Expresar una idea, con o sin plastilina

Por: Willy Drews

En: opinión -

Enero 17 – 2011

Por petición de Guillermo Fischer, quien me dice que publicará una serie de comentarios previamente rechazados por él, compacto en un único texto los dos comentarios que hice sobre el texto Charlatanería. Reitero mi intención de propiciar una discusión sobre un tema tan importante como la escritura.

Willy Drews

DOS EN UNO

Reconozco que no entiendo una buena parte de los Aforismos de Felipe Mesa citados por Guillermo Fischer, pero lo atribuyo a mi formación arcaica y, como dice el ya citado Cantinflas, a mi “falta de ignorancia”.

Admiro la arquitectura de Felipe y respeto su pensamiento. Presumo perogrullescamente que si así escribe es porque así lo entiende y cree que lo entendemos. Una explicación en sus propias palabras, o de un lector desprevenido que lo haya entendido sería de gran utilidad para quienes, como yo, todavía necesitamos que nos expliquen muchas cosas con plastilina.

Si esto se logra, podríamos dejar de lado temporalmente el tema personal de los Aforismos y centrarnos en el tema general que considero real y académicamente trascendental: La manera adecuada de transmitir una idea.

Existen, creo, dos enfoques:

El primero es utilizar un lenguaje claro y preciso, buscando llegar al mayor número de lectores con diferentes niveles educativos y culturales, sin sacrificar el concepto. Intentarlo es de valientes y lograrlo es de sabios.

El segundo es hacer uso de cultos grafismos cuyo ordenamiento propone una aclaración holística conceptual, que descarta la simple génesis primigenia del producto intelectual del cerebro, para remplazarla por un metalenguaje encriptado donde la semántica de los signos utilizados supere la capacidad del intelecto medio.

A la gran minoría de las inquietas mentes de los pretendidos receptores del sofisticado mensaje, nos asalta la duda (por que a este nivel conceptual las dudas pueden alcanzar estados delictivos) de si la pretendida meta del pensante transmisor es profundizar en los recónditos fundamentos filosóficos del pensamiento planteado, o por contra se trata de succionar bucalmente el albo y nutritivo líquido de las glándulas mamarias del macho de un ave canora, reconocidamente de corto vuelo y definitivamente domestica. O sea, mamar gallo.

Sigo creyendo que este debate es importante en la medida en que se despersonalice y se utilicen los Aforismos de Mesa solamente como un pretexto para discutir el tema de fondo: ¿Cómo se debe escribir la arquitectura? ¿En qué términos? ¿Para quien se escribe? El lector, estudiante, profesional ó profano está entendiendo lo que estamos escribiendo?

No estoy de acuerdo con los términos utilizados por Fischer (charlatanería, culebrero) que pueden hacer pensar que se trata de un problema personal y desviar el interés de una discusión académica que por su importancia puede ser enriquecedora. Hay que evitar que se llegue a malinterpretar el planteamiento de un portal abierto que, lo ha dicho el mismo Fischer, no debe albergar ataques personales, insultos, opiniones anónimas, ni intereses particulares.

Invito, pues, a opinar sobre el tema propuesto: ¿Cómo transmitir una idea?

Willy Drews

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4 pensamientos en “Expresar una idea, con o sin plastilina

  1. Victoria Solís Pauwels

    Este es, al fin, un artículo imparcial que motiva la discusión sana y el crecimiento de todas las partes implicadas.

    No estoy en posición de contestar la pregunta con la firme convicción de la experiencia pues para mí a pesar de tenerlo claro en mi cabeza es difícil aún transmitir una idea de manera precisa y sin rodeos, y como dice Willy, sin sacrificar el concepto. No estoy de acuerdo en hacerlo en palabras cifradas y lenguaje encubierto como para hacer tangible el “confunde y reinarás” muy utilizado por algunos profesores y alumnos de nuestras Escuelas de Arquitectura.

    Esa es, a mi manera de ver, la razón por la que muchos de nosotros seguimos sin entender, incapaces de expresar, escondiendo nuestra poca elocuencia o, como Mesa, utilizando términos, aforismos, analogías y metáforas para explicar su pensamiento, tan recomendado por los mismos maestros.

  2. Juan Camilo Medina

    Sí como arquitectos reconocemos la capacidad de la palabra en el proyecto arquitectónico, inevitablemente entenderemos la importancia del tema aquí planteado: La manera como usamos el lenguaje para definir valores, para determinar el cómo actuamos en la practica y al final, cómo nos comunicamos verbal y visualmente.

    De cualquier manera esto no significa que la palabra en arquitectura defina el proyecto, así como tampoco que los arquitectos diseñen de acuerdo a lo que dicen, o escriben. Lo que si es muy fácil es la critica de los que no entendemos lenguajes tan elaborados como los de Mesa, al igual que aprobar sin cuestionar el discurso expuesto de manera compl[icada]eja.

    Lo que no se exime aquí es la responsabilidad que se adquiere al escribir –hablar-, la responsabilidad funcional de comunicar las ideas con consistencia; ideas que por lo general, en arquitectura, preceden algún ejercicio practico, argumentándolo o al menos intentando hacerlo. En cualquier caso, y con el ejemplo de lo que ocurre con la arquitectura contemporánea y su discurso, se podría decir que nuestro campo seguirá evolucionando precisamente en la manera cómo los arquitectos y los críticos de arquitectura usen el lenguaje para definirlo.

    … O en como el lenguaje nos use a nosotros.

  3. Maarten Goossens

    Lo que Willy pone sobre la mesa son dos preguntas interesantes: ¿Cómo se debe escribir la arquitectura? y ¿Cómo expresar una idea?

    En cuanto a la primera pregunta, creo que hay que distinguir entre escribir sobre arquitectura y escribir como parte del proceso de hacer arquitectura. Lo primero lo hacen los periodistas, los historiadores, etcetera, y lo último lo hacen los arquitectos (claro, en Colombia los arquitectos suelen hacer de periodistas e historiadores también, pero ese es otro tema).

    ¿Cómo escribir sobre arquitectura? Las posibilidades son tan diversas como la misma disciplina, y muchas son válidas. A mí no me molesta que se escriba un artículo sobre un edificio solamentente entendiendo su impacto a nivel urbano, e ignorando las novedosas soluciones técnicas que pueden estar presente en la misma obra. O concentrándose únicamente en asuntos de forma y composición, si eso es lo que se quiere resaltar. Pero el objetivo del escrito debe estar claro, declarado, y debe haber conciencia de que eso de la forma no es lo único que hay.

    ¿Cómo escribir en el proceso de hacer arquitectura? No lo sé, no soy arquitecto y no sé diseñar. Me parece importante el poder de las palabras en cuanto a conceptualización y autocrítica permanente, pero no puedo decir mucho más al respecto. Ariel Jacubuvich dice que hay publicaciones que no se dedican ya a publicar arquitectura terminada, sino que hacen parte del proceso, él las llama “arquitectura por otros medios”. Me parece una idea interesante, pero habría que preguntarse si se justifica su publicación si en realidad son unos cuadernos privados o documentos construidos por una red relativamente pequeña de personas. Y ¿qué tan importante es la legibilidad? Yo detesto los libros sin tabla de contenidos y de letra rosada sobre fondo negro, pero hay gente a la que le gusta, tal vez porque la idea no es leer el libro sino ojearlo para inspirarse, para estimular el pensamiento propio. Nadie puede decir que eso no es válido.

    En cuanto a la otra pregunta, ¿Cómo expresar una idea? A mí me gustan las ideas claras y frases cortas, pues personalmente no me emociona mucho esa tendencia de extender las oraciones hasta que sean párrafos, que es tan propia del castellano. Sin embargo, creo que la dificultad no está tanto en la redacción sino en la argumentación, o la falta de ella. Mi impresión es que en Colombia, y en otros países hispanos, se acostumbra a “reflexionar” (es decir, pensar cosas muy profundas, pero como una rueda suelta) más que argumentar para sostener una idea.

    ¿Qué opinan?

  4. Victoria Solís Pauwels

    De acuerdo Maarten, totalmente… El lenguaje debe ser claro y directo si se quiere llegar al objetivo eficientemente (ya sea describir un edificio, el proceso, su historia, etc.) pero tampoco debe ser simple y pase (como sucede a menudo) a ser un relato periodístico sin ningún valor.

    Recuerdo que muchos de los textos leídos en la Escuela estaban tan “adornados” que era imposible no pasar dos veces por el mismo renglón y eso es bastante aturdidor para un recién iniciado… Tengo como teoría que debe ser una costumbre posmoderna pasarse al extremo de la (i)racionalidad.

    Francamente prefiero a esos autores que a pesar de utilizar un lenguaje específico en su campo son directos, argumentan su posición y presentan sus ideas de manera sencilla y clara, o como diría algún personaje que no recuerdo: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”

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