de lo eterno, su relevancia; sus interpelaciones tienen como propósito establecer qué tan seguro se encuentra en sus fundamentos. Si lo bello eterno no es capaz de resistir los retos y hasta las burlas que le plantea la moda, no merece nuestra consideración. La moda tiene la virtud de afianzarnos en lo que perdura a pesar de la moda, en lo que  mejora nuestro habitar el mundo en nuestra tierra.  A Doris Salcedo también se la ha criticado; sus críticos consideran que ha sucumbido ante la moda de expresar dolor estético por el otro, consideran que su dolor es dolor interesado en sí misma. Ésta es la sospecha de sus críticos: que no ha sabido capotear con éxito los intereses de la moda, es decir, los del mercado. ¿Algo similar sospechan los críticos de Giancarlo Mazzanti?

He dicho que concuerdo en que el arte no es sólo arte; no obstante, el arte no puede pretender ser la solución a las injusticias que pueda padecer nuestra comunidad. El artista cumple con sus responsabilidades, al llamar nuestra atención  hacia  las perversiones sociales; llama la atención porque su lenguaje está fuera del lenguaje ordinario, el prosaico, el que nos encarcela en nuestros prejuicios. Nos corresponde a nosotros continuar pensando lo que ha vislumbrado el artista. Hacer esto ya le significa un gran esfuerzo por las condiciones materiales hostiles en que surge su pensamiento. La sociedad no perdona que los artistas no elogien la mediocridad. Somos nosotros quienes debemos asumir las responsabilidades no cumplidas por la sociedad en su conjunto y que han sido evidenciadas mediante el lenguaje plástico, poético. El artista que no es sólo artista nos pone a pensar. Es en este sentido que el arte contemporáneo no es sólo arte: es en lo fundamental pensamiento.

Comparto la idea de Barney de que la reflexión es consustancial a la democracia. Por supuesto, democracia es cultura. No hay democracia sin cultura; si hombres y mujeres no nos atrevemos a pensar, si no nos arriesgamos a que nuestras convicciones sean modificadas, si no aprendemos a comunicar razonablemente nuestras ideas, si no estamos dispuestos a reconocer que podemos estar equivocados en nuestros juicios y sólo estamos obcecados en imponérselos a los demás, sin estas condiciones, digo, no puede haber cultura, por lo tanto, tampoco democracia. El arte contemporáneo no es sólo arte, es  el testimonio de que las sociedades cambian permanentemente por acción del pensamiento. No perdamos la esperanza de que la Biblioteca Parque España logre trasformar  el entorno de pobreza material que la rodea, por supuesto, para que sus habitantes, todos nosotros, seamos más iguales y más libres.

Benjamín, entiendo que la pedantería del jurado en el uso del lenguaje puede llevar al traste las virtudes del proyecto en cuestión, –que pueda predisponernos en contra de él. No obstante, ¿el palo que se merece el lenguaje pedante de los jurados debe aplicársele implacablemente a la construcción que pretende destacar? Su sospecha es legítima: ha evidenciado una inadecuación entre la escritura artística y la escritura prosaica que pretende dar cuenta de ella, en perjuicio de la primera.

Jorge Peñuela

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El día 28 de junio de 2008 11:20, Guillermo Fischer <gfischer@etb.net.co> escribió:

Egotecnias

A partir del cuestionamiento sobre el premio de la Bienal iberoamericana, otorgado a la Biblioteca Parque España, en este ensayo tratare sobre las características y estrategias  que ofrece  la  arquitectura que se  presenta como vanguardia  en nuestro medio. Me parece fundamental para esta discusión, el  tratar de develar las causas profundas y analizar las estrategias utilizadas por estos grupos, con el fin de encontrar una salida a lo que he llamado «la época de la arquitectura tonta»

El estrellato

Una característica que se ha vuelto dominante en la cultura arquitectónica contemporánea en el mundo, es la fuerza mediática del estrellato o «star system»; fenómeno cuyo origen se remonta a las estrategias de mercadeo provenientes de la industria cinematográfica de mediados del siglo pasado. Para promocionar sus películas, la industria del cine creó una exitosa forma de  mercadotecnia, a través de la construcción de un círculo estelar de actores, y de la publicación en los  medios impresos de sus vidas sociales. Como el beneficio en taquilla fue y continúa siendo inmediato, la estrategia sigue vigente para el cine, y se ha sido trasladado a la arquitectura, donde en forma análoga, las revistas especializadas actúan como caja de resonancia para el estrellato arquitectónico.

Las revistas construyen sus ventas de forma dialéctica, en respuesta a las ventanas de oportunidad ofrecidas por el mercado. Esto ha repercutido directamente en el contenido y calidad  de la  crítica de las revistas especializadas, convirtiéndolas en publicaciones frivolizadas, más preocupadas por entregar el tipo de producto que la gente se supone que quiere, que por generar opinión pública. (Casabella de Rogers!, cómo te extrañamos!)

Debido tal vez a que el ámbito europeo estaba cubierto por varias revistas europeas, este sistema de mercadeo arquitectónico, de origen europeo y norteamericano, ha sido clonado en el medio  latinoamericano por los medios impresos y para ciertos grupos de arquitectos, especialmente en Chile, Colombia y México; encontrando apoyo mediático primordialmente en la revista Arquine.

En mi opinión, este sistema de estrellato se manifiesta de diversas maneras en la arquitectura producida:

Arquitectura de autor

Aunque se trata del último nivel en la  estrategia comercial del star system, es el primero que se debe entender. Consiste en una arquitectura para la cual lo único importante es el arquitecto, en la que ni al mismo cliente parece importarle la calidad del producto. La arquitectura de autor, se convierte así en lo contrario a cualquier arquitectura que posea algún nivel de conciencia social.

Su analogía con respecto al mundo de los bienes de consumo es clara; se trata se un producto selectivo, con un nombre, una marca, la cual  pocos pueden poseer y todos la  envidian, ya que quien la posee, se diferencia del común.

Como bien lo señala Willy Drews, el consumo de marcas- imágenes nos ha hecho llegar la aparición de estos grupos que yo he querido llamar, eludiendo los eufemismos, arquitecturas de la copia:

«La dictadura globalizada de los medios trató de vendernos estas marcas a los países pobres y como no podíamos pagar un Hadid original, apareció la arquitectura pirata, como los libros de los semáforos»

Arquitectura de la copia

A nivel proyectual estas arquitecturas operan primordialmente retomando proyectos de obras europeas de vanguardia, utilizando el mecanismo proyectual de la copia. Como lo he llamado anteriormente,  se trata de un «refrito» de vanguardia europea. Se presentan  como  vanguardia local. Y ni  siquiera presentan su trabajo como reelaboraciones o paráfrasis sino como obras originales y bajo el manto general de lo contemporáneo. Con el fin el lograr el mayor impacto visual, se seleccionan obras ya publicadas y recicladas, sin discutir siquiera su procedencia ideológica. A veces en un solo proyecto se ensamblan varios, provenientes de  diferentes corrientes de pensamiento, por ejemplo, es posible ver maclajes de Zumthor y Mansilla-Tuñon, o Koolhaas y Siza. Estos ensambles se justifican con frecuencia pretendiendo  a veces que son re-creaciones, pero su literalidad, falta de explicación y pretensión de originalidad no permiten aceptarlos como tal.

Este fenómeno actual solo puede conducir a la muerte de la arquitectura culta como la conocemos.

El egotecto

La principal característica de los arquitectos que pertenecen a estos estrellatos locales, es que  su ideología principal es el culto al ego.

La arquitectura es vista y usada  como una herramienta para construcción del ego, olvidándose en todo sentido el cliente y de la función social de sus edificios

Por culpa de estos egotistas  el  país  se ha  llenado  lleno de de edificios mediáticos,  donde su énfasis  está en la fachada,  con el objetivo de  ser atractivos de ser reproducidos en medios impresos o digitales.

Arquitectura o «Mass Media»

Las arquitecturas que se prestan para este sistema de mercadeo son las que presentan mejores condiciones mediáticas, ya que  son edificios hechos para lograr un alto impacto visual, su énfasis  esta en su apariencia exterior y no en su interior, ingredientes del diseño como el bienestar del usuario, visuales, eficiencia climática, confort, etc. son consideradas de importancia menor, si acaso alguna.

Se podría preguntar, si son arquitectura como la entendemos en su forma ortodoxa, o se trata de otro género, más relacionado con lo que se denomina «mass media» y el consumo de imágenes.

De esto ser así, como creo que lo es, deberían tratarse como fenómenos de comunicación y consumo, y no como fenómenos de arquitectura.

Función social

El primer sacrificio en  este tipo de arquitectura es de  la función social, como lo mencione previamente, si el objetivo principal es la exaltación del ego por medio de la publicación, el usuario , el cliente, deja de ser lo importante para llegar a ser prácticamente inexistente; el objeto de la arquitectura, pasa a ser el arquitecto.

La función social arquitectónica hace parte del Humanismo, entendido como  un conjunto de concepciones sobre el respeto a la dignidad humana y acciones por el bienestar y el desarrollo plurivalente  de  los seres humanos

Por función social arquitectónica  se entiende entonces la actitud hacia  la creación de espacios humanizados. Es entender la esencia de la arquitectura como la  satisfacción del ser humano que habita.

Frank Lloyd Wrigth, afirmó que el «arquitecto construye para la vida que se vive dentro de la edificación»

En estos proyectos mediatizados, el bienestar espacial de sus usuarios es el factor menos tenido en cuenta, ya que la intención principal del proyecto se encuentra focalizada en la construcción de la imagen mediática, la fachada.

Las condiciones interiores de estos edificios diseñados son,  en mi punto de vista deplorables, bibliotecas con deficiencias lumínicas, prácticamente ningún aprovechamiento de las visuales  para solaz del alma, total descuido en la calidad de los materiales del interior, áreas construidas no utilizables generadas únicamente por intenciones plásticas de la fachada etc. etc.

Esto nos muestra de forma  clara del carácter poco humanista de los arquitectos pertenecientes tanto al «star system» pero especialmente a nuestro estrellato, dedicados a la construcción de su ego.

Arquitectura  sin ideología

El  tomar formas prestadas de diferente origen conceptual deja como  producto una arquitectura desprovista  de ideología, carente de significado, reducida simplemente a la imagen.

La arquitectura Moderna siempre tuvo una preocupación porque la forma fuera una consecuencia de unos principios sobre la sociedad y la técnica, que se pueden identificar como teóricos o ideológicos. A esta consecuencia entre forma e ideología se la critica por ilusoria, pero produjo formas siempre auto sustentadas en ideas culturales, antes que en otras formas. Entre las oposiciones a este tipo de aproximación proyectual, una de las más influyentes fue la llamada arquitectura de Tendencia, para la cual, la producción de forma arquitectónica debía derivarse del análisis de arquitecturas anteriores, pero no de cualquier forma y en especial no de las imágenes sino a través del análisis, en particular los métodos de análisis morfológico y tipológico. En cualquiera de los dos casos, la forma pretendía ser una creación, bien a partir de ideas sobre la cultura y tecnología del momento, o bien del conocimiento sistemático del pasado. Pero así como el postmodernismo simplificó el análisis del pasado en un reedición del eclecticismo, las arquitecturas que insisto en llamar de la copia, reeditan eclécticamente y con ayuda de los medios impresos, las arquitecturas del presente.

La cuestión de la identidad

Otra de las consecuencias de  este tipo de actividad proyectual es que deja de lado la posibilidad de hacer reflexión sobre la validez de tener o no tener una identidad propia. El término identidad nos puede llevara a pensar en identidades como la nacional o latinoamericana, es decir, a identidades culturales. Antes que a este tipo de identidad, me refiero tal vez al carácter y la singularidad que otorga la apropiación de principios y materiales, como se ve por ejemplo, en la obra de Rafael Obregón…

¿arquitectura para quién?

En esta discusión acerca del Premio a la biblioteca parque España  surge como cuestión fundamental:

¿para quién se hace arquitectura?

Preguntarnos si  en un país del tercer mundo es válido que con financiación estatal se construyan edificios, cuyo diseño tenga  como intención principal la exaltación de la personalidad del arquitecto, olvidándose de sus usuarios, de la función social, escapándose así de la más que  loable intención del alcalde Fajardo de proveer bibliotecas y equipamientos dignos a comunidades deprimidas en la ciudad de Medellín

Parecía que el enfoque de los jurados de los concursos donde se seleccionaron estos proyectos no coincidiera con el objetivo  del alcalde Fajardo, de dotar espacios con calidad a comunidades no privilegiadas.

Por la morfología de los proyectos escogidos, que son más imagen que calidad espacial, parecería que el objetivo de los jurados fuera  la obtención para la ciudad  de unas imágenes icónicas, que sirvan de atractivas imágenes turísticas tal como el proyecto de Gehry en Bilbao.

¿Esto nos podría conducir a la conclusión de que el jurado se identifica ideológicamente con el estrellato, con la arquitectura de autor, con  pensar que el humanismo no es significativo componente de la arquitectura y que la arquitectura no es más que una herramienta para la construcción del ego?

Igual consideración merece la decisión del jurado de la Bienal iberoamericana que recientemente premio la biblioteca parque España,

¿Tal vez sea necesario crear una bienal iberoamericana para la arquitectura mediática y otra para la ortodoxa?

Reconforta   encontrar ejemplos donde los mismos dirigentes políticos han detectado  este estrellato asocial, es así como Jaime Lerner,  alcalde de  Curitiba en Brasil, ha acuñado el lema: «nosotros tenemos que cambiar de  la ego- arquitectura a la eco- arquitectura».

En la otra cara de la moneda, Miquel Adriá, el director de la revista Arquine, argumenta  en una reciente  columna de diario El País de España, que la arquitectura de autor ha traído beneficios a las comunidades deprimidas de la ciudad de Medellín, argumento, no solo deleznable, sino interesado, ya que quien se beneficia directamente de la existencia de esa arquitectura de autor es el mismo Adriá

Así también hemos visto otros miembros de nuestra profesión, en el mismo sentido del articulo de Adriá, apropiarse del discurso político social admirable, del alcalde Fajardo, y escudarse así para defender obras que no corresponden con su ideología social, o hacer creer que posturas criticas como esta, se trata de ataques político regionalistas, venganzas personales o de arranques incontrolables de envidia.

Los  arquitectos del «star system»  nos quieren hacer creer que a través de sus obras egotistas van a trasformar la sociedad.  Ese fue el argumento utilizado por ellos  para vender sus proyectos en China,  el cual encuentro análogo a pensar que poner una tienda de Chanel y otra de Cartier en Titiribí, va a sacar al pueblo de la pobreza.

Coincido con Willy Drews en que si queremos salir de este época de arquitectura tonta,, no debe ser solamente  reestructurando la calidad de los miembros de los jurados, sino sobre todo  a través del esfuerzo de nosotros mismos, de que construyamos y ejerzamos  opinión critica, del ejercicio de la cátedra  y del mismo ejercicio profesional.

Guillermo Fischer

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El día 30 de junio de 2008 15:33, william garcia <esferapublica@hotmail.com> escribió:

¿Hay que internacionalizar la arquitectura colombiana?

Con este comentario quisiera apartarme de las cuestiones acerca de si el ejercicio arquitectónico realizado para la Biblioteca España resulta ser una copia o una paráfrasis de edificios de otros arquitectos; ya desde hace mucho tiempo el maestro de Simón Bolívar definía esta situación cuando afirmaba “que si tanto nos gustaba copiar todo lo que venía de Europa, porque no copiábamos también la originalidad”.

Que lo más representativo de Iberoamérica sea lo más parecido a lo Europeo diría ya de entrada con que ojos se evaluaron los proyectos participantes.

En lugar de esto quiero hacer referencia a otra cuestión de fondo, avocada a tratar de entender qué representa el edificio de la Biblioteca España, en medio del panorama actual de la arquitectura en Colombia.

Si analizamos el acta del jurado ya citado anteriormente, una de las cuestiones que salta a la vista, es que gran parte de los méritos por los cuales el edificio fue premiado están enfocados a lo que los arquitectos llamamos la “memoria descriptiva”; a esa suerte de basamento teórico que tiene como misión respaldar el ejercicio arquitectónico. No se puede negar que los argumentos de dicha memoria descriptiva sean elegantes y hasta sugerentes, pero cuando una serie de argumentos arquitectónicos virtuosos se convierten en un reemplazo del propósito primario de la función del edificio, se nos está diciendo implícitamente que representar visualmente un contenido teórico, en lugar de construir espacios que interna y externamente expresan lo teórico, es lo más importante para la arquitectura.

A propósito de un seminario de teoría de la arquitectura realizado hace un par de meses en el marco de la maestría en historia y teoría del arte y la arquitectura en el campus de la universidad nacional, evocábamos los argumentos de Le Duc frente a su postura relacional acerca de que en la arquitectura la “forma seguía a la función”, observo ahora el corte B- B` de la Biblioteca España en el que una cáscara irregular y azarosa   a manera de “roca”  envuelve de manera completamente dilatada a un edificio ortogonal  y pienso si quizás ahora no podríamos afirmar ahora -en los términos de Le Duc-, que el paradigma ya no consistiría en que “la forma sigue a la función”, sino en que “la forma niega a la función”.

Así las cosas se establece con la construcción de este edificio, por una parte, una voluntad y un deseo (expresados además por Mazzanti en la revista proyecto-diseño) de internacionalizar la arquitectura colombiana,  y por otra la llegada de este tipo de arquitectura a Colombia, que para bien o para mal, comienza a asemejarnos o a actualizarnos (según se le quiera ver) con lo que se hace ya desde algún tiempo en otras latitudes lejanas de nuestra realidad.

 

William Garcia R

Arquitecto

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El día 30 de junio de 2008 16:43, alejandro martin <esferapublica@hotmail.com> escribió:

Lo primero que yo les pediría a los arquitectos es que no hagan tantas críticas generales y hagan más críticas concretas. Que nos muestren por qué los edificios actuales tienen esas fallas que denuncian. Lo mínimo es que tuvieran una publicación o al menos unos blogs (que no cuestan nada) donde se hiciera crítica concreta de la arquitectura. Yo no he visto el primer arquitecto que hable bien de un edificio de otro arquitecto, pero tampoco he visto que firme una crítica seria, analizando con fotos y plantas, de los edificios.

Por otro lado, no tanto en el caso de la biblioteca de Medellín, pero si en el de los edificios de los olímpicos, si siento que nos acercamos al final de una época. Todos esos edificios fascistas recuerdan literalmente la arquitectura de los nazis y los olímpicos de los nazis. Que algún espíritu nos libre de que China se convierta en un monstruo similar. Y con todos nuestros “grandes” arquitectos como sus lacayos y máximos patrocinadores.

 

Alejandro Martín

Alejandro Martín es el editor de Piedepágina, revista de crítica literaria. También ha estado a cargo de hacer unos estudios previos para la construcción de un centro cultural de España enfrente del Colombo del la 19 (media manzana y 15 pisos)

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El día 30 de junio de 2008 17:34, camilo atuesta <esferapublica@hotmail.com> escribió:

Aunque tiene razón sobre la ausencia de una crítica seria de la arquitectura en Colombia, así como la carencia de blogs (efectivamente, son gratis), en la tercera parte del debate editado que se publicó en esta esfera puede encontrar un análisis concreto de Guillermo Fischer (con fotos) sobre el caso de la bilbioteca de Medellín.

http://esferapublica.org/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=774&Itemid=2#8

Aconsejo a todos visitar este blog de arquitectos:

BLDGBLOG > http://bldgblog.blogspot.com/

Camilo Atuesta

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2008/7/1 manolo cuervo <esferapublica@hotmail.com>:

Egopuente

Puente de La Salve, Bilbao. (a la derecha, un muro del Museo Guggenheim)

Totalmente de acuerdo con quienes proponen que la crítica de la arquitectura debe, en lo posible, tratar casos específicos. Ya lo hace Benjamín Barney desde su columna en El País, será posible hacerlo en Bogotá o Medellín?

El año pasado el Museo Guggenheim de Bilbao cumplió 10 años y para celebrar este aniversario propuso con antelación un concurso para transformar la “anticuada” estructura del puente La salve, aledaño al Museo y el cual, según algunos egotectos vascos y las directivas de la institución, lucía un tanto “fuera de tono” al lado del espectacular edificio del Guggenheim.

Como una contribución a la discusión en curso, me permito anexar una crítica del arquitecto vasco Iñaki Uriarte, que desde distintas tribunas y medios desplegó su artillería crítica en torno al caso específico del puente La salve, cuyo concurso y premiación presenta algunos paralelos con el caso de la Biblioteca España.

 

Manolo Cuervo

Atrocidad Guggenheim

Bilbao no es un circo

Guggenheim Bilbao Museoa, la franquicia vasca de la empresa cultural americana Solomon R. Guggenheim Foundatión, para conmemorar en 2007 el décimo aniversario de su implantación en Bilbao pretende manipular un bien de propiedad ajena, el Puente de La Salve. Su objetivo es intervenir decorativamente amanerando un notable elemento urbano que, correspondiente a la época, las circunstancias portuarias imperantes y su resolución tecnológica que lo hicieron posible, posee una estética severa por su razón de ser estructural. En su habitual abuso de poder intenta malgastar un millón seiscientos mil euro de las excesivas y reiteradas subvenciones anuales de dinero público de las que se alimenta para sus despilfarros, adueñarse formalmente del puente y quizá, con el tiempo, cobrar por mirar su hazaña.

Es inadmisible que de nuevo el director de dicha fundación en New York, Thomas Krens (New York,1946), y regule, ordene e imponga todo un proceso a su antojo. El 19 de octubre de 2006 se conoció que esta entidad comercializadora del arte había invitado a cinco artistas de su secta económico creativa, sin importarle su adecuación, a proyectar cualquier injerto vistoso sobre el puente pero respondieron solamente tres. Una vez más han despreciado la capacidad de los artistas vascos. Como muestra de servilismo el director financiero del citado hangar artístico, Juan Ignacio Vidarte (Bilbao, 1956), tuvo la frivolidad de referirse al presupuesto y premios en dólares ignorando la moneda de uso oficial en la Unión Europea evidenciando ser un esclavo de las decisiones americanas.

El puente

Esta estructura, en el Estado, es uno de los primeros puentes de acero atirantados desde un pórtico con dos mástiles de 60 metros de altura en forma de H que sostiene por ambos lados mediante cables en los bordes, un tablero metálico notablemente inclinado de 26,50 metros de anchura y 270 de longitud. Su construcción se inició el 5 de mayo de 1968 con un plazo de 30 meses y un presupuesto de 370 millones de pesetas inaugurándose a las seis y media de la tarde del sábado 8 de enero de 1972 para que pudiera lucir su flamante iluminación. Fue proyectado por el ingeniero de Caminos Canales y Puertos Juan Batanero (1914) ya fallecido, del que no se ha podido lograr más referencias a pesar de las numerosas gestiones, por un incompresible silencio tanto de sus descendientes como de la Asociación de Ingenieros de CCP de ámbito estatal. Construido por la empresa Cintec para el MOP sin ningún accidente grave durante las obras. Por primera vez en Bilbao se pudieron simultanear dos tránsitos, el rodado y el marítimo, por el gálibo 23,60 m en su centro sobre pleamar quedando una anchura de cauce entre sus pilares de 68 metros.

El puente tiene un estilo, un lenguaje, radicalmente sobrio donde la forma está al exclusivo servicio de la función evidenciando, no obstante, una falta de consideración hacia el contexto urbano donde se insertaba, propio de la época, el régimen político imperante y la habitual apatía y carencia de sensibilidad de las autoridades locales. El ministerio lo consideró exclusivamente en su condición de un nuevo acceso al centro de la Villa, “Solución Norte”, como una arteria periurbana de penetración desde Begoña a la Alameda de Rekalde. Queriendo resolver un conflicto, el tráfico rodado, creó un problema: el concepto de gálibo horizontal, la longitud y modo del encuentro con las orillas.

Cuando el arquitecto Frank O. Gehry (Toronto, Canadá, 1929) recibe en 1991 el encargo de proyectar un museo en el único lugar factible en aquel tiempo, que no era un sitio buscado y menos deseado, un paraje convexo de la Ría, de imposible visualización desde los espacios fluviales del centro de la Villa, realiza un brillante ejercicio compositivo en el que no puede eludir el puente. En la primera maqueta conocida en Bilbao, presenta al otro lado del volumen principal del edificio una botella pequeña de agua mineral Perrier en una decidida voluntad de incluir la estructura del puente preexistente. Posteriormente, este recurso integrador tomará forma con la torre, una inteligente construcción rotundamente expresiva estructuralmente en diálogo con el puente. Vacía de contenido pero plena de intención, emergerá como un potente hito de referencia de la posición del museo desde el Ayuntamiento y Uribitarte. En ningún momento sugiere intervenir sobre el puente. Su simplicidad formal, su vigor geométrico, por contraposición, se agrega de modo neutral en el conjunto, un fantasioso recital de curvilíneas volumetrías que le confieren una atrayente monumentalidad barroca.

El edificio conceptualmente tiene dos volumetrías muy acusadas. Una vertical, entorno al atrio que en un movimiento ascendente gesticula hacia el cielo. La otra, horizontal que con diferentes cuerpos fuga hacia el puente, insinuándolo como un objeto intermedio, sumiso, a atrapar en busqueda de la torre donde finaliza. En todos estos años el puente se ha ido degradando y a finales de 2004 se empezó por lo más insustancial, pintorrejear la escalera de modo estridente en verde y amarillo, quizá para que los graffitis resalten más. Recientemente, en 2006 se ha rehabilitado y reformado el resto, juntas de dilatación, calzada, aceras, barandillas, y de manera descuidada los acabados de los pórticos de hormigón armado de ambas orillas. Si algo requiere de una intervención sensata es el alto muro del lado derecho, el remate final de los ascensores y una mayor comodidad de los peldaños de las escaleras deficientemente mejoradas.

Jurado y opinión

Esta idea de añadirle cosas al puente es una proposición inoportuna, sino indecente, por variadas razones. En primer lugar la sola voluntad de intervenir ya señala una enorme falta de respeto a la autoría intelectual del puente, que por defunción del autor tiene otros valedores profesionales cualificados; no por supuesto el lamentable diputado de Obras Públicas Eusebio Melero, afortunadamente cesado, como pueden ser la Demarcación del País Vasco del Colegio de Ingenieros de C.C.P. si es que se interesan por estas cosas visto su legendario silencio en recientes asuntos pontificios.

Lo que se pretende hacer disfrazado de propuesta artística es la evidencia de una profunda incultura, de una ignorancia urbana y de una arrogancia insoportable. Demuestra una carencia estética sobre la presencia espacial de una estructura en la ciudad tan preocupante que convierte su intervención en un agresión. No ha entendido el sentido del puente. Es una distorsión absoluta que se transforma en una ficción a modo de simulacro técnico. Quienes han elegido y posteriormente autorizado esta memez decorativa, muestran una frivolidad peligrosa. Deberían leer el discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando el 17 de diciembre de 2006, del ingeniero Javier Manterola (Iruñea 1936), autor del Puente Euskalduna (1997) y de la pasarela de Plentzia (1991), Relación entre la estructura resistente y la forma. Notas en torno a la valoración estética de los puentes.

El Museo desprecia la opinión del vecindario que es el principal afectado y se preocupa en cambio que sus visitantes después de haber fotografiado del perro floreado del exterior, si pagan la costosa entrada, se entretengan dentro con algo más inteligible y puedan votar sobre tres maquetas. Es decir, un forastero, el 70 % de los asistentes a este recinto turístico, que estará un rato por su interior, sin ver, ni analizar y menos comprender el puente ni interesarle la ciudad tiene calidad de voto y la posibilidad de repetir varias veces.

Esto, es simplemente un insulto social, un simulacro democrático que atropella, una vez más, la demagógica participación ciudadana revestida de populismo. Antes de realizar una consulta popular, primero hay que preguntarles a los ciudadanos, no seleccionar tres proyectos sin dar a conocer los criterios de partida. Para mayor irregularidad se dieron numerosos votos repetidos por razones fáciles de suponer. Asimismo ha ignorado la cualificada opinión de otros afectados: el Colegio de Aparejadores que está muy próximo, así como los de Arquitectos, Ingenieros, e Ingenieros de C.C.P. no sólo por su cercanía sino también por su solvencia, a pesar de que estos dos últimos son indiferentes a cualquier atrocidad urbana. Que el omnipresente e impresentable Krens aparezca en un jurado es un evocación a la parcialidad por intereses indisimulables de sus circuitos de artistas que le conviene promocionar para revalorar su cotización. Traer para el mismo a Norman Rosenthal, un secretario de exposiciones desde Londres, además de un inadmisible despilfarro de dinero público, es un capricho que probablemente sea un favor personal de este personaje. Remata tan desafortunado, como interesado y paupérrimo tribunal Vidarte con voto pero sin voz, sólo debe obedecer. La propia composición del jurado, una vez más, ha demostrado que la colonización norteamericana todavía rige absolutamente en este recinto.

Propuesta

De las tres ideas la única aceptable de alguna consideración es la de Jenny Holzer (Gallipolis, USA, 1950) por su voluntad respetuosa con el puente y el museo al colocar bajo su tablero una serie de columnas de luminosos LEDs capaces de expresar textos plurilingües en movimiento y aportar una tonalidad cambiante. Es interesante y de concepción mucho más original, creativa, económica y no impactante que permite más posibilidades y, por lo comentado, la preferida por amplísima mayoría en los ámbitos artísticos y culturales. Más teniendo en cuenta, si es que alguno del jurado tiene conocimiento de esto, que bajo el puente se produce una reverberación que ofrece posibilidades como un recurso complementario.

El proyecto favorecido del artista francés Daniel Buren (Boulogne-Billacourt, 1938), l´Arc Rouge, ahora, para la inauguración, se le llama Arcos Rojos, ¿por qué en español si tanto se han entusiasmado de Bilbao, sabe esta gente que la lengua propia del país que le paga es el euskara ?. Lo mismo que otros muchos foráneos contratados, hace unas manifestaciones mezcla de demagogia al justificar su obra definiéndola “Como si fuera una puerta abierta al mundo”. Muestra una obra superflua carente de sentido, significado y esencia artística, sólo tiene la presencia de la autosuficiencia acompañada de una argumentación pueril. Intenta rebuscar semejanzas con una puerta urbana de la Edad Media y a su estridente color le atribuye una óptima relación con el titanio de la fachada del museo y el paisaje circundante. Es decir todas las afecciones que origina las considera virtudes. Mayor cinismo es imposible.

Esta brutal transgresión formal y cromática sólo puede estar concebida por un personaje sin escrúpulos artísticos ni respeto a las preexistencias, con un irrefrenable afán de notoriedad, de imponerse a la arquitectura del edificio con una vulgar y endeble decoración. Una presuntuosidad propia de quien se encuentra con interlocutores sin criterio, personalidad artística y conciencia urbana. Es un adorno bufón, carnavalesco, fallero.

Concebido como un espectáculo de naturaleza populista con un recurso tan primario, por su forma arco y color rojo, para obtener un fácil beneplácito mediático, que revela una plebeyez cultural. Consiste en la creación con piezas de tablero laminado de color rojo, de dos semicírculos dobles de 12 metros de radio y de un cierto grosor 2,5 metros, sobresaliendo, superpuestos, por ambos lados de la anchura del travesaño del pórtico del puente que se inician en el mismo. El superior, abierto hacia el cielo; el inferior hacia la calzada. Éste, rebasado su diámetro horizontal progresivamente se va ensanchando y cuando incide en las aceras las estrecha notablemente, queda un inadmisible paso de 92 centímetros durante 2,5 metros, que incumple la Ley de Accesibilidad. Incluso origina un punto de inseguridad al crear un escondite. Sería un frente vulnerable para todo tipo de expresiones de rechazo, pintadas, golpes, etc.

Aberración pontificia

Además de deformar radicalmente la percepción de la autenticidad estructural del puente es una torpeza que emborrona la lectura global del museo reduciendo considerablemente numerosas perspectivas y hace creer que es una parte del mismo. Accediendo por el puente desde la orilla opuesta, lado Artxanda, colapsa rotundamente la visión de su arquitectura y la sitúa en el rango de entrada a una atracción de feria. A su vez emborrona una de las más destacadas cualidades paisajísticas de Bilbao: la contemplación de su entorno natural. Desde la Alameda Rekalde este adorno distorsiona agresivamente la panorámica cornisa verde de Artxanda creando una ofensa al paisaje. Una horterada colorada Asimismo supone un inadmisible impacto en el entorno que induciría reflejos molestos a los vecinos provocando efectos insospechados. Puede ser incluso peligroso, por deslumbramientos para iluminar el arco, a los conductores que transiten por el puente. Los destellos del borde interior del arco inferior sobre la calzada por la noche, con encendidos repentinos de gran intensidad lumínica están prohibidos, al crear además de una distracción, una peligrosa confusión con señalizaciones eventuales mediante pórticos o entradas de túnel. Conociendo la deplorable por irresponsable gestión del anterior diputado de Obras Publicas y Transportes Eusebio Melero, afortunadamente cesado, quien autorizó esta aberración en el puente, no es de extrañar tan sospechosa autorización. La Dirección de Tráfico del Departamento de Interior de Eusko Jaurlaritza debería intervenir de oficio inmediatamente ¿Es legal al no haberse sometido al preceptivo trámite de estudio de evaluación del impacto ambiental y de audiencia pública?

Ha sido no solo sorprendente sino ofensivo y lesivo que se tomase esta decisión en contra de la opinión de Frank Gehry que, como autor del edificio del Guggenheim Museum, es el propietario intelectual del mismo, en cuyo conjunto se integra, como condición de proyecto, intacto el puente en su estado original. Si Gehry, con razón, no quiere una iluminación para su arquitectura, menos este mamarracho colorado. Resulta asombroso que Krens, su vasallo vasco Vidarte y compañía le hayan traicionado tan pronto. No han entendido nada, sólo de dinero. De esta agresión a los derechos de autor ¿por qué no se han interesado los medios que tanto bullicio crearon a favor del Alcalde frente a las justas reivindicaciones de Calatrava por la afección a la pasarela por él diseñada? ¿Han sido quizá estimulados positivamente por el poderoso museo?

Bilbao, una villa muy rica en tipología de puentes, no puede tolerar esta pretensión de ridiculización del Puente de La Salve que, aunque no sea bello, es muy notable tecnológicamente y expresa una fuerte identidad urbana. Ya estaba con todas sus consecuencias cuando se decidió y admitió construir bajo el mismo una parte de este Guantánamo comercial por el clan Guggenheim. No se concibe ninguna ciudad europea que admitiese semejante muestra de prepotencia de un aventurero para hacer su negocio manipulando una estructura urbana tan significativa como un puente.

Si se pretendía una instalación plástica conmemorativa de calidad hubiese sido más interesante por eventual, económico y de mayor repercusión mundial haber encargado una intervención al reputado artista de land-art y gran creador de efímeros paisajes inusuales Christo (Hristo Yavasev, Gabrovo, Bulgaria, 1935) Resulta tan extraño como decepcionante que los artistas vascos estén, una vez más, en prolongado silencio como si fuesen funcionarios temerosos de represalias. ¿Donde está el espíritu rebelde, progresista y polemizador de la intelectualidad, la universidad, los profesionales, su capacidad revulsiva? ¿Comparten quizá este proyecto pegote? ¡Cuanto servilismo! Sólo el crítico de arte Xabier Sáenz de Gorbea (Deia 11-11-2006) ha relatado contundentemente este nuevo drama urbano, ambiental y comercial, disfrazado de artístico. ¡Qué tristeza la pasividad de una ciudadanía adormecida, sin inquietudes capaz de digerir cualquier cosa suministrada por un poder municipal regido por la derecha regionalista prisionero de los mercados inmobiliarios!. Apelo a las personas, asociaciones vecinales y entidades que tengan una elemental autoestima que se organizan para impedir este escandaloso despilfarro, necedad brutal y banal atrocidad. ¿Existe oposición en el Ayuntamiento, para qué sirve, por qué están en silencio, a cuándo esperan para exigir respeto al paisaje urbano y ponerse al despilfarro?

Bilbao, que ha sido siempre una ciudad seria, no debe admitir el predominio de la cutrez disfrazada de hecho artístico. Este revestimiento de tablero en ningún caso puede considerarse una obra de arte. Una intervención que no aporta absolutamente nada y que sólo podría tener sentido, si no siendo costosa, fuese efímera para unas horas. Junto con los habituales fuegos artificiales, irrenunciable recurso político para, cautivando a la población en un fugaz delirio colectivo, haciéndoles partícipes del festejo inaugural, inocular una amnesia popular. Se ha acabado ya esta costosa broma que como símbolo urbano es una payasada.

Un aspecto trascendental que nadie ha observado o al menos referido es la apropiación de un bien público, el puente, para beneficio privado del Guggenheim y lucro económico personal de su autor Daniel Buren. Por lo que los señores Krens como instigador, Vidarte como director del acto y Melero como responsable del puente deberán ser denunciados ante el Juzgado oportuno.

Para eliminar este despropósito, si la legalidad y el rechazo social no pueden lograrlo confiemos que la naturaleza con todo su repertorio de recursos, lluvia, humedad, viento, sol, salinidad y la contaminación de los coches consigan, por la degradación del conjunto, sin la necesidad de ninguna comprensiva y bienhechora mano reparadora, su desmontaje y restablecer el elegante y diáfano diálogo celestial original de la estructura del puente con el horizonte.

Iñaki Uriarte, arquitecto

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Una foto para el premio…


“El trabajo del arquitecto es susceptible a la valoración subjetiva y a las miradas contrapuestas…como lo afirmaba Wright, es un asunto sensible que comparte el conocimiento y por ende, es esa sustancia un problema de reflexión, de valoraciones en relación con los hechos físicos, cotidianos que alteran, deterioran o enaltecen la vida de la gente. Ni más ni menos…”

Vista y premiada la solución arquitectónica presentada en la XI Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo celebrada en Lisboa, vale la pena contextualizar la discusión sobre los conceptos expresados a manera de presentación y tomados de la publicación “Arquitectura en Colombia, el sentido de lugar” (pág. 46, S.C.A.)

El Barrio Santo Domingo Savio, simbiosis de pobreza, miseria y marginalidad en un proceso continuo iniciado en la década de los años 60, hoy se ve focalizado por hechos urbanos y arquitectónicos que superan la realidad cotidiana que se extienden a lo largo de la Comuna nororiental y la colocan como modelo extrapolado de la “nueva realidad urbana”, injertada en su frágil geografía y riesgosas estructuras sociales.

El barrio, la comuna nació, creció, y se desarrolló como resultado de una sociedad indiferente, negligente y marginadora, cuya economía nunca sobrepasó el interés propio de las familias de abolengo y las picardías de una clase política codiciosa, camuflada en un discurso social difuso, ausente de toda responsabilidad frente a sus simpatizantes. La complicidad de ambos indujo a muchas familias a ocupar estas lomas, como respuesta inmediata a las necesidades de alcanzar “un espacio para vivir””.

Y fincaron allí sus esperanzas un sin número de familias, sin reatos, pero inconscientes del futuro que les deparaba.
La naturaleza que no ampara complicidades y no reconoce condiciones económicas, sociales o políticas excepcionales, acompañó permanentemente este proceso simbiótico “hombre-entorno”, cobrando vidas, despojando de sus bienes a los más humildes y obligando a intervenciones públicas cuyo costo social y económico no reparó, aunque superara la racionalidad de lograr un asentamiento seguro.

Las rocas, el agua desbordada, la deforestación y el cambio abrupto de la geografía invadida en sus suelos inestables, se convirtieron en los íconos permanentes en la memoria colectiva de quienes se apropiaron del “lugar ideal” para atender sus urgentes necesidades básicas.

Los permanentes deslizamientos marcaron sus vidas: destruyeron sus sueños y los sometieron una y otra vez a sus fuerzas imparables…

Ahora emergen tres rocas, como supuestos iconos del conocimiento en forma de biblioteca y como respuesta recurrente a la deuda social acumulada durante más de tres décadas.

Se erigen imponentes y contrastadas contra las modestas y coloridas viviendas inconclusas, colgadas del barranco como hitos amenazantes de sus peores tragedias, como lápidas oscuras que reivindican el origen del barrio, la comuna y sus muertos, reviviendo sus días aciagos y despertando de nuevo el permanente temor reverencial a la naturaleza, dura causante de su desolación y permanente inseguridad.

Tres rocas aisladas, segmentadas y humanamente inhabitables, que se apropiaron de la montaña de la misma manera en que lo hicieron sus históricos habitantes, ganándole un espacio a la montaña, apropiándose del riesgo, ignorando la calle, aislándose del “contaminado” entorno social y de las condiciones naturales imperantes.

Estos íconos rígidos e inmutables, se sumergen en la memoria del habitante raso signado por el temor, las pérdidas de sus familiares y el despojo de sus escasos bienes materiales. Sólo les queda el consuelo de encontrar en ellos una mejor condición para las vidas de sus descendientes con la premisa de que allí más que riesgo y temores hay una lejana ilusión, más allá de lo conseguido en Lisboa, de lo retocada, falseada y recurrente de la propuesta para darle la grandilocuencia encontrada por un jurado, ajeno al lugar y a su proceso social, en un conjunto de edificios ausentes del pasado, del espacio natural y público y de las arquitecturas con sentido de lugar.

Pero no sólo se equivocaron los jurados extranjeros, no olvidemos que este es un proyecto resultado de un concurso nacional juzgado por un jurado local, tan ausente de las realidades, que se impresionaron con los mensajes publicitarios subliminales para otorgarle méritos a este proyecto.

Esta forma publicitada de hacer arquitectura y presentarla, denota la vergüenza del autor de mostrar su obra en el contexto social y urbano. Si el verdadero entorno aparece, degrada el proyecto. Se diseña para la foto y se construye la imagen en la foto. Finalmente, todo termina en un premio para la foto…

Arq. G. J. GIRALDO G.
Bogotá, junio 26 de 2008

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El día 4 de julio de 2008 15:31, enrique uribe <esferapublica@hotmail.com> escribió:
Entiendo que los objetivos del proyecto llamado Cuarta parte
propuesto por Juan Luis Rodríguez son dos:

1. Trascender el debate de la biblioteca España con un eventual
proyecto editorial sobre crítica en Colombia; proyecto que no excluye
el debate sobre la biblioteca.

2. Escribir nuevos textos, o reescribir algunos ya elaborados sobre
edificios hechos en Colombia, y sobre lo que está pasando y dejando
de pasar en la cultura arquitectónica nacional.

Además, en la invitación hecha por Rodríguez, se busca la
mediación de algún buen samaritano para que alguno de los miembros
del jurado de la Bienal iberoamericana, responda a lo que Sergio
Trujillo ha llamado «metalenguaje encriptado», «desatinado»,
«impertinente» y de «insufrible prepotencia intelectual».

Dada la expectativa generada por esta inexistente respuesta, y como
todo indica que seguirá ausente, quisiera redirigir la invitación
sobre el tema de los jurados hacia el tema propuesto por Gabriel E.
Merchán de una bienal curatorial de arquitectura.

Merchán nos recuerda la extraña noción de curaduría que se maneja
en arquitectura, por lo menos en Bogotá: «El curador en arte es un
investigador, teórico, crítico o historiador que define un tema a
partir del cual se articula una exposición y no un vigilante de
normas como sucede en arquitectura con el curador urbano«. Lucas
Ospina deja en el aire una preocupación que nos confirma que la
curaduría en arquitectura va por caminos extraños: «Una realidad:
luego del gran temblor que destruirá Bogotá, la ciudad tendrá una
nueva oportunidad para el ejercicio de la arquitectura, de la
curaduría urbana, del urbanismo, de la crítica, por ahora hay que
esperar, cada uno metido en su hueco».

Me permito sugerir que algún arquitecto con conocimiento de causa,
le responda a Merchán (y a Ospina) sobre los términos y pertinencia
de su(s) interesantísima(s) propuesta(vaticinio); o bien, nos
proponga cómo podría ser una bienal curatorial de arquitectura.

Enrique Uribe Botero

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El día 4 de julio de 2008 17:28, miguel de leon <esferapublica@hotmail.com> escribió:

En su texto, Enrique Uribe Botero nos dice textualmente: "Merchán nos
recuerda la extraña noción de curaduría que se maneja en arquitectura,
por lo menos en Bogotá: "El curador en arte es un investigador,
teórico, crítico o historiador que define un tema a partir del cual se
articula una exposición y no un vigilante de normas como sucede en
arquitectura con el ´curador urbano´". Lucas Ospina deja en el aire
una preocupación que nos confirma que la curaduría en arquitectura va
por caminos extraños: "Una realidad: luego del gran temblor que
destruirá Bogotá, la ciudad tendrá una nueva oportunidad para el
ejercicio de la arquitectura, de la curaduría urbana, del urbanismo,
de la crítica, por ahora hay que esperar, cada uno metido en su hueco".

En ese sentido, quienes seguimos los diversos debates que se dan en
torno al arte contemporáneo, muchas veces sonreímos ante la
mitificación del concepto "curador", ahora nos colocan otro contexto.
Porque al definir la arquitectura como un arte visual, el concepto de
curador no será igual para todos, "un vigilante de normas" es decir
alguien que conduce el arte por los "caminos "correctos", por los
senderos de la moda, no sé. . . es simplemente un comentario.
Miguel de León

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El día 20 de julio de 2008 0:43, enrique uribe botero <esferapublica@hotmail.com> escribió:

 

¿Arquitectura re-creativa?

Con anterioridad propuse un tema al cual no obtuve respuesta. Así que me puse nuevamente en la tarea de revisar el debate España, en el cual encuentro muy poco debate pero si muchos temas de interés, y veo que la copia, uno de los temas favoritos en otros campos como la literatura y el arte, también es un favorito entre arquitectos.

Reconociendo el valor icónico de la biblioteca, y sin desconocer ni reconocer otros valores como los espaciales, dado que no la conozco ni encuentro información útil al respecto, encuentro convincente el argumento visual de que este edificio es «copiado» del centro multimedia de David Chipperfield in Hong Kong.

En la misma línea, pregunto si el nuevo primer premio del concurso para el conjunto deportivo para los Suramericanos  de Medellín es copiado, o no, del proyecto de la ciudad de la innovación en Navarra, España, de los arquitectos Kahle , Oiza  y Arauzo

Ciudad de la innovación ,Navarra, 2006, Kohle, Oiza y Araujo


Coliseos juegos suramericanos, Medellín , 2008.

Unión Temporal  Suramerica (Felipe Mesa, Giancarlo Mazzanti)

Mi opinión es que sí lo es, sin que esto invalide el proyecto, y tampoco lo que será sin duda un atractivo y emblemático conjunto arquitectónico. Pero quisiera que algún debatiente argumente por qué no es una copia.

Considero que bastaría con que los autores, como en cualquier cita de pie de página en un libro, hayan reconocido que su proyecto para Medellín «proviene», «está influenciado», «recrea», «tuvo en cuenta», «comenta», «amplía»; o cualquier término que de cuenta de su vinculación con el evidente ancestro español.

De lo contrario, es decir, si pretende pasar por propia una idea (imagen) de otro, estoy de acuerdo con los que denuncian esta forma de proceder como copia.

Enrique Uribe Botero

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El 1 de agosto de 2008 16:20, guillermo fischer<esferapublica@hotmail.com>escribió:

Carta abierta a Giancarlo Mazzanti

Estimado Giancarlo:

El debate que se ha suscitado sobre las características de la arquitectura que  está siendo premiada en bienales y concursos surgió de manera circunstancial cuando su proyecto fue premiado en la Bienal  iberoamericana.

La Bienal fue  simplemente el detonante de una situación que venía  discutiéndose durante el último año en el ambiente arquitectónico; en cierta manera, fungió de Florero de Llorente. De esta manera el meollo de la discusión no es el hecho circunstancial de que el proyecto se considere copia o no. Varios debatientes lo han visto así y han  expuesto sus argumentos. Los pocos que han dicho algo en respuesta a estas denuncias, lo han hecho con afirmaciones sin soporte argumental como “quien no haya copiado que tire la primera piedra”, o con evasivas irrelevantes como la de la envidia.

Lamento mucho que usted lo haya tomado como un ataque ad-hominem, y sobretodo, que haya incluso considerado demandarme penalmente por diversos delitos Y que no sólo lo haya considerado en la intimidad de su conciencia, sino que lo haya dicho públicamente para asegurarse que me llegaría “el mensaje.” Francamente, esas no son más que amenazas dirigidas a silenciarme; más me silenciaría, y a sus demás críticos, conocer públicamente sus razonamientos y cómo sustenta que no se trata de copia.

Considero que lo que he hecho de manera valiente es señalar lo que está a la vista de todos, que las imágenes icónicas de sus nuevos proyectos son casi idénticas a las imágenes de revista donde salen fotos de proyectos de otros arquitectos. He decidido sacar las conversaciones de detrás de bambalinas e invitar a una discusión pública sobre el tipo de arquitectura que hacemos hoy. Entiendo que usted prefiera que estas discusiones no se den, o que se den tan sólo en cafeterías y reuniones privadas, pero creo que ese tiempo ya pasó. Un país no puede crecer bajo el lema de que “entre bomberos no se pisan las mangueras.”

Tenemos entonces pendientes una discusión no en los estrados judiciales, con abogados de por medio, sino en la academia con alumnos y colegas de por medio, discusión que nos enriquezca como gremio. Ya pasó la edad del whisky, el chiste y la camaradería que oculta los errores; entramos en la edad de la razón pública. O es hora que lo hagamos.

El fondo de la discusión  es cuál debe ser el criterio de premiación en bienales y concursos, y si la que se promueve internacionalmente deba ser una arquitectura cuyo proceso proyectual está basado en la copia, en la referencia, en la cita, como se la quiera llamar; o si el procedimiento de la copia las invalida y le debe dar paso a otras formas de proyección.

No  hay nada personal en este debate, en el sentido que yo tenga rencores contra usted como individuo, o esas otras emociones pecaminosas de las que usted me acusa en artículos de prensa y por interpuestas personas, evitando así el debate sobre las ideas. Le propongo leer el editorial de Arcadia No. 32 de mayo de 2008, escrito por Marianne Ponsford, titulado “Saber pelear”. En este breve texto se denuncia la falta de argumentos y su sustitución por el insulto como un mal nacional.

«…porque a nadie se le ha enseñado a argumentar, y porque todos creen que manifestar un desacuerdo equivale a insultar. No es cierto. Insultar es lo que hace el Presidente. Y es sumamente grave».

Creo que usted está padeciendo este mal y lo comparo con el presidente Uribe, exactamente en el mismo sentido que lo denuncia el editorial.

Sólo espero que usted no tenga los mismos índices de popularidad.

Giancarlo, es importante entender que los debates en los blog son una forma de periodismo, y que amenazar a los participantes de los mismos con demandas se interpreta como una forma de censura. Ante la ausencia de discusión crítica en el país en los últimos años, la reciente aparición de espacios de este tipo para el debate crítico, se convierten en algo fundamental para la salud de la arquitectura. Su existencia es necesaria, como lo es la aparición de otras formas de crítica. Y de disenso.

Su actitud de silencio responde a un derecho, sin duda, pero la actitud de amenaza atenta claramente contra este propósito de la crítica abierta. Como forma para acallar críticas de carácter académico que pueden ser hechas a sus proyectos, me parece evidente que es inapropiada y no se compadece con un arquitecto ganador de premios nacionales e internacionales y una experiencia docente como la suya.

Por mi parte, difícilmente acepto el chantaje, por lo cual seguiré emitiendo mi libre opinión sobre temas que considero necesarios y de beneficio para la arquitectura en el país.

Insisto que en su calidad de ganador de varios concursos promovidos por fondos públicos y habiendo sido cuestionado por varios de los participantes en este debate, usted debería responder las preguntas e inquietudes que le han sido formuladas, incluyendo la del tema de la copia y el manejo inexplícito de fuentes y referencias. Además, creo que es una oportunidad para ilustrarnos sobre su posición respecto a la arquitectura que se debe desarrollar actualmente en el país, especialmente la financiada con recursos del estado.

Cordialmente,

Guillermo Fischer

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Agosto 4-2008. Guillermo Fischer

¿Qué arquitectura promueve la SCA?

Durante los últimos ocho años en los concursos auspiciados por la Sociedad Colombiana de Arquitectos (SCA) hemos visto una tendencia clara hacia la premiación de arquitectura cuya similitud es evidente con los proyectos de las vanguardias europeas; arquitecturas icónicas, mediáticas, ausentes de contenido cultural, carentes de responsabilidad social, cuyo real interés es el ego del arquitecto, y cuyo procedimiento proyectual se basa en la copia.

He llamado copia a este procedimiento, diferenciándolo de otros procedimientos como el uso de referencias o la adaptación de modelos, precisamente porque no creo que lo que se está haciendo y premiando sea una reelaboración. El debate ha sido evitado no sólo por los arquitectos denunciados a quienes me he dirigido públicamente, sino por la misma SCA.

Esta arquitectura, como lo he manifestado en anteriores escritos, viene siendo premiada mayoritariamente en concursos y es la que nos representa últimamente en eventos académicos y en la prensa internacional. De esta forma, se percibe como la única arquitectura nacional digna de ser premiada y mostrada, fenómeno que desalienta profundamente el desarrollo de otras formas de proyectar en arquitectura.

Quienes pensamos que la arquitectura colombiana puede ser representada por diferentes variantes ideológicas, las cuales coexisten en este momento en el país, incluyendo la tendencia mencionada, vemos con preocupación la falta de pronunciamiento de las directivas de la SCA ante problemática actual.

Al no opinar sobre el particular en los últimos años, ni en los debates de este último semestre, este silencio puede ser interpretado como una preferencia implícita por la arquitectura mediática, como se podría inferir por los resultados de los concursos durante el período mencionado.

Este hecho va en aparente contradicción con su objeto social: “…integrar solidariamente a los arquitectos para desarrollar actividades profesionales de fomento, desarrollo y promoción de la función social académica y cultural de la arquitectura, preservar la ética profesional, orientar las relaciones de los arquitectos con el Estado y con la comunidad a la cual sirven y de los arquitectos entre sí”.

No conozco ninguna participación en los debates existentes de algún miembro de la Junta Directiva Nacional. Es de vital importancia en este momento crítico, que la SCA, aclare el tipo de arquitectura que promueve a través de sus concursos y bienales.

Arquitectura o gestión política

De igual manera, durante este período, hemos visto en las bienales una tendencia a premiar proyectos cuyo mérito está en la gestión del proyecto, antes que en las calidades y características arquitectónicas del mismo.

Se puede interpretar que el componente de gestión pública ha prevalecido sobre los componentes arquitectónicos en la premiación de las bienales. En la bienal del año 2000 se premió el proyecto de parques del alcalde Enrique Peñalosa, sin duda una noble gestión que logró a través del espacio público reunir a la comunidad y nos demostró que el espacio público es el crisol de la comunidad. El premio en la Bienal 2002 para la graderías de la Universidad San Buenaventura en Cali, en la cual el jurado consideró importante resaltar que fuera una instalación deportiva y el modo en que esto constituía un mensaje para las administraciones públicas en general. Y el de la bienal 2004, el mérito de la biblioteca de Guanacas recayó igualmente en la gestión que se hizo en la organización de la comunidad que cristalizó el proyecto, antes que en la calidad de su arquitectura.

Estos proyectos son meritorios por el impacto que tuvieron en sus comunidades. Sin embargo, es evidente que en estos casos se dio mayor importancia a la gestión y el accionar político, que a la arquitectura en sí misma. En ningún caso hemos visto una explicación adicional por parte de la SCA, más allá de una aprobación irrestricta a los veredictos del jurado de turno.

Ante esta aparente falta de claridad de criterios de premiación, tal vez sería conveniente buscar alternativas para incentivar la gestión pública si eso es lo que se desea, por ejemplo establecer otro tipo de bienal que premie la gestión pública de los gobernantes en términos de vivienda, espacio público, etc.

Composición e idoneidad de los jurados

La forma en que se han seleccionado los jurados de concursos y bienales se ha visto afectada por el proceso de politización interna que durante los últimos ocho años ha mantenido un mismo grupo político en la presidencia de la SCA.

Así es como comparativamente con períodos anteriores se puede apreciar que en la composición de cuerpos de jurados de concursos y bienales ha aumentado notablemente la participación de estamentos de la misma SCA, y funcionarios de entidades públicas relacionadas con la Sociedad. En mi opinión, este hecho ha deteriorado la idoneidad de la composición de los cuerpos de jurados. Y no me refiero a idoneidad ética sino crítica.

He insistido en muchas oportunidades ante el comité de concursos de la SCA sobre la necesidad de buscar mecanismos que aseguren idoneidad en la composición de los jurados. En apoyo de esta afirmación he sostenido que la capacidad administrativa de un miembro de la SCA u otra entidad pública o privada, no le concede automáticamente el criterio apropiado. Es mi parecer que la capacidad crítica se adquiere por una extensa experiencia profesional, acompañada de práctica docente, ojalá vinculada a la investigación.

La libre opinión en los gremios

Por la reiteración de esta opinión sobre la idoneidad, me he visto vinculado a un proceso de expulsión por un tribunal de la junta directiva de la SCA. Interpreto esta actitud como una censura a la libre opinión profesional, así como una franca incapacidad para asimilar de forma constructiva las críticas.

En mi carta de julio 3 dirigida a la junta directiva de la SCA hago claridad sobre el hecho que mis intervenciones públicas recientes se enmarcan dentro una discusión que considero saludable para la SCA sobre el tema de la selección de proyectos públicos a través del sistema de concursos. Pero en vez de ser constructivos y reflexionar sobre el tema y las críticas sobre el mismo, la única acción de la que tengo conocimiento por parte de la Junta Nacional de la SCA, es la ya mencionada promoción de mi expulsión de la Sociedad.

En una comunicación que se me dirigió personalmente, la junta directiva me da entender que su mayor preocupación es la imagen institucional de la SCA. Considero que de acuerdo con su objeto social, debería haber, en cambio, un genuino interés por mantener el carácter democrático y pluralista de una agremiación de libre asociación.

Solicito, de la manera más respetuosa, con absoluta intención constructiva, que la SCA nos aclare públicamente y con carácter general a sus todos sus asociados, si la participación en la crítica y los debates a la arquitectura, por ende los mecanismos que intervienen en su producción, como son los concursos, son o no deseables, y en qué medida, para sus agremiados.

Guillermo Fischer

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El 12 de agosto de 2008 21:42, revista arcadia <esferapublica@hotmail.com> escribió:

El premio de la discordia

Hace un mes se abrió una incisiva polémica a raíz del premio otorgado en Lisboa a la Biblioteca España de Medellín. ¿Se sacrifica la funcionalidad en aras del ego del arquitecto? ¿Importa que el proyecto sea una copia? ¿Cuánto pesa la identidad?

Andrés Ramírez Suárez*

Debate arquitectónico en Colombia

Durante la pasada Bienal de Arquitectura en Portugal se presentaron 207 proyectos, de los cuales fueron seleccionados 20 finalistas, entre ellos cuatro proyectos colombianos (tres eran edificios públicos construidos en Medellín). El jurado escogió la Biblioteca España construida en el barrio Santo Domingo Savio, una de las comunas más deprimidas de la ciudad. Según el acta del jurado, la biblioteca “es una obra de profunda significación cultural. Como respuesta a un programa de inclusión social cumple cabalmente con su cometido, en cuanto permite desarrollar las posibilidades de encontrar, por parte de la población, las bases de identidad”.

Y con el veredicto se prendió el debate. Guillermo Fischer, arquitecto colombiano con una de las obras más sólidas del país y ganador de la Bienal de Arquitectura de 2006, cree que la Biblioteca España representa las “Ego-tecnias”, término que refiere a una arquitectura “creada para alimentar el ego del arquitecto y no para responder a un bienestar social, que carece de identidad al no compartir un lenguaje formal y un sustento teórico acorde con el entorno donde está construido”.

Fischer también reclama que la Biblioteca España “no fomenta la aparición de arquitecturas propias basadas en nuestro proceso histórico”. Afirma que su particular forma se erige como una escultura al ego del creador. Otros críticos van más allá. En el espacio de discusión www.esferapublica.org, señalan que la obra es una copia del Centro Multimedia de la Universidad de Hong Kong, un edificio diseñado por el arquitecto inglés David Chipperfield en 2003.

Para el arquitecto Giancarlo Mazzanti, diseñador de la Biblioteca España y uno de los principales referentes de la nueva arquitectura colombiana, estos cuestionamientos son infundados y no se compadecen con el efecto positivo que el proyecto ha traído al sector. “El valor de la arquitectura es su capacidad de producir diferentes situaciones. Creo que las discusiones en la arquitectura no pueden girar en torno al lenguaje o al estilo. Eso nos convertiría en estilistas de la arquitectura. Lo importante son las acciones y efectos que puede causar la arquitectura”.

La discusión ofrece varios ángulos conceptuales. Las aristas más interesantes se relacionan con el valor de la identidad y la originalidad de la arquitectura contemporánea. La discusión abordada desde varias décadas en países del primer mundo por primera vez aterriza en Colombia.

Michel Foucault cuestiona en su libro Las palabras y las cosas el valor de la identidad en los procesos creativos: “¿A partir de qué a priori histórico ha sido posible definir el gran tablero de las identidades claras y distintas que se establece sobre el fondo revuelto, indefinido, sin rostro y como indiferente, de las diferencias?”. Con Foucault surgen otros cuestionamientos en estas sociedades dinámicas y globalizadas: ¿Es importante vincular el concepto de identidad a la arquitectura? ¿Alguna vez ha existido una arquitectura propia colombiana, chilena o mexicana? Si es así, ¿cómo se reconocen?

El discurso sobre una identidad única como un valor de la arquitectura nacional se contrapone a la aparición de múltiples maneras de abordar el proceso creativo. Poner sobre la mesa estas dos visiones hace que la crítica de la arquitectura en el país se sacuda después de décadas de absoluta pasividad. El arquitecto Jorge Pérez, ex decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, definió agudamente este punto: “La presencia de (Rogelio) Salmona y sus obras, curiosamente suscitó un establecimiento oficial de un sector influyente de la crítica nacional que de manera contraria a lo que podría ser el propio ideario de libertad, independencia, sentido crítico y profunda búsqueda intelectual que caracterizó a nuestro maestro, generó una suerte de tendencia con matices de censura a toda arquitectura que se atreviera a recorrer caminos diferentes, más aún si era producida por jóvenes arquitectos desde la provincia. Esto, lamentablemente, generó un unanimismo de efecto paralizante, por lo demás bastante conservador complementado por cierto desenfoque en el análisis y la crítica”.

En una sociedad que cambia sus hábitos de vida a gran velocidad, es natural que surjan múltiples formas de hacer arquitectura. Pareciera entonces que el discurso moderno de la arquitectura colombiana que promovía un único deber ser del oficio no tiene cabida hoy.

El arquitecto contemporáneo debe reconocer la pluralidad y particularidad de pensamientos y culturas para construir sobre esas diferencias. “La arquitectura no puede seguir siendo un objeto para ser contemplado, sino debe ser capaz de producir sensaciones. A mí me preocupa el aislamiento que hay en Colombia frente a lo que pasa en la arquitectura en el mundo. Hay muchos prejuicios y miedos a hacer cosas novedosas”, dice Mazzanti.

Pero las “cosas novedosas” de Mazzanti son calificadas por los críticos como una arquitectura que desconoce la identidad y la problemática del lugar. Para algunos, su trabajo es una caja de resonancia de las tendencias arquitectónicas del primer mundo. Fischer lo llama “arquitecturas de revista”.

Giancarlo Mazzanti responde: “El barrio Santo Domingo Savio fue epicentro de la guerra del cartel de Medellín. Cuando se le preguntaba a algún habitante de Santo Domingo Savio jamás decían dónde vivían. Les daba pena que los asociaran con la violencia y la miseria del sector. Por eso, la apuesta de este proyecto era construir un ícono que devolviera el orgullo y el sentido de pertenencia de los habitantes con su hogar”.

Más allá de estas dos posiciones, existe un factor esencial del debate que no ha merecido ninguna atención. Es paradójico que se reclame la construcción de una arquitectura propia que represente nuestra identidad como país, sin cuestionar la manera como los habitantes del sector de Santo Domingo Savio incorporaron la biblioteca a sus vidas.

Cualquier debate y crítica de arquitectura debería partir de las respuestas sociales y antropológicas que todo edificio causa en un lugar. ¿Han mejorado los índices de seguridad en la zona?, ¿ha aumentado el número de visitantes al barrio?, ¿hay una identificación y apropiación de la comunidad con la Biblioteca? ¿Han sido grafiteadas las paredes del edificio o desvalijado los baños?

Los edificios los terminan de construir las personas que en ellos habitan. Ellos incorporan nuevas circulaciones, estancias y maneras de vivir cada espacio. Sin embargo, aún persiste en Colombia la idea de aquel arquitecto genial con el poder de determinar desde la tribuna la manera como las personas habitan su propio hogar.

Foucault dice que “la emulación es una especie de gemelidad natural de las cosas; nace de un pliegue del ser cuyos dos lados, de inmediato, se enfrentan. El escritor Paracelso compara este desdoblamiento fundamental del mundo con la imagen de dos gemelos “que se asemejan de modo perfecto, sin que sea posible a persona alguna decir cuál ha dado al otro su similitud”.

Para el crítico Germán Téllez, la emulación es un ejercicio extendido en la historia de la arquitectura universal. “¿No es la catedral de Reims una copia fiel de la de París y ésta de la de Chartres? ¿El templo dórico de Agrigento no es una copia del de Selinonte? ¿Por qué ese temor a copiar y esa dictadura de la originalidad, del ego inflado y jactancioso? ¿De veras los arquitectos seremos semidioses?”.

Estas preguntas que ahora se hace la arquitectura colombiana se las formuló el arte hace cien años. La aparición de las vanguardias como el dadá, el cubismo y el surrealismo replantearon el concepto de genialidad en el campo creativo, y la originalidad e identidad como finalidad. El arte dejó de ser un bien exclusivo de un gran maestro y las élites que lo adulaban para convertirse en un oficio abordado desde diferentes posturas teóricas. De allí que Dalí recreara a la Mona Lisa de Da Vinci con bigotes, Picasso deconstruyera la perspectiva de Las Meninas de Velásquez y Warhol sentenciara el fin del arte elitista para reemplazarlo por un bien popular y masivo.

Mazzanti cree que su trabajo se sintoniza con estas posturas que buscan la construcción de múltiples discursos. “Hay que entender cuáles son los fenómenos que construyen las sociedades contemporáneas. A mí me interesa que la arquitectura sea universal, pero que responda a factores particulares como geografía, clima, población. No creo que la arquitectura esté determinada por un lenguaje formal particular sino por la capacidad de construir cierto tipo de valores en el contexto”.

El arquitecto Enrique Botero dice que es evidente que la forma exterior de la Biblioteca España es copia del proyecto de Chipperfield. Además, abre el debate hacia otro concurso público que Giancarlo Mazzanti y Felipe Mesa ganaron recientemente en Medellín. “Encuentro convincente el argumento visual de que este edificio es copiado del Centro Multimedia de Hong Kong. En la misma línea pregunto si el nuevo premio para el Centro Deportivo de los Suramericanos de Medellín es copiado o no del proyecto de la Ciudad de la Innovación de Navarra, España. Considero que bastaría con que los autores, como en cualquier cita de pie de página en un libro hayan reconocido que su proyecto proviene, esta influenciado, recrea, tuvo en cuenta, amplía, o cualquier término que dé cuenta de su evidente vinculación con el ancestro español”.

¿Existe entonces la copia en la arquitectura? Históricamente este ha sido un oficio que recoge diferentes elementos de una cultura y los incorpora dentro de un contexto particular para avanzar hacia un nuevo escalón de la evolución. Eso no exime de la obligación ética que tienen los arquitectos de hacer explícito dentro de su discurso teórico todos aquellos valores retomados de otras obras. Solo eso se puede decir, porque si se insiste en el concepto de la copia entonces habría que sentenciar que las pirámides de Chichén Itzá (600 d.C) son una copia de las pirámides de Egipto (2.700 a.C). Ya se dijo antes, las discusiones sobre la forma en la arquitectura son interminables. El genio y la originalidad se manifiestan en este mundo en otros ámbitos como la naturaleza: el cielo, el mar o las montañas sí son obras irrepetibles.

fuente >
http://www.revistaarcadia.com/ediciones/35/arquitectura.html

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12 agosto 2008

Aclaración de Antonio Toca, Jurado BIAU

Con la autorización de su autor, me permito publicar el texto que me dirigió.

Guillermo Fischer

Con mucho interés he leído los comentarios que se han producido en Colombia con relación al premio que en la VI Bienal de Arquitectura Iberoamericana (BIAU) se otorgó a la Biblioteca pública Parque España, en la ciudad de Medellín.

Como formé parte del jurado, me parece que tengo la obligación de responder a algunos de los comentarios que se han publicado con relación a este resultado.

Debo de comenzar aclarando que, al igual que muchos colegas, he participado en numerosas bienales y concursos públicos y, en la mayoría, he perdido. He ganado algunos, de los cuales el más importante ha sido -curiosamente- el de la Nueva Biblioteca Pública para el Estado de Jalisco en México; en el que participaron 264 arquitectos de 44 países. Por eso y por hecho de que he sido además profesor y crítico de la arquitectura me considero suficientemente preparado para actuar como parte del jurado en el que estuvieron también Ricardo Carvalho de Portugal; Beth Galí y Miguel Hernández de León de España; Rosa Grena de Brasil y Nelson Inda de Uruguay.

Creo que las críticas al resultado de la VI BIAU son producto de la ignorancia, que asume que un premio fue el único resultado de toda la actividad de la Bienal. Me explico: la BIAU tiene tres programas básicos: Premios a las obras de arquitectura, en tres modalidades; Premios a las publicaciones asimismo en tres categorías y Premios a los proyectos de investigación; además de otros Programas paralelos: el 1er. concurso y Muestra de mujeres arquitectas y urbanistas iberoamericanas; la 2ª. Muestra de jóvenes arquitectos iberoamericanos y el 3er. Concurso de ideas de arquitectura en la red para estudiantes. Toda esa actividad demuestra las diversas líneas de actuación que la BIAU estimula, siempre con la mirada puesta en el mundo universitario y profesional, y en la esfera institucional y social. De manera que asumir -como se ha publicado- que el resultado de una categoría es: evidencia de los desatinos de un metalenguaje encriptado, cuya insufrible prepotencia intelectual nos muestra otra vez más, la ausencia de la pertinencia como un atributo infaltable de todo juicio crítico es tanto injusto, como incorrecto. Las conjuras, complots y crímenes son muy estimulantes en una novela, pero no es correcto suponerlas en un concurso público, con el prestigio y la calidad de sus resultados como el que se ha conseguido en la BIAU.

Comparto, desde hace mucho tiempo, la preocupación de numerosos colegas en Latinoamérica por lograr una arquitectura digna y de calidad, que se relacione con nuestra cultura y entorno físico. Eso me llevó a sostener un regionalismo radical que contraponía a la creciente corrosión de la arquitectura banal, alienada y espectacular, que se promueve en numerosos medios de comunicación masiva. Sin embargo, creo que nuestros nacionalismos, aunque no han tenido los rasgos delirantes del fascismo y del comunismo reales, si portan un virus muy peligroso y cuyos resultados son evidentes: un conservadurismo disfrazado de buenas intenciones, que se niega a entender que no se puede vivir encapsulado en un tiempo ya pasado o imaginado.

Estoy convencido que la calidad de las obras que fueron seleccionadas en la VI BIAU ofrece un panorama auténtico y representativo de corrientes arquitectónicas extremadamente valiosas y enraizadas en una modernidad reinterpretada en base a los recursos y las situaciones locales.

En este sentido se destacó el Parque y Biblioteca España, del Estudio de Arquitectura Giancarlo Mazzanti & Arquitectos Ltda., de la Ciudad de Medellín en Colombia, como Premio a la Mejor Obra de Arquitectura, considerada por el jurado como una obra de profunda significación cultural, que cumple con la finalidad del Programa de Inclusión Social en el cual se desarrolló. Me parece que se trata de una arquitectura que contribuye a potenciar la calidad de vida y la integración social en la periferia urbana de Medellín.

Sin embargo esa obra no fue la única, se premió también la Casa Pentimento en Ecuador, de los arquitectos José María Sáez y David Barragán, como la Mejor Obra de Joven Autor, considerada como una verdadera lección de arquitectura de austera realización.

Por otra parte, el Premio a la Mejor Obra de Arquitectura de Espacio Urbano demostró que es posible realizar con un manejo calificado e ingenioso de modestos materiales, espacios públicos de alta calidad. La Plaza Turca de la pequeña Ciudad de Juazeiro en Bahía del Brasil, del Estudio SETE 43 Arquitectura, es una prueba de ello.

El Premio a la trayectoria profesional le fue otorgado al arquitecto uruguayo Mariano Arana. Arana; que es profesor de historia de la Facultad de Arquitectura y ha tenido una singular actuación profesional y política. En su momento fue impulsor y proyectista de Conjuntos de Vivienda de Ayuda Mutua enmarcadas en el Sistema Cooperativo Uruguayo. En plena dictadura Cívico-Militar lideró el Grupo de Estudios Urbanos de defensa de los valores permanentes del Casco Histórico de Montevideo. Ha sido Intendente de Montevideo en dos períodos de gobierno, Senador de la República y en los últimos años Ministro de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, lo que muestra una personalidad esencialmente culta, polemista y solidaria con los ciudadanos de Uruguay.

La VI BIAU reconoció de esta manera a obras comprometidas con la realidad social y cultural iberoamericana, manifestada en reconocimientos testimoniales a obras y trayectorias profesionales caracterizadas por la coherencia y el oficio.

Imaginar conjuras para premiar obras que son burda copia de las que aparecen en revistas como Croquis, es simplemente, equivocarse de enemigo.

La prueba es que, en la V BIAU se premió un modestísimo Colegio en la Amazonia, en Bolivia; a pesar de que en esa ocasión se recibieron 208 obras, de las cuales se seleccionaron 34. Entre las que destacaban el edificio Cube, de Carme Pinós; el Musac, de Mansilla y Tuñón; y el Estadio de Braga, de Souto de Moura. En la pasada BIAU se tuvieron 207 obras, de las cuales se seleccionaron 35, con 9 obras de Portugal, entre las que destacaban el Fluviario de Mora, el Mercado público de Comenda y el Teatro de Guarda. Colombia tuvo una extraordinaria participación, con 4 obras: los Parques bibliotecas España y San Javier y el Orquideorama, en Medellín, y la Sala para exposiciones temporales en Bogotá.

Hay que aclarar también que el equipo del arquitecto Mazzanti había participado antes en la V BIAU, con el Centro de convenciones de Medellín.

Son estas pruebas de que, a diferencia de otros foros y publicaciones, la BIAU es un ejemplo tanto de calidad en sus resultados, como compromiso con la mejor y más valiosa arquitectura y espacios públicos en Iberoamérica.

Antonio Toca

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El 14 de agosto de 2008 16:45, guillermo fischer <esferapublica@hotmail.com> escribió:

Autorización y aclaraciones de Antonio Toca Fernández.

Amplían la explicación sobre el fallo y emiten una valoración interesante para las copias.
Guillermo Fischer

13 agosto 2008

Estimado arquitecto Fischer:

Me da mucho gusto que me escribiera. Por supuesto que tiene autorización para insertar el artículo en el Blog que menciona.

Veo que la obra ganadora le preocupa a algunos en Colombia, por su parecido con la Casa de la Música de Koolhaas en Lisboa. Conozco la obra, que me parece completamente olvidable; pero hay que recordar que Koolhaas no es arquitecto, sino guionista y es un experto en autopromoverse, tomándole el pelo a los norteamericanos, lo cual no ha sido difícil.

Personalmente me importa poco este parecido. Creo que si lo hay, sería lamentable. Sin embargo, creo que esa obra y las demás del programa social que realizó el gobierno de Medellín es asombrosa y me dio mucho gusto que se premiara esa obra. Yo estuve renuente a hacerlo; sin embargo, al darme cuenta de que era una de esas obras, apoyé el premio.

Creo que las analogías, o las copias en arquitectura es un asunto vergonzoso que no se menciona, como los pecados de la familia.

Le reitero mi agradecimiento y quedo a su disposición para cualquier aclaración que crea conveniente.

Un saludo

Antonio Toca Fernández

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El 18 de agosto de 2008 12:02, Guillermo Fischer <gfischer@etb.net.co> escribió:

Arquine y la pseudovanguardia

El artículo “Biblioteca en Medellín” publicado en el periódico La Reforma de México por Miquel Adriá se une a otro publicado por el mismo autor en el diario el País de España en defensa de la arquitectura mediática. Apreciamos nuevamente la sintomatología de los defensores de esta arquitectura recurriendo a la dilación y el engaño, en vez producir una argumentación positiva, en defensa de este tipo de arquitectura.

Al observar su  preocupación con el tema, vale la pena tratar de develar las motivaciones de Adriá para hacer estas afirmaciones cargadas de evasiones.

Lo primero es entender lo lógico que resulta el malestar de Adriá, como lo he manifestado anteriormente en otro escrito, ya que es  beneficiario directo de los premios y la publicidad que recibe esta arquitectura mediática, el producto que vende su revista Arquine es precisamente la arquitectura latinoamericana que él mismo ha ayudado a construir como vanguardia.

Hablando coloquialmente, quienes critican este tipo de arquitectura, estarían pateando la mercancía.

La revista El Croquis se ha limitado a la publicación del estrellato europeo, asiático y norteamericano, dejando libre el mercado de imágenes de arquitectura iberoamericana; al parecer porque la arquitectura latinoamericana no vende. El espacio ha sido hábilmente llenado por la revista Arquine, que como reza su subtitulo en la pagina web, es una”Revista Internacional de Arquitectura de México publicando la arquitectura latinoamericana  desde Miami hasta Argentina.”

Arquine se lucra de un mercado de imágenes de arquitectura suramericana, que se autocalifica irónicamente como innovadora y experimental y que posa descaradamente de vanguardista, cuando es en realidad un reciclaje de segunda y tercera mano.

Adriá no parece haberse percatado que el fondo de la discusión consiste en un cuestionamiento sobre el hecho que sea casi exclusivamente este tipo de arquitectura, una falsa vanguardia, producto de la copia de vanguardias europeas y asiáticas, la que se promueve y es premiada y publicada. O bien, pretende ingenuamente hacer pasar gato por liebre recurriendo a la tergiversación, con la simplista  acusación de que el cuestionamiento hecho por algunos no es más que el elemental accionar de un grupo de arquitectos de pensamiento reaccionario.

Vale la pena aclarar que por reaccionario se entiende alguien que se resiste a lo nuevo, que está en contra de los cambios en los órdenes establecidos y reacciona contra cualquier denuncia que perturbe el orden de las cosas.

En este momento, quienes representan este orden, el “establecimiento”, son las instituciones que organizan bienales y concursos, así como las revistas que se aprovechan de esta publicidad. Un cambio en el orden de las cosas sería contraproducente para Adriá, el cual, visto de esta manera, es quien merece la calificación de reaccionario.

Otro engaño radica en asumir lo que nadie en este debate ha dicho ni piensa: que la arquitectura idónea sea la del adobe o el ladrillo. De hecho, entre quienes han debatido hay tanto defensores como detractores del ladrillo; y pocos o ninguno, del adobe.

Pero aquí no paran los engaños de Adriá a sus lectores; también está el manido argumento de la nobleza social del proyecto arquitectónico.Una cosa son los proyectos sociales de alcaldes como Peñalosa en Bogotá o Fajardo en Medellín, del cual son parte fundamental la dotación de ciertos servicios, y otro, ojo, otro, las cualidades de los proyectos construidos. En el caso de la biblioteca premiada, no está en discusión lo meritorio del plan del alcalde, sino la arquitectura en sí misma. Al desviar el objeto de la crítica de la arquitectura a la política, Adriá trata nuevamente de confundirnos.

Como el arquitecto  Carlos Campuzano suele repetir con ironía: “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”.

El tema central de todo este debate, el cual Adriá elude, es si podemos considerar vanguardia este tipo de arquitectura. Se considera vanguardista quien va un paso adelante pero en el caso de esta arquitectura, es obvio que ésta va un paso atrás

Esto desprende temas colaterales que hacen parte de la gastada argumentación de esta vanguardia aparente. El argumento de la inevitabilidad de la  globalización es usado en forma totalitaria, para obtener la anulación de cualquier discusión sobre la identidad cultural o la relación con el lugar, temas que necesitan mayor debate y no el silencio que se pretende imponer sobre estos temas, al calificar de reaccionario a quien ose hacerlo.

Para bien o para mal, Miquel Adriá, quien evidente que se considera a si mismo un progresista, juega un papel muy importante en la valoración y evolución del arquitectura latinoamericana., Considero, que en razón a su importancia, en lugar de practicar la elusión y producir presentaciones engañosas y descalificaciones simplistas, para vendernos una pseudovanguardia hecha de imágenes que se acomodan a las últimas tendencias surgidas en Europa, está en la obligación de contribuir a producir un discurso cultural que supere la inmediatez estética del edificio novedoso que se aprovecha sin reconocerlo, como la biblioteca España, de méritos ajenos no sólo en lo estético sino también en lo político.

 

Guillermo Fischer

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¿Qué pasa con el cóndor?

El texto a continuación, ARQUITEXTOS, escrito por Miquel Adriá y publicado en La Reforma de México el 20 de mayo, funciona como complemento a la “Aclaración” de parte de Antonio Toca publicada hoy en Esfera Pública.

Adriá resalta las bondades de la biblioteca España y denuncia la existencia de un grupo de arquitectos reaccionarios cuya incomprensión de lo contemporáneo los lleva a juzgar equivocadamente un premio concedido por un jurado brillante a un edificio excelso.

Es claro respecto a que considera la biblioteca como un edificio “auténtico”, pero deja en el aire el hecho de si lo considera, o no, un edificio auténticamente latinoamericano.

Define la arquitectura latino-panamericana reaccionaria como la arquitectura del abobe y el ladrillo a la vista (tabique aparente) y da pistas sobre lo que considera “arquitectura pura”.

Recomendado para los interesados en el tema del juzgamiento de concursos.

Juan Luis Rodríguez

ARQUITEXTOS/ biblioteca en Medellín
Miquel Adriá

REFORMA.COM
(20-May-2008) Copyright © Grupo Reforma Servicio Informativo

¿Qué pasa con el cóndor?

Iberoamérica es un territorio forzado. Algo así como la Commonwelth -unida por lazos históricos y lingüísticos-, Iberoamérica responde a situaciones económicas, sociales y culturales bien diversas. Tiene algo de babélico, con lenguas comunes y significados distintos. Y eso tiene su atractivo.
Este año Lisboa fue la sede de la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo en su sexta edición. La BIAU fue creada en 1998 por el Ministerio de Vivienda de España como iniciativa para activar la comunicación y la cooperación entre los arquitectos de América Latina y los de Portugal y España. Es una organización institucional conformada por ministerios y secretarías, instituciones académicas y colegios de arquitectos que, si bien tienen los mismos nombres en distintos países, también tienen significados diversos. No es lo mismo, por ejemplo, un colegio de Arquitectos en España que en México.

Esta Bienal que ha tenido como sedes a Madrid, México D.F., Santiago de Chile, Lima, Montevideo y ahora Lisboa, está financiada por España con el apoyo local de las sedes en turno, imprimiendo jerarquías y clientelismos en la misma organización, si bien no deja de ser un buen foro de debate sobre la arquitectura y urbanismo que reconoce la diversidad como factor de identidad en el espacio cultural iberoamericano.

En esta convocatoria el ganador del Premio a la Mejor Obra resultó ser el parque-Biblioteca España del barrio de Santo Domingo Savio de Medellín, Colombia, proyectado por Giancarlo Mazzanti. Esta obra singular conformada por tres rocas negras incrustadas en la montaña desde donde se abren las vistas sobre la ciudad, se fragmenta en biblioteca, ludoteca, salones para la comunidad y áreas abiertas rebosantes de niños, para insertarse en el denso magma de chavolas autoconstruidas sobre una empinada topografía. Para acceder a este barrio marginal, al que ni la policía se atrevía a entrar, se ha construido el espectacular teleférico Metrocable, conectado a la red del Metro. La biblioteca forma parte de un plan estratégico del gobierno municipal saliente que ha resultado ser ejemplar, con otros parques bibliotecas -de las que el mismo Mazzanti es autor de una de ellas-, escuelas públicas modélicas, centros de desarrollo empresarial para vecinos que proceden de la marginalidad, peatonalización del centro y nuevos parques.

Sin embargo, parece que todo ello no basta –buena arquitectura al servicio de un proyecto social y de regeneración urbana- y un grupo notable de arquitectos sumamente reaccionarios, en línea con los postulados panamericanistas que sólo ven arquitectura en el adobe y el tabique aparente, han agredido ferozmente -por los pocos medios que les quedan- al proyecto ganador: no lo sienten suficientemente latinoamericano. No es auténtico. ¿Será?

La bienal incluyó a más de ochenta participantes oficiales entre jurados, delegados e invitados, veintidós países, seis mesas redondas y seis conferencias a cargo de Charles Correa, Mariano Arana, Manuel Aires Mateus, Paulo Mendes da Rocha, Joaquím Sabaté y Álvaro Siza. Magistrales todas. Y si Mendes da Rocha sólo mostró croquis para expresar ideas, el maestro –entre maestros- portugués se limitó a mostrar un conjunto de viviendas de interés social de treinta años atrás, con detalles de la construcción y dudas del proceso: arquitectura pura.

A los tradicionales premios destinados a Obras, Publicaciones e Investigación, se sumaron por primera vez el Primer Concurso de Mujeres Arquitectas, la Muestra de Jóvenes Arquitectos Iberoamericanos y el Concurso de Ideas en la Red.
La Casa Pentimento en Ecuador, de José María Sáez y David Barragán fue ganadora del Premio a la Obra de Joven Autor y el Premio en la categoría de Espacio Urbano lo obtuvo la Plaza Turca en Juazeiro, Brasil, del Estudio SETE 43. El Premio a la Trayectoria le fue otorgado al arquitecto uruguayo Mariano Arana quien dio una excelente plática sobre Eladio Dieste e impregnó de optimismo al encuentro.

De las veinte obras mexicanas presentadas sólo quedaron finalistas una casa de Mauricio Rocha y la Estación de Bomberos Ave Fénix, en la ciudad de México (proyectada por at103/Julio Amezcua, Francisco Pardo y bgp arquitectura/Bernardo Gómez-Pimienta, Hugo Sánchez), que probablemente a los herederos de la ‘quena y el cóndor pasa’, parafraseando al maestro Ricalde, tampoco les parecería suficientemente latinoamericana.

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Biblioteca de Santo Domingo en Medellín: debate a la arquitectura actual en Colombia

August 14th, 2008

Los premios suelen suscitar opiniones encontradas pero cuando alguno es muy cuestionable deja en evidencia a los que creen equivocadamente que entre gustos no hay disgustos. Como esos periodistas de farándula que aplaudieron la Biblioteca de Santo Domingo en Medellín, Colombia, sin conocerla ni enterarse de sus inconvenientes, solo porque ganó recientemente en Portugal la VI Bienal Iberoamericana de Arquitectura y fue inaugurada por Sus Majestades, lo que consideran un honor para el país. Pero apenas dicen de su arquitectura que es de “meteoritos” y su autor “costeño”. O esos arquitectos necesitados del elogio mutuo que corrieron a consagrarla como la nueva arquitectura colombiana deseando que, muerto el arquitecto Rogelio Salmona, pues a rey muerto rey puesto. Menos mal que este premio, interesado más que interesante, sirvió al menos para iniciar un debate público sobre esa arquitectura espectáculo que en Colombia apenas se inicia, mientras en Europa está llamada a su desaparición “para formar parte de la historia” como lo cree, entre otros, Arturo G. de Terán (El arte en la arquitectura de hoy hacia mañana, 2008).

El hecho es que, desde nuestra “Independencia”, hace dos siglos, casi todo nos llega tarde y de afuera. Jurados, desconocidos para muchos en Colombia, premian allá, en Lisboa, lo que no todos ellos conocen, aquí, en Medellín, basándose solo en unos pocos planos y fotografías, la mayoría de volúmenes, como lamentablemente en todas nuestras bienales. Premios que luego influyen en lo que hacemos en el país. No importa que el “exteriorismo” actual, como lo llama Jaime Sarmiento (La arquitectura de moda, 2006), no considere nuestra realidad. Como esa presumida biblioteca de Giancarlo Mazzanti en Medellín, que ignora la barriada pobre en que está y su escaso espacio urbano público, con su equivoco significado, dudosa bioclimatización, carencia de confort, funcionalidad, facilidad de mantenimiento y seguridad, e imposibilidad de flexibilidad, adaptabilidad y reciclaje. Arquitectura efectista que no es el camino en el trópico hispanoamericano, como tampoco lo es en Europa la Casa de la Música de Porto, de Rem Koolhaas, uno de los referentes de Mazzanti, que tampoco es la nueva arquitectura portuguesa y apenas un ruidoso gesto de nuevo ricos en esa bella ciudad, amen de que parte de su espacio construido no se puede usar –ni ver– y sus escaleras y salidas son una trampa en una emergencia.

También es evidente la coincidencia de los tres volúmenes de la biblioteca de Medellín con los tres del Centro Multimedia de la Universidad de Hong Kong (2003), de David Chipperfield, a los que también coincidencialmente se refiere su autor como “rocas”, como igualmente es indiscutible la similitud de las “nubes “ del Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela (1953), en Caracas, de Alexander Calder, con las de la Plaza Mayor en Medellín (2006 ), cuyo volumen, por lo demás es mas que igual al del Museo Universitario de Alicante (1999), de Alfredo Paya. Asimismo es notorio el parecido de las “olas “ del Edificio Polivalente de Servicios de Hostelería en la Ciudad de la Innovación en Navarra, España (2008), de los arquitectos Kahle, Oíza y Arauzo, con las del proyecto para los estadios de los juegos Suramericanos que se llevaran a cabo en Medellín en 2010. Todas estas “innovaciones” de Mazzanti dejan en claro que para algunos de “nuestros” arquitectos, lo mas representativo de “nuestra” arquitectura debe ser la copiada de las modas europeas ya pasadas de moda que nos llegan en sus revistas de exportación, sin importara las radicales diferencias geográficas e históricas que existen.

La buena arquitectura no se puede globalizar, y, como insistió Salmona, no solo es arte. También es función y técnica, pero, paradójicamente, su frivolidad actual se da cuando el avance constructivo y la proliferación de nuevos materiales hicieron posible en los edificios el paradigma de Marcel Duchamp, de que es la voluntad del artista lo que vuelve arte cualquier cosa, como su famoso orinal, que dio inició al arte conceptual. Por eso dice Ernest Gombrich que el arte no existe, sino solo los artistas que proponen nuevos problemas o los desarrollan; pero muchos de ellos, en el afán del cambio generacional, del que también él habla (Historia del Arte,1949), lo tomaron literalmente pese a que con apenas proponérselo no basta, y mucho menos en arquitectura. Por supuesto esto tiene graves consecuencias pues estamos dañando nuestras ciudades con los edificios triviales, impertinentes y trasnochados que, en general, estamos haciendo.

Pero solo con crítica, teoría e historia se dará un debate culto y amplio; y de ahí fructífero. La democracia verdadera es sobre todo cultural y no apenas política. Es lo que permite que los ciudadanos convivan pacifica y estimulantemente al acceder a su ciudad en tanto que obra de arte colectivo. Por eso es necesario continuar con el debate público sobre nuestra arquitectura actual, esa arquitectura espectáculo que nos llega con los premios, las bienales y las revistas. Nos tendría que interesar a todos y no apenas a los arquitectos. En consecuencia, es pertinente analizar el Acta de la VI Bienal Iberoamericana de Arquitectura. Dicen en ella los arquitectos Antonio Toca de México, Ricardo Carvalho de Portugal, Rosa Grena Kliass de Brasil, Beth Galí y Juan Miguel Hernández de España, y Nelson Inda de Uruguay, para “justificar” el premio a la Biblioteca de Santo Domingo, de Medellín, que:

“El Parque y Biblioteca España es una obra de profunda significación cultural, merecedora del Premio en cuanto conjuga con calidad superior todos los aspectos que el Jurado consideró a los efectos de su valoración, destacándola del conjunto de Obras Seleccionadas. El Parque y Biblioteca España es la respuesta arquitectónica a un programa que relaciona múltiples servicios culturales en la atención a un área de la Ciudad de Medellín especialmente conflictiva.

El planteo espacial, formal, funcional y de relación con el paisaje, se justifica y explica en la memoria presentada por los autores: “…más que un edificio se propone la construcción de una geografía operativa… Un edificio-paisaje que redefine y tridimensionaliza la estructura plegada de las montanas como forma y espacio…”

La volumetría simple y variada, unitaria y diversa, real y virtual, comunica con acierto evidente una propuesta “naturalmente artificial” en un área marcada por la carencia material, la desintegración social y el vacío cultural. Como respuesta a un programa de Inclusión Social el Parque y Biblioteca España cumple cabalmente con su cometido, en cuanto permite desarrollar las posibilidades de encontrar, por parte de la población servida, las bases de identidad enraizadora con el sitio e integradora en lo social que le permita proyectarse en el tiempo.

Por otra parte, no son menores los valores del espacio interior con una propuesta de extrema sobriedad en los recursos y neutralidad en los acentos físicos.”

Aparte de la lamentable redacción del acta, como lo ha señalado el profesor Germán Téllez, ¿cuáles son los aspectos que el Jurado consideró? Muy cómodo para el jurado que parte de la memoria del proyecto pase a ser parte del acta y que la escueta descripción del programa reemplace su razonamiento. Por que ¿qué es eso de geografía operativa, edificio-paisaje, tridimencionalizar o cual estructura plegada? ¿Qué lo de “natural artificial”? Y desde luego la volumetría de la biblioteca no es simple, ni unitaria, ni virtual, ni sus espacios interiores son sobrios ni neutros. Todo lo contrario y, naturalmente, son artificiales. Por lo demás, queda la impresión de que el Jurado no constató en Medellín que el Parque Biblioteca España, como llaman a la biblioteca, cumpla cabalmente con su cometido, y por supuesto es demasiado pronto para asegurarlo como si nada. Y hablando de parques ¿cuál fue el que vieron?

Los arquitectos, en la medida en que intervenimos en ciudades que son de todos, y tan de antes como de ahora, tenemos que aprender a concentrarnos en lo razonable de las criticas que suscitan nuestros edificios, mas que en los supuestos motivos personales de los críticos. A argumentar mas que vilipendiar. Si no tenemos temor a que se construya todo lo que diseñamos, mucho menos lo deberíamos tener a que se lo discuta públicamente. Es indispensable para poder crear ese útil “trasfondo meditativo” del que habla Milan Kundera (François Ricard: La littérature contre elle-mème, 1990). Nos permitiría desarrollar una teoría que evite que nos volvamos arbitrarios o repetitivos (Hanno-Walter Kruft: Historia de la teoría de la arquitectura, 1990), y a entender y aclimatar el simple gusto propio tornándolo complejo, pertinente, colectivo y responsable. Ético, en una palabra, y no apenas estético.

Si bien hay muchas funciones nuevas y la arquitectura ahora cuenta con un gran avance técnico, sus formas no permiten casi nada totalmente nuevo; solo unos pocos sólidos platónicos, pero sí muchas derivaciones y combinaciones. Por eso los arquitectos prudentes no caen en la simple “imitación servil de un estilo” (DRAE), si no que simplemente roban, como dijo T. S. Eliot de los poetas maduros. Reinterpretan ideas, que suelen venir de muy atrás, y las desarrollan creativamente. Las leyes que vuelven efectivo lo que consideramos no convencional, basadas en la psicología elemental, son eternas, y de ahí que lo extraordinario se desprenda de lo ordinario (Robert Greene: Las 33 estrategias de la guerra, 2007). La arquitectura sigue siendo la concepción poética, técnica y económica de ambientes útiles y entrañables para la vida. Que se ven, oyen, tocan, huelen y sienten, en espacios interiores que son su esencia, y que emocionan al recorrerlos (Bruno Zevi: Architectura in nuce, 1964), pero que se modelan para definir espacios urbanos, discretos o monumentales según lo demande cada caso. Y hoy deben ser sostenibles, funcionales, confortables, seguros y reciclables.

Lamentablemente nuestra profesión, pese a que cada vez interviene mas en nuestras ciudades, ha perdido el estatus social que tuvo, es cada vez menos respetada y se la confunde frívolamente con el “exteriorismo”, la decoración o el diseño. En buena parte porque la divulgación y crítica de nuestra arquitectura no ha sido sistemática ni continua. Hoy nuestros debates gremiales carecen de sindéresis; esa discreción y capacidad natural para juzgar rectamente. La crítica, basada en su competencia y pertinencia, induciría reflexiones que contribuyan a relacionar y enriquecer los datos existentes para crear una perspectiva histórica que nos facilitaría transformar nuestras ciudades. Pues de eso es que se trata, nada menos, y de ahí la importancia de un debate que debería ser permanente y público. Y por eso nuestras bienales tendrían que ser muestras razonadas de la arquitectura que se está haciendo en el país o Ibero América, mas que meros concursos de elogios o exclusiones mutuos.

Benjamín Barney Caldas, arquitecto e historiador*

Texto basado en los publicados en la columna ¿Ciudad? de El País de Cali, del 8 y15 de Mayo y 5 de Junio, de 2008.

* publicado originalmente en Vitriuvus

(enviado al Observatorio por Juan Luis Rodríguez)

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El análisis de Rodríguez dice que «A la biblioteca España no se la ha criticado porque sus materiales no sean adobe o ladrillo, o porque no tenga apariencia popular, y tampoco porque sea un ícono» sino por ser «una arquitectura mediática, pobremente concebida, e inapropiada funcional, ambiental y constructivamente». Que lo que se ha denunciado es «una pobreza proyectual según la cual se está pasando de una foto, a una maqueta, a un edificio; y de esto a un jurado al cual le parece que el resultado es impresionante en términos visuales y maravillosos en términos políticos» y que estas críticas no han sido refutadas. El análisis da además una pista para quienes quisieran refutar la denuncia de copia, que consistiría en argumentar a partir de las diferencias, en oposición a quienes lo hemos hecho a partir de las similitudes. Estoy de acuerdo con que la argumentación basada en la similitud es «superficial» y con que la argumentación basada en la diferencia sería «profunda». Si alguien la hace, no dudo que el edificio resultará muy diferente al proyecto de Chipperfield. Sin embargo, ello no anularía el hecho de que la idea proyectual, la idea que convierte al edificio en un ícono, y que tanto impactó al jurado, no es una idea original ni producto de un proceso y una búsqueda experimental, sino una emulación. Una copia.

Enrique Uribe Botero

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Tuesday, 30 de September de 2008

Decálogo del éxito arquitectónico en Colombia

¿Quiere ganar premios nacionales e internacionales? ¿Quiere conseguir contratos de edificios importantes? ¿Quiere ganarse los concursos de arquitectura? ¿Quiere que publiquen su obra? En fin… ¿quiere ser un ganador y no un perdedor?

Joven arquitecto, estudiante de arquitectura: no se preocupe. Estamos en un buen momento. La burocracia eficientista en el poder le garantizará el éxito si usted sigue juiciosamente los diez mandamientos siguientes:

1. No lea. Eso es demorado y dispendioso. Vea, vea mucho. Recuerde: los premios y los concursos entran por los ojos y una imagen vale más que mil palabras.

2. Suscríbase a revistas extranjeras costosas (ojala Croquis) y copie los proyectos que hayan sido más copiados. Así estará “in”.

3. Apréndase de memoria los nombres del jet-set arquitectónico internacional para saber qué buscar en la sección de imágenes de Google.

4. No se preocupe por lo que hay adentro de los edificios. Lo importante es que el envoltorio sea fotogénico.

5. Intrigue ante jefes maleables para que nombren a sus amigos en los jurados para que lo premien a usted. Luego usted será jurado y premiará a sus amigos.

6. Haga edificios que se deterioren antes de 10 años. Así tendrán que hacer uno nuevo y lo contratarán de nuevo, pues para entonces usted sabrá cual es la moda.

7. No use ladrillo, madera ni piedra. Use vidrios y metales blandos. Tienen muy mala vejez.

8. Desprecie todo lo que suene a arquitectura específica de un lugar o que tenga algún asomo de identidad colombiana. Eso es anacrónico. Pose siempre de ciudadano del mundo.

9. Aunque construya todos los edificios importantes y monopolice los premios de las bienales, preséntese como una víctima perseguida. Eso siempre da resultados.

10. Pague para que lo publiquen en revistas de gran tiraje. Si esa estrategia le sale muy costosa, monte su propia página web, o al menos un blog.

 

Silvia Arango

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Respuesta a Silvia Arango

Estimada Silvia,

Definitivamente esperaba más de usted en este debate, pero veo que ha optado por atrincherarse y “disparar” a diestra y siniestra contra lo que parece ser un tipo de arquitectura que usted desaprueba. Y no es que no se pueda desaprobar, pero creo que el decálogo se parece más a la pataleta de un adolescente que no puede obtener lo que quiere, que al trabajo de un crítico que es reconocido internacionalmente por su seriedad.

Respetuosamente me permito hacer algunas observaciones a su “decálogo”.

1. ¿Por qué en lugar de oponer lectura y mirada no dice que también la mirada debe ser objeto de una cuidadosa educación?
2. ¿Por qué en lugar de proscribir las “revistas extranjeras” como si se tratara de una obra del mismísimo demonio, no dice que es necesario aprender a leerlas críticamente para no ser un consumidor inocente?

3. ¿Desde cuándo las redes profesionales y disciplinares son “Jet-Set arquitectónico”?. Vistos desde fuera, también los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana podrían tildarse de Jet-Set arquitectónico. Por otra parte, la moda es un fenómeno cultural, tal vez uno de los más característicos de la modernidad. ¿Por qué en lugar de estudiarlo y comprenderlo como intentó hacer Simmel (tomé esos cursos con usted) se opta por el camino de la descalificación fácil?

4. ¿Por qué en lugar de señalar que el “adentro” es tan importante como el “afuera”, se opta por la actitud moralista de despreciar toda forma exterior?

5. Sin comentarios. Hipótesis demasiado aventurada.

6. ¿Por qué no enseñar a proyectar la desintegración y el fin mismo de los edificios? ¿Por qué no enseñar a que mientras dure, un edificio debe ser impecable, pero que no debe cargar con el peso de tener que durar para la eternidad? Hay estudios bastante serios en esta dirección. El 99,9% de los edificios que se están construyendo en la actualidad no durarán más de 50 años. No pueden hacerlo. La dinámica de transformación de la sociedad contemporánea atenta contra ello. ¿Dónde está el error de pensar un edificio para 20, 30 o 50 años de uso? Por qué no enseñar a preguntarse por las consecuencias que esta condición tiene sobre el proyecto de arquitectura? ¿Por qué una investigación proyectual no puede centrarse en pensar la obsolescencia de la obra?

7. ¿Por qué no enseñar las formas de envejecimiento de los materiales, o como dicen los que saben del tema en inglés el “weathering”, en lugar de proscribirlos?. Ningún material es de por sí “bueno” o “malo”. Hay que reconocer que en manos de un buen arquitecto, hasta el material más despreciable es ennoblecido y viceversa. ¿Por qué no enseñar que el problema no está en los materiales sino en lo que se es capaz de hacer con ellos?

8. La experiencia de la deslocalización es una experiencia real vivida cada día por más y más personas. Algunos dicen que es ésta justamente una de las experiencias existenciales de la modernidad. ¿No puede haber cabida para este tipo de experiencia en la arquitectura? ¿No puede haber una búsqueda arquitectónica en la que ser colombiano, jamaiquino, brasilero, francés o chino dé lo mismo?

9. Sin comentarios. Hipótesis demasiado aventurada.

10. Personalmente he servido de puente para que alguna de la arquitectura que usted desaprueba sea publicada en revistas de arquitectura de América Latina y Europa. Yo no he pagado por ello y tampoco mis colegas cuyas obras han sido publicadas. ¿Por qué resulta tan difícil aceptar que por fuera de Colombia existe un interés legítimo en publicar lo que se considera un fenómeno nuevo y emergente que ha venido a refrescar la cultura arquitectónica local luego de décadas de aplicada militancia regionalista?
Estimada Silvia. Estoy convencido que usted sabe que este no puede ser el camino de una crítica constructiva. No es que no podamos aguantar un poco de ironía o que no necesitemos algo de distensión pero este decálogo me parece que raya en la ofensivo y por ello expreso mi desacuerdo, no sólo con su contenido sino con la forma de hacerlo.

Apelo a su reconocida estatura intelectual para invitarla a que desde ahora, en lugar de la descalificación fácil, contribuyamos a construir un verdadero espacio de debate en el que los argumentos estén por encima de los gustos personales.

 

Hugo Mondragón López

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¿nuevo, viejo o recurrente?

Me pregunto si este decálogo fue promovido en algún curso universitario, por allá en los años 50 o 60, en alguna de nuestras facultades.

Digo lo anterior porque, de mis conversaciones con algunos arquitectos en uso de buen retiro, y de la lectura atenta de algunos textos de historia (entre los que obviamente se encuentra la Historia de la Arquitectura en Colombia), he concluido que:

1. Los que ahora consideramos como Maestros del racionalismo moderno en el país no leían, y en cambio veían muchas fotos de edificios modernos publicadas en libros y revistas de todo el mundo.
2. Entre estas revistas, L’Architecture d’aujourd’hui, Architectural Record e incluso Japan Architect – no precisamente las más baratas – servían como fuente inagotable de “inspiración”.
3. Aunque no existía Google, los nombres de Breuer y Neutra, Mies y le Corbusier, Tange, Niemeyer y Yamasaki, entre otros, circulaban amplia y libremente. De hecho, cada vez que he tenido la oportunidad de oír a uno de estos Maestros, antes que a una reflexión sobre su oficio, me he enfrentado a una lista de influencias, específicamente ligadas a los nombres de arquitectos famosos.
4. y 7. Suficiente se ha escrito ya sobre el proceso de transformación epidérmica de nuestra primera arquitectura moderna. Tanto desde el punto de vista funcional, como desde el material, se han registrado curiosidades como la construcción de cubiertas planas “mentirosas”, con tejas de barro sobre estructuras de madera, ocultas tras áticos que simulan techos planos, u obras dependientes de muros de carga que intentan presentarse como plantas libres por medio de un cuiroso decorado de fachada que intenta reproducir las “fenêtres en longueur”, en una clara muestra de la incoherencia entre interior y exterior propia de la simple reproducción lingüística.
5. Una breve revisión (y un cruce) de los nombres de profesores universitarios relevantes, miembros de la SCA, autores publicados en Proa, jurados de los concursos y diseñadores de los proyectos importantes de las dos décadas mencionadas no debe arrojar un listado demasiado amplio.
6. Por otra parte, si en lugar de considerar ignorantes o criminales a quienes han demolido o reformado radicalmente las obras de este racionalismo moderno de los años 50 y 60, pensamos por un momento que estos proyectos han resultado funcionalmente ineficientes tras el paso de dos o tres décadas, debemos aceptar que los edificios se deterioran de diferentes maneras, y que es tan efímera una obra materialmente frágil como una funcionalmente obsoleta.
8. Por más que Carlos Martínez promoviera un vínculo entre la arquitectura colonial y el racionalismo moderno, es evidente que el programa de la mayoría de los arquitectos modernos (el nombre de la revista Proa es suficientemente elocuente en este sentido) intentaba “romper” y “avanzar”, dejando atrás todo aquello que se consideraba obsoleto y malsano en un país evidentemente atrasado.
9. No tengo noticia de que estos arquitectos a los que me refiero se consideraran “víctimas perseguidas”, pero en algún texto de Francisco Ramírez Potes sobre la arquiectura moderna en Cali se alude a casos en los que estos profesionales manifestaron que, así como en el concurso de la Liga de las Naciones en Ginebra, los mejores proyectos (los suyos, obviamente) habían sido despreciados en competencia debido a la mentalidad reaccionaria de una sociedad que privilegiaba los monstruosos remanentes de lo clásico y lo académico en el país. Creían esto aún siendo los constructores de la mayor parte de los edificios diseñados por arquitectos en nuestras ciudades durante más de veinte años.
10. Evidentemente, no existía la red, ni los blogs. Aún así, estoy seguro de que la publicación de proyectos colombianos en alguna revista internacional (como las que menciono atrás) fue vista, en su momento, como un motivo de orgullo para el arquitecto publicado y para el gremio. Ahora bien, no me atrevería a afirmar que pagaran por aparecer en una revista, como tampoco me atrevería a asegurar que esa sea una práctica corriente hoy día.

En resumen, todo lo anterior me lleva a dudar de la actualidad de este decálogo que, repito, resulta aplicable al trabajo, tanto de los prohombres de la arquitectura moderna de los años 50 y 60 (considerados por algunos como héroes y Maestros de la arquitectura colombiana), como de algunos profesionales exitosos de hogaño .

Por otra parte, si la intención de estos diez sarcásticos enunciados es criticar el trabajo de algunos arquitectos contemporáneos (algo que me parece perfectamente válido e incluso necesario), concluyo que, al menos en este caso, se peca por incoherencia, toda vez que aquello que se demerita en la obra de algunos ha sido alabado en la obra de otros.

Así (y en este sentido estoy de acuerdo con Hugo Mondragón) me parece que debe apelarse a una estrategia diferente (quizás más sesuda y culta, y menos acalorada y efectista) para enfrentar aquello que, creerán algunos, es necesario enfrentar.

Yo, entretanto, me soprendo viendo cómo los espíritus de tiempo y lugar (tal como los menciona el siempre admirado Enrique Browne), continúan su tránsito pendular por las páginas (ahora electrónicas) de la breve historia de nuestra arquitectura.

De preocuparnos por estar a tono con un mundo que consideramos avanzado y deseable pasamos a buscar nuestra identidad, y viceversa.

Jorge Alberto Mejía

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Out There: Architecture Beyond Building

Umberto Bonomo Tria

Estimados Colegas,

Estoy muy complacido por el tono de la discusión que se está dando en ESFERA PUBLICA. Considero particularmente relevante poder hablar de ARQUITECTURA, de historia-teoría y crítica de la arquitectura, a partir de una obra de ARQUITECTURA contemporánea como lo es la Biblioteca España en Colombia.

Supongamos que esta obra dio pie para que estemos hablando del rol de la arquitectura en la cultura y en la sociedad contemporánea.

Supongamos que una obra emblemática de la arquitectura contemporánea colombiana, logre mostrar  al “Jet-Set” que también en países en vía de desarrollo se construyen grandes IDEAS y probablemente con solo un cuarto del presupuesto de países como Suiza, Inglaterra u Holanda.

Supongamos que una piel por el mismo hecho de ser una piel barata, construida con tecnología low-tech, acepte filtraciones. Acepte que se pueda rápidamente deteriorar, y que eventualmente, cuando sea necesario, pueda ser substituida. Que pueda ser modificada su forma externa, su aspecto y su revestimiento, entregando a la ciudad un nuevo icono nuevamente acorde a sus tiempos.  ¡No es eso lo que nos interesa¡ No es la piel, no es la imagen. Es la estructura, son los libros que están adentro, lo que nos interesa y sobre todo que la gente los pueda leer.

Supongamos que para hacer sentir la propia voz en el contexto arquitectónico internacional, un arquitecto tenga que construir rocas en vez de bibliotecas. ¿Cuál es el problema si lo logra? Absolutamente todo es perfectible. Pero considero que una obra de arquitectura ejemplar como ésta va analizada con categorías especiales que consideren además de la “Firmitas, Utilitas y Venustas vitruvianas”, el idealismo, la fuerza expresiva y por último, pero no menos importante, el marketing. Con eso no quiero decir que es suficiente hacer un obra que se “venda bien”, pero considero que una obra que se vende bien es capaz de transformar un barrio o inclusive una ciudad (tal es el caso de Bilbao con Guggenheim de F. O. Ghery, un edificio que personalmente no aprecio, pero es un hecho demostrado que ahora gracias a ese y otros edificios la ciudad vive también de turismo cultural y arquitectónico).

Supongamos que la Biblioteca España de Medellin en Colombia refleja precisamente los conceptos y la ideas que están detrás de la ultima Biennale di Architettura di Venezia cuyo título es “Out There: Architecture Beyond Building”. ¿Qué es lo que va más allá del edificio?

Personalmente considero que son las ideas (mejor si son construidas como en este caso), los ideales, los conceptos, las discusiones, las polémicas, los debates (como en este caso) y mucho más.

Concluyo citando a Hugo Mondragón diciendo que esta OBRA “ha contribuido a construir un verdadero espacio de debate en el que los argumentos están por encima de los gustos” y estoy particularmente agradecido a Giancarlo Mazzanti en demostrarme que hay obras que “van más allá del edifico”.

Umberto Bonomo Tria

Arquitecto IUAV  (Istitituto Universitario di Architettura di Venezia)

Candidato a Doctor

Doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos.

Pontificia Universidad Católica de Chile.

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La crítica como cosa pública

Jorge Ramírez Nieto

 

ESTIMADOS COLEGAS Y AMIGOS:

Dos artículos publicados recientemente muestran interesantes facetas de la manera como se enfrenta hoy en día la discusión sobre temas arquitectónicos. El primero, es un artículo de Germán Téllez Castañeda, publicado hace unas semanas en El Espectador. En él se cuestionan condiciones de calidad de proyectos y construcciones internacionales contemporáneas.

El segundo artículo fue publicado en la sección de arquitectura de la Revista Semana (edición 1377), bajo el enigmático título “Vida después de Salmona”. Los dos artículos se diferencian radicalmente en sus enfoques, y en esta carta no entraremos a analizar sus diferencias. Sin embargo hay coincidencias en la manera de aproximarse al tema: Germán Téllez introduce su escrito describiendo la sorpresa de encontrar información sobre el debate arquitectónico actual en una revista de línea aérea, donde el interés publicitario y comercial es el criterio principal de selección editorial. En la revista Semana el artículo se encuentra inmerso en una densa maraña de escritos especulativos sobre las condiciones sociales, judiciales y políticas de la actualidad nacional. Los dos artículos – de muy diferente calidad en su escritura – dan cuenta de la curiosa eventualidad de los medios en los cuales se presenta la información sobre la actualidad de nuestra profesión. En principio, no podemos afirmar que estos sean escritos con visión crítica sobre la arquitectura – pero sí – que la arquitectura está entrando en una especie de “umbral de la moda” que le otorga la posibilidad de ser inserta en publicaciones no especializadas, de tiraje masivo. Esta condición nos genera preguntas:

¿Por qué el inusitado interés de los medios de hablar hoy de arquitectura?
¿Por qué la crítica arquitectónica está tomando rango de cosa pública?

La respuesta a estas preguntas demanda mas espacio del que me propongo utilizar aquí. Sin embargo creo pertinente enfatizar que en el ambiente – de legos y profanos – se están alzando voces que demandan aclarar el panorama de la crítica de la arquitectura actual colombiana.

La actividad del ejercicio de la crítica actual en arquitectura –en nuestro país y en el continente – es importante desde donde se le mire. Por eso leer la discusión que circula en el Internet, en el lugar de “Esfera pública” ha producido un ambiente apropiado para reflexionar y opinar en torno al tema.

Es necesario reconocer que hoy hay un huracán conceptual engendrado en las tibias corrientes de la indiferencia de un gremio que cada día tiene menos cohesión y representatividad. Esas falencias han sido transmutadas – por arte de ilusionistas – en el argumento contemporáneo de la necesidad urgente de posicionamiento y figuración.

Esta condición se evidencia en la asimilación de la arquitectura a la producción de objetos de marca; a la espectacularidad irresponsable que deviene de enfatizar vacuos contrastes. El problema del afán de posicionamiento y figuración –en nuestro medio – se concentra en la reproducción fragmentaria y selectiva de imágenes, reconocibles en el ámbito de las apariencias publicitarias, de las veleidosas novedades arquitectónicas. Es en el camino de la reproducción plástica de ecos visuales globales, donde ha quedado atrapada la arquitectura en incómodas contorsiones plásticas. El resultado son objetos extraños: no arte, no arquitectura, mucho menos ciudad. ¡Eso sí! algunos de ellos registran bien en las fotografías.

Hoy no hay duda de la contundencia de la imagen. Y es que la imagen, como atributo de todo lo construido, es una cualidad general, comparable, imitable, que no transmite información específica sobre la calidad de la obra de arquitectura; tampoco da cuenta – en la realidad – de la dimensión social y el compromiso cultural profundo que caracteriza a la arquitectura. La imagen – si nos proponemos citar sus cualidades – es posible de editar, contrastar, recortar, y finalmente, difundir a través de amplias redes publicitarias.

Por esa razón, la crítica responsable no puede tener como fundamento las colecciones aleatorias de imágenes de obras arquitectónicas. La arquitectura es un hecho construido, que permite experiencias, donde – más allá de su apariencia física – expresa la inquebrantable vitalidad de la cultura.

De manera similar, no se puede asumir que un juicio ambiguo y confuso –que otorga un premio casual – pueda servir de argumento para considerar que una obra de dudosa calidad pueda transformarse – por avatares mediáticos – en paradigma de la labor profesional de la arquitectura colombiana.

¿Acaso es mérito de la arquitectura construir deficientes edificios convencionales recubiertos de endeble utilería?

Aprovechemos que la tormenta de opiniones y señalamientos está alejando – por el momento – la nube de apatía tradicional del gremio. Propongámonos concurrir en una discusión formativa sobre los juicios de valor aplicables a la formulación de la crítica seria. Es esta una invitación a abandonar el incomodo recinto de la polémica acalorada, para pasar a formular criterios, establecer mecanismos de análisis, para finalmente aproximarnos a establecer (hay ya notables antecedentes) canales posibles de crítica arquitectónica responsable.

Cordialmente,

Jorge Ramírez Nieto

http://esferapublica.org/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=831&Itemid=1


Análisis del Debate España

Lo dicho y no dicho con motivo del premio BIAU a la biblioteca España

Octubre 1–2010

El Debate España fue una discusión entre arquitectos que a través de correos electrónicos, con motivo del premio de la Bienal Iberoamericana de Arquitectura al Parque biblioteca España en Medellín, obra de Giancarlo Mazzanti.

En su momento, propuse un “análisis del debate” en cuatro partes. 1, identificar la diversidad de temas surgidos. 2, recalcar la pobreza del concepto de identidad mediante el cual tres de los participantes defienden la obra ganadora. 3, señalar las objeciones generales a la obra ganadora. 4, abordar el tema del plagio en arquitectura.

Después de Esfera pública se publicó en Torre de Babel.

Agosto 31-2008

El debate sobre el Parque Biblioteca España ha generado varios temas de interés y la intervención de varios participantes. Algunos de estos han sido:

– Copia como procedimiento proyectual, Reciclaje de arquitecturas de la vanguardia internacional. Guillermo Fischer, Enrique Uribe, Isaac Broid
– Fallo de jurado de la BIAU, Superficialidad y metalenguaje de los juicios. Benjamín Barney, Sergio Trujillo, Leonardo Rodríguez, Enrique Larrañaga, Willy Drews, Gonzalo Correal
– Crítica, Ausencia de crítica, Necesidad de la crítica, Competencia crítica, Definición de la crítica. Benjamín Barney, Enrique Larrañaga, Felipe Hernández
– Edificios como espectáculo formal, Proyectos exhibicionistas y faltos de originalidad, Arquitectura de marca, Primacía de la imagen. Willy Drews, Mauricio, Pinilla Guillermo Fischer
– Arquitectura propia, Arquitectura nacional, Ideología sobre lo propio. Identidad. Mauricio Pinilla, Hugo Mondragón, Felipe Hernández.
– Buena arquitectura, Arquitectura perdurable, Arquitectura ambiental. Willy Drews
– Arquitectura y ética. Ricardo Castro, Guillermo Fischer, Mauricio Pinilla
– La arquitectura de Salmona, Otras arquitecturas, Salud arquitectónica, Traición a la patria. Hugo Mondragón, Jorge Pérez, Camilo Restrepo
– Debatir con obras, Debatir con palabras, Sanidad del debate. Hugo Mondragón, Gonzalo Correal.
– Internacionalizar la arquitectura. Hacer arquitectura nacional. Arquitectura con identidad, Arquitectura colombiana, Arquitectura propia. Todos los participantes.
-Etc. La lista no es exhaustiva pero creo que da una idea de la variedad de intereses.

Aunque en medio de los comentarios se encuentra con frecuencia la afirmación de que el verdadero debate no es “tal” sino “tal otro”, debería ser evidente que no hay tal cosa como un verdadero y un falso debate, sino un conjunto de opciones críticas, todas de interés, y todas susceptibles de constituir un debate autónomo. Por ejemplo:
Sergio Trujillo y Benjamín Barney critican severamente al jurado de la BIAU por la pobreza de criterios y lo oscuro del lenguaje utilizado para explicar el fallo. Guillermo Fischer y Enrique Uribe critican un aspecto particular del proyecto, el hecho de que se presente como experimental y vanguardista cuando en realidad les parece la reelaboración de una idea-imagen del Centro Multimedia de la Universidad de Hong Kong, de David Chipperfield. Hugo Mondragón y Gonzalo Correal critican a quienes exigen que los arquitectos tengan necesariamente que escribir para defenderse, acudiendo a la idea de que los arquitectos se expresan mediante sus obras. Jorge Pérez y Mauricio Pinilla critican las orientaciones, o la falta de éstas, en relación con lo regional y lo ambiental.

Mi interés en este ir y venir de juicios y opiniones sobre el premio, los temas que suscita, y sobre el edificio (al que todos por lo general llaman “el proyecto”) ha sido generar opinión pública y promover la discusión sobre la arquitectura pública. Aunque este objetivo no se ha logrado, mi intención continúa siendo la de promover un intercambio argumentativo guiado por una concepción de opinión pública según la cual sólo serían válidas las argumentaciones con criterios de justificación racionales, y escritos, que permitan aceptar o refutar una opinión.
Aprovecho entonces mis desacuerdos con los argumentos de tres participantes extranjeros que han salido en defensa del edificio para expresar algunas opiniones sobre lo que se ha dicho en este desigual debate. Entre los pocos que han defendido el edificio, y el fallo del jurado, Miquel Adriá, Antonio Toca y Rafael Patalano, lo han hecho a partir de un concepto de identidad que consideran inadecuado. Yo también lo considero inadecuado, pero por motivos completamente diferentes a los que estos críticos alegan como causa para la mala comprensión del edificio y del fallo.
Toca, uno de los miembros del jurado, en respuesta a las críticas de Barney y Trujillo, comienza por aclarar que todos los integrantes son calificados y honorables; a continuación ratifica punto por punto lo mismo que estaba dicho en el acta: que el edificio es un gran ícono, que cumple además un gran papel político-social, y que cumple a cabalidad con los requerimientos de la convocatoria. Aunque en términos de los criterios de juicio y los motivos para elegir esta obra en particular no agrega nada a lo ya dicho en el fallo, Toca reconoce haber dudado sobre el merecimiento del premio, hasta que comprendió la importancia política del proyecto: “creo que esa obra y las demás del programa social que realizó el gobierno de Medellín es asombrosa y me dio mucho gusto que se premiara esa obra. Yo estuve renuente a hacerlo; sin embargo, al darme cuenta de que era una de esa obras, apoyé el premio.” Reconoce, además, que le sorprende lo que considera una preocupación innecesaria en Colombia por un tema tan irrelevante como que el edificio se parece a otro: “personalmente me importa poco este parecido. Creo que si lo hay, sería lamentable… Creo que las analogías, o las copias en arquitectura es un asunto vergonzoso que no se menciona, como los pecados de la familia.”
Por esta respuesta deduzco que Toca no conoce, o no conocía en el momento del fallo, el edificio premiado; como tampoco tiene presente en el momento de escribir el proyecto para Hong Kong sobre el cual se está haciendo referencia a la utilización no reconocida de una “fuente”. Su respuesta da a entender que le parecieron suficientes los argumentos a favor de la potencia icónica del edificio y su importancia política; con lo cual también resulta evidente la poca importancia dada a un aspecto como la experiencia o vivencia del edificio; privilegiando los aspectos simbólico y político con los que respaldó el fallo. La respuesta también evidencia que a Toca, y posiblemente a los otros miembros les fueron suficientes las fotos, planos y textos, tal como se juzga un proyecto académico o un concurso de proyectos; y no como se esperaría que fuera juzgado un edificio, es decir, como un hecho material, vivencial, ambiental y espacial; además de simbólico y político. A diferencia de “el proyecto” en el cual las ideas y las imágenes son todo lo que hay, “el edificio” es finalmente una cosa; y por muy buenas ideas que tenga detrás, no deja de ser una cosa sobre la cual las ideas se validan o anulan. No a la inversa.
La reducción de Toca a una necia preocupación “en Colombia” por si se parece o no a otro edificio es una banalización del problema planteado. Como es una banalización la caricatura que hace Miquel Adriá al referirse a una arquitectura panamericana reaccionaria del “adobe y el tabique aparente”. O la igualmente versión aplanada de Rafael Patalano, según la cual los detractores de la biblioteca España parecerían estar en defensa de una arquitectura brasilera, colombiana o latinoamericana para la cual solo valdría lo “pobre y tosco”. Lo que resulta pobre y tosco son este tipo de argumentos, sobre todo considerando que lo que dicen que se dijo, nadie lo dijo.
A la biblioteca España no se le ha criticado que sus materiales no sean adobe o ladrillo, o que no tenga apariencia popular, y tampoco porque sea un ícono. Según mi lectura de la correspondencia electrónica, lo que se ha destacado es que el premio de la BIAU se le dio a una arquitectura mediática, inapropiada funcional, ambiental y constructivamente. Se la ha criticado desde varios ángulos y motivos que en mi interpretación son los siguientes:
• Apropiarse sin reconocerlo de unas ideas estéticas documentadas en la revista El Croquis, alegando en cambio una actitud experimental y novedosa. Dicho de otro modo, presentarse como idea original sin el debido reconocimiento de la fuente, cuando en realidad es una idea-imagen prestada.
• Reclamar como principal valor arquitectónico su potencia como ícono, desdeñando como anticuados y reaccionarios otros valores arquitectónicos como la factura, el funcionamiento y el mantenimiento.
• Apropiarse de unas ideas políticas que son producto del encargo. Ideas que seguramente habrían sido aplicables a cualquier otro edificio hecho bajo las mismas reglas y en el mismo lugar.
• Atribuir sus debilidades constructivas a la ineptitud del constructor y no a un diseño deficiente.
• Presentar problemas de escala y dimensión, precisamente por privilegiar en exceso el valor icónico, y por apoyarse en el valor social, como pretexto para eludir el esfuerzo que requiere sacar adelante un edificio “experimental”.
• Menospreciar problemas de funcionamiento como biblioteca, en términos convencionales como el control del ruido y la iluminación natural.
• Menospreciar aspectos contemporáneos, igualmente experimentales y cada vez más apremiantes como la sostenibilidad bioclimática y ecológica.

Lo que se ha pedido por medio de estas críticas no es ningún nacionalismo, latinoamericanismo, regionalismo, panamericanismo o localismo culturalista, sino una arquitectura consecuente con la responsabilidad económica, técnica y ambiental que merece cualquier edificio, en especial una obra pública. Lo que se ha denunciado, desde el debate promovido desde el portal Esfera Pública, es una pobreza proyectual según la cual se está pasando de una foto, a una maqueta, a un edificio; y de esto a un jurado al cual le parece que el resultado es impresionante en términos visuales y maravilloso en términos políticos.
La síntesis de esta denuncia ideológica creo que se condensa en la estigmatización de Adriá, según la cual los opositores de la biblioteca están tratando de promover una arquitectura “sumamente reaccionaria, en línea con los postulados panamericanistas del adobe y el tabique aparente”. Esta suposición asume que a la biblioteca España se la critica por no estar mimetizada con la estética del desarrollo progresivo y no se le reconoce su carácter innovador. Como comprensión de las críticas anteriormente listadas, tal simplificación constituye una caricatura que evidencia poco o ningún conocimiento del medio, y poca o ninguna consideración por los temas planteados.
Por ejemplo, el argumento sobre la copia se ha fundamentado en una identificación de similitudes, sobre las cuales se podría argumentar que son “superficiales” y se podría refutar mediante la identificación de diferencias “profundas”. Pero esto no se ha hecho. En cambio, las argumentaciones recibidas caen en tautologías como que el edificio es bueno porque el proyecto es bueno o que un jurado honorable produce juicios honorables. O argumentaciones circulares como que la nueva arquitectura “es así”; lo demás pertenece a las ideas de un mundo viejo y reaccionario. O bien, que si el edificio tiene problemas constructivos se debe a que el constructor no respetó los planos. O que los posibles problemas funcionales son algo secundario, o por lo menos relativo, dado que los usuarios están orgullosos del edificio.
En todo caso, el problema denunciado como copia, no condena la adopción de una idea formal como parte legítima de un procedimiento proyectual; condena el hacer pasar la idea por original. Si al procedimiento no se le llamara copia sino adaptación, recreación o interpretación, la crítica no se modifica puesto que el problema consiste en que este edificio particular no constituye una producción experimental de forma mediante un procedimiento analógico que alude posiblemente a las montañas, sino la adopción de una idea-forma que ya pasó por un procedimiento de ideación artística similar y anterior.
Adaptar o recrear no se está invalidando como procedimiento; sólo el hacer pasar algo adaptado por una invención. Esto se podría refutar argumentativamente con la misma facilidad con que se ha denunciado, pero hasta el momento nadie lo ha hecho. Con lo cual, al eludir una respuesta o desdeñar el tema como algo de lo que no vale la pena hablar, se ha hecho evidente, por lo menos hasta el momento, que la idea-imagen de la forma sí pertenece a Chipperfield. Con lo desviadas que puedan ser estas críticas y mi interpretación de las mismas, no ha habido intentos por refutarlas directamente sino por medio de la denuncia de una supuesta ideología nacionalista que apenas si ha tenido una mínima importancia dentro de lo dicho.
Respecto a la producción de formas “nuevas”, habría por lo menos dos actitudes proyectuales opuestas. Una, la de aquellos para quienes la búsqueda de la nueva forma se asocia al tema de la “experimentación formal”. La otra, la de los que buscan la “evolución” y el “perfeccionamiento” de un conjunto de temas recurrentes, en los cuales la novedad constituye un episodio que surge del cruce de factores entre la técnica, el encargo y la interpretación del lugar, en conjunción con las búsquedas personales del proyectista. Estas búsquedas, a propósito, pueden tener un trasfondo tan nacionalista o localista, como internacionalista o vanguardista. En cualquier caso, son la consistencia y el resultado final lo que las avala, no las intenciones. Y lo que las constituiría como arquitecturas “propias” sería la coherencia interna entre las obras producidas y la ideología o teoría que las impulsa.
Sobre el aspecto de exigir una arquitectura nacional, regional, internacional o global, la lectura de la correspondencia deja la impresión de una imprecisión generalizada. Pues si bien hay individuos interesados en recalar sobre lo local, también los hay a los que esto les parece irrelevante. De cualquier modo, una cosa es que los opositores reclamen una arquitectura con identidad nacional o regional y otra con identidad propia. Al hablar de una arquitectura “propia” se quieren decir muchas cosas, incluidas las versiones regionalistas pero mi deducción de la lectura del debate me lleva a creer que se trata de “propia” en el sentido de una investigación personal por parte de un autor o una firma. Si esta búsqueda se acompaña de intenciones moderadas o ambiciosas, locales o universales, es cuestión de cada proyectista.
La crítica principal que recae sobre la biblioteca España diría que ésta adolece de algo similar a la carencia de una búsqueda que no pasa de ser un experimento formal sin la consecuencia técnica y espacial equivalente. Es decir, un experimento formal carente de profundidad y consistencia arquitectónica. En mi opinión, si éste o cualquier otro concurso quiere premiar éste o cualquier otro tipo de trabajos, que lo haga, siempre y cuando los criterios sean públicos y se den a conocer apropiadamente. Con lo cual me refiero a que las instituciones que convocan especifiquen con anterioridad bajo qué criterios van a premiar (arquitectura y gestión política, por ejemplo) para que los jurados se ciñan en sus explicaciones a los criterios de la convocatoria. De lo contrario, los jurados acaban convertidos, además de jueces, en legisladores.
Lo anterior plantea a mi modo de ver dos problemas mediante los cuales propongo nuevamente que el debate trascienda el premio y el fallo BIAU, superando además la mera opinión personal sin desarrollo argumental.
1. Juzgar un edificio sin conocerlo
Dado el tamaño de una muestra cualquiera, puede ser física y económicamente imposible que un jurado idóneo la visite personalmente. La tentación de obligar a visitar los edificios se topará siempre con un impedimento económico, de manera que insistir que un edificio se juzgue incluyendo la experiencia de la obra resultaría impráctico.
2. Penalizar la copia
Dado que para convertir en delito una posible copia, tendría que haber una legislación que la reglamente, una policía que la vigile y un mecanismo de castigo para su incumplimiento, habría que considerar si vale la pena insistir en que la omisión de referencias constituye un delito, como ocurre en literatura; o si basta incorporar a la cultura arquitectónica, desde la universidad y a través de la noción de investigación, la costumbre de diferenciar, como en cualquier trabajo académico, en qué consiste el aporte de un trabajo y cuáles son sus fuentes.
Si preguntáramos hasta dónde vale la pena recorrer estos caminos, para el primer caso, bastaría con la información tradicional contenida en planos, fotos y textos; a la cual se podría sumar información proveniente de ayudas como videos e informes elaborados por revisores y encargados en suministrar al jurado un tipo de información diferente a la que presentan los propios autores. Para el segundo, no dudo que el camino a recorrer debería ser el de la discusión y la definición de convenciones culturales, académicas y profesionales; en ningún caso el camino policivo. En las universidades, por ejemplo, existen comités de copia que juzgan sobre trabajos y exámenes escritos pero en ningún caso sobre proyectos arquitectónicos. En principio, sólo bastaría la “censura” de la comunidad académica y profesional, pero si se le quiere dar importancia al tema de la originalidad y la investigación, para que las ideas arquitectónicas se sometieran a procesos similares a los de otras disciplinas, habría que reformular el objetivo, por lo general inexplícito, de formar artistas prematuros cuyo mayor interés es la originalidad.

Juan Luis Rodríguez

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