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Arquitectura y el espectáculo*

Marzo 7 – 2012

Juhani Pallasmaa

La arquitectura ha siempre convertido en ficción la realidad y la cultura por medio de la conversión de los asentamientos humanos en imágenes y metáforas idealizadas de orden y vida, en narrativas de ficción arquitectónica. Históricamente, la arquitectura también ha negociado entre la dimensión cósmica y la humana, eternidad y presente, dioses y mortales. Y tiene un papel central en la creación y proyección de la imagen idealizada de cualquier  cultura.

 

 

 

 

Este objetivo de idealización es clara en la arquitectura griega y en la polis, así como en las estructuras arquitectónicas romanas y la organización de la ciudad romana. Un especial ámbito de la arquitectura idealizada incluye las utopías y los proyectos arquitectónicos ficticios que no se pretendían construir, como los de Giovanni Battista (1720-1778 ), los famosos dibujos de Piranesi, las Carceri d’lnvenzione,  los proyectos de los utopistas franceses de la época de la Revolución Francesa y las visiones de arquitectura de cristal de los arquitectos del Expresionismo alemán. Sin embargo, hoy en día, las poderosas técnicas de imagen e imaginería instantánea de arquitectura a menudo parecen crear un mundo de ficciones de arquitectura autónoma, las cuales descuidan totalmente el terreno fundamental de la existencia y los objetivos del arte de la construcción. Se trata de un mundo de arquitectura alienada, sin gravedad, materialidad, sensibilidad  y compasión. Las primigenias visiones de arquitectura reflejaban una forma viable de cultura y forma de vida, mientras que las visiones generadas por ordenador de hoy en día, en general parecen ser meros ejercicios gráficos sin sentido de la vida real. Los entornos  tematizados y los simulacros de la arquitectura ficticia de hoy en día, tales como los centros comerciales y plazas urbanas, ejemplifican esta pérdida de la sinceridad cultural y la inocencia. ¿Estamos hoy siendo manipulados por las imágenes de nuestra propia creación?

Sí lo somos, y las estáticas imágenes de arquitectura de nuestra época de exhibicionismo y narcisismo personal ocultan los problemas fundamentales de nuestra forma de vida y sus valores: empañan la visión de un futuro ético y con sentido biológico.

Guy Debord en La sociedad del espectáculo (1) nos explicó como estamos rápidamente convirtiéndonos en la sociedad de la vigilancia y manipulación. El control secreto de la conducta y la vida individual por medio de imágenes y dispositivos técnicos se extiende ya más allá del modo visual; el mercadeo multi-sensorial manipula experiencias, sentimientos y deseos a través de sonidos, sensaciones táctiles, sabores y olores. De hecho, hoy estamos colonizados a través de todos nuestros sentidos. Nociones tales como «marketing multisensorial”, “branding de los sentidos”, «Persuasión sensorial “Tocando el subconsciente sensorial”, “canalización de la mente-espacio», y la «híper-sensualidad del espacio comercial actual” se utilizan para describir estas nuevas estrategias sensoriales de un mercadeo científicamente informado. Esta expansión de la colonización sensorial se ejemplifica con el reciente intento de los fabricantes de motocicletas Harley-Davidson de patentar el característico sonido grueso y masculino de su motor».

Una forma peculiar de “colonización” arquitectónica se lleva a cabo a través de la acrítica aplicación de tecnologías, tales como la eficiente mecánica del aire acondicionado, que hace posible el construir con el mismo estilo universal en todas partes, sin importancia del clima local.

La arquitectura de firma de hoy busca ese mismo tipo de efecto de circuito cerrado e identificación de producto, e incluso existen ejemplos de ‘franquicias’ de arquitectura, proyectos comercializados por las oficinas globalizadas arquitectos «de firma» que aspiran a expresar una marca reconocible. Los grandes imperios de la historia de las civilizaciones siempre han marcado su territorio en una determinada arquitectura, y la arquitectura siempre ha promovido el poder. Hoy en día, la globalizada arquitectura-imagen reclama agresivamente el territorio globalizado de la economía de mercado, última fase del capitalismo mundial.

El consumismo y su herramienta principal, la publicidad, tienen consecuencias ideológicas. «La publicidad convierte el consumo en un sustituto de la democracia. La elección de lo que uno come (o lleva o conduce) toma el lugar de opción política significativa. La publicidad ayuda a enmascarar  y  compensar todo lo que no es democrático en la sociedad. Y también enmascara lo que está sucediendo en el resto del mundo», como alegó  John Berger hace más de tres décadas. Su argumentación sugiere que estamos viviendo en un mundo de realidades múltiples y que estamos expuestos a la fuerza a realidades de simulación engañosa. En el mundo actual de la información instantánea global y del capital líquido, se hace  más evidente que nunca que el velo de disfraz en permanente expansión y el condicionamiento mental, con frecuencia enmascaran la realidad de las verdaderas intenciones.

Se ha convertido en tarea desesperanzada del periodismo crítico y diversos movimientos ciudadanos, el tratar de desenmascarar la realidad fabricada que nos vemos obligados a vivir.

Tomado de: The Embodied Image: Imagination and Imagery in Architecture (Architectural Design Primers), 2011

Traducción libre de Guillermo Fischer

 1 La sociètè du spectacle, Guy Debord,  Champ Libre, 1967

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